¿Empezó ya la Tercera Guerra Mundial? Los argumentos a favor y en contra de un debate cada vez más intenso
Desde Caracas hasta Europa, Medio Oriente y Taiwán, el mundo está sumergido en un conflicto diferente de las grandes conflagraciones del siglo XX, pero de impacto global
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PARÍS.– Medio Oriente se sumerge en la guerra y los bombardeos y provoca una crisis energética mundial; el conflicto ucraniano está en su cuarto año sin visos de solución; Venezuela acaba de ser objeto de una intervención militar de Estados Unidos, y Cuba, cortada de sus fuentes de abastecimiento, podría ser la próxima pieza en caer. Mientras tanto, la situación de Taiwán sigue tensando las relaciones entre Estados Unidos y China. ¿Acaso el planeta ha entrado en la Tercera Guerra Mundial?
Los ataques de Trump y Netanyahu contra Irán “son el catalizador final para una tercera guerra mundial”, dice un excomandante de la OTAN.
Richard Shirreff, exsubcomandante supremo aliado de la OTAN en Europa, afirma que “no puede recordar un momento más peligroso en la geopolítica en su vida”. Hay un “creciente sentimiento en la comunidad militar occidental” de que la campaña “ya se ha escapado de control”, afirmó.
A su juicio, si Estados Unidos llegara a “verse atrapado” en una guerra terrestre en Medio Oriente, China y Rusia “no perderían tiempo” en aprovechar la situación, y Pekín podría “utilizar la oportunidad” para lanzar su “tan esperada invasión de Taiwán, quizás tan pronto como en 2027”.

Esa es también la opinión del historiador británico Anthony Glees, profesor emérito de la Universidad de Buckingham, para quien “la naturaleza del conflicto en Irán tiene ecos escalofriantes en la historia que podrían significar que el planeta está en medio de un conflicto global”.
Para Glees, el hecho de que Israel y Estados Unidos hayan decidido ir a la guerra es una señal para otras naciones que podrían decidir hacer lo mismo. El historiador también cree que la mentalidad de los líderes involucrados en los conflictos actuales es otra señal, así como el “compromiso” de Trump de continuar con las intervenciones.
En otras palabras, Irán y Medio Oriente se han convertido en el centro de atención, pero la Tercera Guerra Mundial podría estallar allí o en muchas otras partes del mundo.
Sin embargo, existen varios frenos para un conflicto mundial. Más allá de la disuasión nuclear, la crisis de natalidad, las distancias geográficas entre grandes potencias y conflictos cada vez menos mortales hacen pensar que el mundo tal vez evitará sumergirse nuevamente en esa fatalidad.
En todo caso, a pesar de los debates, casi todos los expertos coinciden en que Taiwán es el epicentro del conflicto y, por el momento, China no ha lanzado ninguna ofensiva sobre la isla. Lo que permitiría esperar algunos años más de paz.
Se ha asumido durante mucho tiempo, en efecto, que la mayor amenaza para la estabilidad geopolítica es la creciente tensión entre China y Estados Unidos, con Taiwán como objeto central de cualquier confrontación militar.
Pekín ve a la nación insular como una parte integral de un territorio chino unificado. En los últimos años, ha adoptado una postura cada vez más agresiva hacia la isla, denunciando como “separatistas peligrosos” al Partido Progresista Democrático gobernante de Taiwán, que ganó un tercer mandato sin precedentes el año pasado. Al mismo tiempo, Estados Unidos incrementó su apoyo —financiero, militar y retórico— a la independencia continua de Taiwán.
El año pasado, el Ejército Popular de Liberación chino (EPL) realizó ejercicios militares con fuego real en el Estrecho de Taiwán, maniobras vistas como un ensayo general para un posible bloqueo real en un intento de derrocar al gobierno en Taipéi en el futuro.
Como Richard Shirreff, muchos observadores anticipan que China buscará invadir Taiwán en 2027, que se considera un año “mágico” porque marca el centenario de lo que se convertiría en el EPL. La idea de que este aniversario podría coincidir con una operación militar seria por parte de Pekín se ha convertido en una “fijación” en Washington, coinciden los especialistas.
Y con Donald Trump centrado en Medio Oriente, América Latina y asegurar la paz en Ucrania, Xi Jinping podría calcular que el ocupante de la Casa Blanca está “demasiado distraído” para “reaccionar a tiempo, si China intentara un movimiento decisivo contra Taiwán por medios abiertos o encubiertos”.
En todo caso, para Jean-Yves Heurtebise, doctor en filosofía e investigador asociado del Centro de Estudios Francés sobre la China Contemporánea, la Tercera Guerra Mundial ya comenzó, aunque sin estallar frontalmente.
“Las superpotencias se evitan, a diferencia de la Primera y Segunda Guerra Mundial, que fueron enfrentamientos directos. Actualmente, las grandes potencias propagan el conflicto a otras zonas para evitar el enfrentamiento”, dijo a LA NACION esta semana desde Taiwán. Ucrania, Irán, secuestro de Maduro y la cada vez más frontal codicia alrededor de Taiwán serían, por su multiplicación, un verdadero comienzo de la Tercera Guerra Mundial.

Por el contrario, Frédéric Encel, geopolitólogo especialista en Medio Oriente y autor del libro La Guerra Mundial no tendrá lugar: Las razones geopolíticas para esperar, defiende la tesis contraria.
“No se puede hablar de guerra mundial, simplemente porque no existen dos bloques de alianza militar multilateral”, afirma.
Cuando en 1914, Austria-Hungría entraron en guerra contra Serbia, Rusia movilizó su ejército contra Viena, lo que provocó la declaración de guerra alemana contra Rusia y Francia, arrastrando al Reino Unido al conflicto. Lo mismo sucedió en 1939, cuando la invasión de Polonia por Alemania provocó automáticamente la entrada en guerra de Francia e Inglaterra.
Para Encel, nada de eso ocurre actualmente. La situación actual le ha dado la razón sobre la inexistencia de una “alianza ‘militar’ entre Teherán, Pekín, Moscú o incluso Caracas”. La prueba es que cuando la capital iraní comenzó a ser bombardeada, ninguna potencia intervino, lejos del juego de alianzas que sumergió al mundo en los dos conflictos mundiales anteriores.
“El objetivo actual es más bien debilitar la alianza del otro”, retoma Heurtebise.
“Estados Unidos busca reducir el número de aliados de China atacando a Irán o Venezuela, Rusia intenta sembrar discordia y tensiones en Europa, o dividir la alianza entre los 27 de la Unión Europea y Estados Unidos, etc.”, dice. Estamos ante “una guerra híbrida —por la información, el comercio y los conflictos importados—, donde cada superpotencia quiere controlar su región, y no el mundo”, pero sin movilización militar general.
La crisis de natalidad
¿Podrían las grandes potencias siquiera hacerlo? Más allá de la evidente cuestión de la disuasión nuclear, la crisis de natalidad afecta a todas las grandes naciones. Ninguna tiene actualmente la fecundidad para renovar su población. Ni Estados Unidos (1,6 hijos por mujer cuando se necesitarían 2,1), ni Europa (1,38), ni Rusia (1,4), y mucho menos China, con una tasa catastrófica de 0,8 hijos por mujer.
“Para decirlo trivialmente, ya no tenemos suficientes niños para permitirnos dejarlos morir en el frente”, lanza Heurtebise. Rusia constituye una trágica excepción, que ciertamente recuerda que nada impide ir a la guerra, pero su caso también puede servir como freno: probablemente el país acaba de sacrificar su futuro demográfico por ganancias territoriales ultra-marginales.
La cuestión de la natalidad tiene tal importancia que, en Ucrania, Volodimir Zelensky se niega a bajar la edad de movilización general por debajo de los 25 años, para preservar el futuro demográfico del país.
“Sin un umbral crítico, la natalidad no es un límite absoluto para la guerra”, matiza Encel, “pero sigue siendo un freno”. En 1920, y en pleno marasmo demográfico post-Gran Guerra, Aristide Briand, ministro de Relaciones Exteriores francés, defendía su política pacifista en la Asamblea con esta cita ya famosa: “Hago la política exterior de nuestra natalidad”.
Cien años después, los campos de batalla han cambiado: fuera del conflicto ucraniano, las guerras son mucho menos costosas en hombres. Esto es nuevamente uno de los mayores obstáculos para un verdadero incendio planetario: la extrema distancia entre las superpotencias, que impide operaciones militares a gran escala. La mayoría de las muertes de la Segunda Guerra Mundial se concentraban en zonas donde dos gigantes del conflicto tenían la desgracia de ser vecinos. Alemania y Rusia representaron así el 35% de las muertes totales de la guerra. China, fronteriza con Japón, también soportó 20 millones de pérdidas adicionales —es decir, el 25% del conflicto—. Estados Unidos, gran vencedor, pero sin ningún adversario geográficamente cercano, perdió “solo” 300.000 hombres.
Sin embargo, grandes batallas significan grandes pérdidas, movilización general... y mundial.
“Incluso los habitantes de las islas más pequeñas del Pacífico combatieron durante la Primera o la Segunda Guerra Mundial. Por eso la denominación para estas dos últimas guerras está justificada”, recuerda Moritz Pöllath, historiador alemán y autor de Krieg 2027? Wenn Geschichte sich wiederholt (Guerra 2027? Cuando la Historia se repite). Si no es así, es difícil hablar de guerra mundial.
La guerra por Taiwán
En su libro, el también defiende la tesis de que el próximo conflicto mayor podría surgir en 2027. No en Medio Oriente, ni siquiera debido a una agravación de la guerra en Ucrania, sino precisamente en Taiwán, epicentro de las tensiones diplomáticas entre Washington y Pekín. El historiador encuentra extrañas similitudes con los años 1930: creación de un eje de dictadores, debilidad de las democracias liberales, recursos limitados...

Una invasión de China o de Estados Unidos por el otro bando, que sería un enfrentamiento directo —fuera de un invierno nuclear—, se realizaría solo con cientos de barcos, portaaviones y cazas de ambos lados. Incluso si las marinas mundiales estuvieran movilizadas, ¿se hablaría de guerra mundial si se redujera a “solo” cientos de miles de muertos, lejos de las decenas de millones de los dos grandes conflictos que la precedieron?
“No es pertinente contar muertos para resolver esta cuestión”, estima Moritz Pöllath. “Lo que importa es saber si todas las regiones del mundo están más o menos implicadas en un conflicto”.
¿Hablaríamos, sin embargo, de una nueva guerra mundial si ocurriera ante nuestros ojos, o la estableceríamos después, con la perspectiva histórica necesaria?
Esta es también una de las lecciones semánticas de los dos conflictos anteriores: la denominación “guerra mundial” realmente se impuso solo mucho después del conflicto, en los años 1950. Antes de la Segunda Guerra, la Primera era más bien considerada como La Gran Guerra. Sobre los dos conflictos, Charles de Gaulle o Winston Churchill hablaban durante mucho tiempo de una “segunda guerra de Treinta Años”. También es prueba de cierto tropismo europeo, que podría alejarnos de la concepción de una “guerra mundial” si esta ocurriera en Asia.
Por su parte, Frédéric Encel alerta sobre el peligro inverso: un uso trivial del vocabulario militar y bélico. “Así como no estábamos en guerra contra el Covid, no hay guerra entre China y Estados Unidos, sino una rivalidad comercial y diplomática únicamente en el caso de Taiwán. Los intercambios comerciales entre ambos países totalizaron 530.000 millones de dólares en 2024. Basta mirar a Alemania y Francia en 1914-18… Eso es estar en guerra”, afirma.
Según Doug Stokes, director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Modul de Viena, quienes ven “el espectro de una tercera guerra mundial están tanto en lo cierto como equivocados”
“Están equivocados si se refieren a una escalada singular y catastrófica. Pero están en lo cierto si se refieren a que un enfrentamiento estructural entre Estados Unidos y un eje suelto sino-ruso-iraní está bien en marcha, y que se lucha a través de proxies en una guerra económica y una impugnación sistemática de la geografía estratégica”.
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