
Empantanados en la guerra subterránea
Israel enfrenta dificultades para sortear la compleja red de túneles y refugios que construyó Hezbollah
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BEIRUT.- Trece días de fuego y encontrar a los milicianos de Hezbollah, escondidos en túneles bajo tierra, ha convertido a esta ofensiva en una auténtica "guerra del topo", una fenomenal maniobra de escondite que -aun con sentimientos encontrados sobre el combate- genera coincidente admiración.
Con el sexto ejército del mundo, Israel -y la contabilidad de su batalla- acepta que no la tiene fácil con las galerías subterráneas. A esta sorpresa se suma la guerrilla, que logra camuflarse de todas maneras, incluso con falsos uniformes del enemigo, haciendo del campo de guerra una sangrienta confusión absoluta. Hay relatos desesperados de la pesadilla por parte de tropas israelíes.
Pero el punto son los túneles: kilómetros de galerías subterráneas que los milicianos del impertérrito Hassan Nasrallah construyeron durante los últimos seis años de paz en zona caliente, como plataforma secreta para la acción militar en curso contra el "enemigo Israel".
Una enorme red matizada, aquí y allá, con búnkeres que descienden hasta tres pisos bajo tierra y que, salvo en la corta distancia, se vuelven imposibles de encontrar, como una campana invisible, capaz de albergar el escondite de hombres, armamento y plataformas para lanzar misiles.
Todos hablan de ellos. Por empezar, el gobierno. "¿Usted cree que esos túneles son un espejismo de Oriente? Pues se equivoca. Son tan reales como la sorpresa occidental de estos días", dijo un integrante del gabinete del primer ministro Fouad Siniora, cuando LA NACION lo consultó al respecto.
Lo que mucho no entendía el interlocutor en cuestión, en cambio, era la sorpresa israelí en la materia. "Ellos sabían que los túneles existen, porque durante la ocupación también construyeron dos, y bastante grandes, en el castillo de Beaufort", dijo.
Hablaba así el funcionario de la milenaria fortaleza en la frontera entre Israel y el Líbano, ocupada decenas de veces a lo largo de la historia y, la última, por tropas israelíes que, antes de su retirada de mayo de 2000 -tras 20 años de sangre y fuego- le volaron buena parte de sus secciones. "Para borrar huellas", fue la explicación. Los túneles eran parte de eso.
Nasrallah, el huidizo
El jefe Nasrallah, que no para de hablar pese a que nadie sabe dónde está, parece más que confiado en su red subterránea. "Aunque los israelíes avancen por tierra, eso no impedirá que sigamos disparando proyectiles desde nuestras bases", prometió ayer.
La obsesión israelí es terminar con esas galerías, inspiradas en el modelo del Vietcong, que le impiden avanzar. Por eso, detrás de cada tanque va una excavadora mecánica. Y por eso Israel también habría apurado hace dos semanas un grueso pedido de proyectiles antibúnker a los Estados Unidos. Todavía, al parecer, está lejos de llegar a lo que busca.
"La única forma de encontrar esos túneles es que los detecte un espía en el terreno o tener suerte", dijo a LA NACION uno de los analistas locales más reconocidos. A él también le llegó, en su momento, la invitación que, consciente de lo mediático de este mundo, Hezbollah lanzó hasta poco antes de la guerra: una visita y recorrida por una mínima parte del entramado subterráneo.
"Llegar hasta allí viene precedido por todo el rito habitual en estos casos: ojos vendados, varios cambios de vehículo, imposibilidad alguna de ver nada que no sea lo que ellos quieren que veas desde el momento en que te quitan la venda", añadió.
-¿Y qué vio?
-Un búnker que me dejó sin habla. Más de un piso, bastante grande. Nada más.
Para el ex director de L Orient-Le Jour, Issa Girabieb, lo de los túneles "está muy lejos de ser una ficción" y es, en cambio, "una de las armas más sorpresivas" de la milicia radical chiita, inspirada por Irán y protegida por Siria.
"Hezbollah no es tonto y eligió el esquema subterráneo por muchas razones. Con él se protege la munición almacenada del ataque enemigo; puede esconderse mucha tropa allí, junto con lanzaderas de misiles de fácil movilidad", dijo Issa Girabieb. "No fue una construcción rápida; llevan varios años con ese trabajo, y lo curioso es que, naturalmente, mucha gente supo que algo de eso estaba pasando y, aun así, hoy es sorpresa absoluta", añadió.
Hasta el jefe militar israelí se rendía anoche a la evidencia de los topos. "La operación se está convirtiendo en algo muy difícil y complejo, en un desafío y, desafortunadamente, tenemos bajas. Pero seguiremos adelante", dijo el general Benny Gantz, coordinador del asalto terrestre.
Ayer, con el mundo subterráneo a sus pies, Hezbollah decía que nada de eso importaba y que seguiría tirando, persuadida de que de allí no la sacan ni hoy ni mañana, salvo que la vayan a buscar. O sea: salvo que la ofensiva terrestre sea mucho más que lo visto hasta ahora en todo sentido.
Parte de guerra
Día 13
Combates terrestres
Tropas israelíes se enfrentaron con miembros de Hezbollah en dos pueblos del sur del Líbano -Bint Jubayl y Maroun al-Ras-, en combates que dejaron dos soldados israelíes y 10 terroristas muertos.
Nuevos bombardeos
Hezbollah lanzó 80 cohetes contra el norte de Israel, donde 20 personas resultaron heridas. Las tropas israelíes bombardearon el sur del Líbano, donde siete civiles perdieron la vida, entre ellos dos niños.
Ataque a la ONU
Un bombardeo israelí contra un puesto de la misión de cascos azules de la ONU en el sur del Líbano dejó heridos a cuatro observadores provenientes de Ghana.
Ayuda humanitaria
La ONU pidió un fondo de ayuda humanitaria de 150 millones de dólares para el Líbano. EE.UU. ofreció 30 millones de dólares.
Llegó Rice
La secretaria de Estado de EE.UU. llegó sorpresivamente a Beirut, donde se reunió con el premier Fouad Siniora.





