El Ulster, entre la paz y la desconfianza
El armisticio entre católicos y protestantes no logró aún cicatrizar las heridas de décadas de violencia
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BELFAST.- La frontera entre Irlanda del Norte, parte del Reino Unido, y la República de Irlanda es hoy imperceptible para los que viajan en auto.
Las curvas que describe un mismo camino pueden llevar al viajante en zigzag de un territorio a otro en cuestión de minutos. El único indicio del cruce son los carteles con los nombres de las calles, no sólo en inglés sino también en gaélico del lado irlandés, o la ocasional cabina de teléfono roja, característicamente británica.
Hace diez años, el panorama era completamente distinto. Cuando Irlanda del Norte aún estaba sumergida en la violencia interna, la frontera estaba completamente militarizada y cruzarla implicaba el tedioso pasaje por puestos de control, donde todas las pertenencias eran registradas por soldados británicos.
Todo eso comenzó a cambiar el 10 de abril de 1998, cuando protestantes y católicos firmaron el Acuerdo de Viernes Santo, o de Belfast, y sentaron las bases para compartir el poder y coexistir en paz, en un intento de dejar atrás décadas de segregación, discriminación y violencia entre protestantes y católicos, que dejaron unos 3000 muertos.
Sin embargo, diez años después, la sociedad de Irlanda del Norte sigue fracturada, y católicos y protestantes llevan vidas separadas. El 95% del sistema escolar está segregado y prácticamente lo mismo ocurre con la vivienda, por lo que se vive en barrios, o pueblos, de uno u otro bando.
"No hay confianza. Yo no iría a otras áreas [de Belfast] después de cierta hora", dijo Danny Ferris, un carpintero de 57 años que vive en West Belfast, un bastión católico. "Si uno camina por ciertas áreas y ellos se dan cuenta de que uno no es de ahí, uno está en problemas. Es una mentalidad de gueto", agregó Ferris.
Los norirlandeses crecen sin tener contacto con miembros del otro grupo, con los que luego sí se topan en el mundo laboral. El resabio de la violencia se puede encontrar ahora en los bares, en donde aún se producen peleas entre unos y otros.
A pesar de las persistentes divisiones, el Acuerdo de Viernes Santo marcó un antes y un después en la vida de los norirlandeses.
Su gran logro fue terminar con la violencia y los asesinatos llevados adelante por el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) y los grupos paramilitares protestantes. Hoy, las bombas, los controles y el miedo a perder la vida desaparecieron, y la provincia atrae a inmigrantes que la eligen por la buena situación económica que atraviesa.
"Ahora hay más libertad", dice Marie McClurg, una cajera de supermercado protestante, de 43 años, mientras hace compras en el centro de Belfast. "Antes había puestos de seguridad en cada entrada al centro de la ciudad. Me registraban a mí y a mi cartera. Hasta los negocios tenían controles de seguridad."
A pesar de la libertad para movilizarse, una simple caminata por las calles de Belfast revela de forma elocuente lo que no ha cambiado. Hay ciertos signos que indican con claridad si uno pasa por un barrio católico o protestante. Por empezar, si en las casas y en los negocios flamea la Union Jack, la bandera británica, o si los colores son el verde, blanco y naranja de la bandera irlandesa.
De la misma forma, los clásicos murales de Belfast, en homenaje a las víctimas del conflicto o a personajes representativos de cada comunidad, hablan por sí mismos. Otra forma de identificar el signo político y religioso de una zona es mirar qué diarios se venden en los kioscos: The Shankill Paper para los protestantes y North Belfast en el caso de los católicos.
Pero éste no es un conflicto religioso, sino político. Los republicanos (católicos) pugnaban por una Irlanda unida, mientras que los unionistas (protestantes) querían permanecer en el Reino Unido.
La parte más reciente de esta historia comenzó en 1921 cuando, después de siglos de ser una colonia británica, Irlanda fue dividida en dos, y seis condados del Norte quedaron integrados al Reino Unido.
Después de décadas de denunciar discriminación y desigualdades en educación, derecho a voto y en el mercado laboral, los católicos son los que más se han beneficiado con la paz y estabilidad, ya que han visto su situación mejorar en forma notable.
Protestantes en retroceso
"La comunidad protestante tiene mucho miedo. Temen convertirse en una minoría en las próximas dos décadas", afirmó a LA NACION el doctor Pete Shirlow, de la Queen s University, en Belfast. Shirlow se refiere al crecimiento de la población católica, que actualmente asciende a un 45%.
Muchas heridas que quedaron tras las décadas de violencia y asesinatos aún no han cicatrizado. El proceso de reconciliación es lento y doloroso, y de él participan múltiples asociaciones civiles que trabajan para acercar a ambas partes.
Sin embargo, analistas señalan que la iniciativa para reconciliar a la sociedad debe provenir también de los líderes políticos. "El Acuerdo de Belfast fue para compartir el poder y creó una sociedad que aceptó la separación, en lugar de desafiarla", dijo Shirlow. "Nos hemos conformado con eso. Y aún no tenemos un liderazgo político que esté listo para cambiarlo."

