En Alaska abundan el oro y el petróleo, pero faltan mujeres solteras
Hay casi dos veces más de hombres célibes
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NOME, Alaska.- Era un anochecer de verano, y en un bar de este polvoriento pueblo minero y pesquero sobre el mar de Bering los hombres estaban más que entusiasmados.
El bar, Breakers, estaba repleto. Y los muchos solteros de Nome casi no podían creer lo que veían: mujeres. Allí estaban, como un oasis en el Artico, jugando al billar, repartiendo números telefónicos, desfilando apuradas hacia el baño para pintarse los labios, bebiendo tragos pagados por sus pretendientes. "¿No son fantásticas? Ojalá que nunca nos dejen", comentó un soltero a otro.
Sucede que en Nome, un pueblo de 3500 habitantes y de vida dura que atrae a buscadores de oro en el extremo oeste de Alaska, los solteros superan a las solteras en una proporción de casi dos a uno. Y, para complicar más las cosas, en el estado proliferan las parejas de lesbianas.
El verano, sin embargo, es una época de esperanza en Nome. Cada junio, con el sol de medianoche llegan las pasantes estivales. Este año se trata de siete veinteañeras procedentes de diversos estados norteamericanos y que trabajan en un proyecto de nutrición junto con un grupo local.
Este mes, un grupo de desnudistas itinerantes procedentes de Minnesota hizo su escala anual en Nome; la otra noche, con su espectáculo, "Erótica", cinco de ellas convocaron a una verdadera multitud en un salón local.
Seth Augdah, de 24 años, que vende pasajes de la aerolínea Bering, fue a ver el espectáculo. La noche anterior se había acercado a las pasantes en el Breakers, tratando de impresionarlas. Sin embargo, los ojos de Seth reflejaban cierta tristeza. "En el verano viene mucha gente. Pero me gustaría que fuese para quedarse más tiempo. Mis amigos no dejan de decirme que uno de estos días alguna joven vendrá a vivir al pueblo y será perfecta para mí", se esperanzó.
Alaska es conocida por su abundancia de hombres solteros. Buscadores de oro, mineros, trabajadores de empresas petrolíferas, cazadores, tramperos y pescadores se trasladan hasta allí en tropel para hacer realidad la fantasía de una vida dura y próspera en la frontera, una fantasía que no muy a menudo es compartida por las mujeres. El último censo reveló que en Alaska hay 114 solteros por cada 100 solteras, en comparación con 86 solteros por cada 100 solteras a nivel nacional (y 80 solteros por cada 100 solteras en el estado de Nueva York). Sin embargo, la actual proporción en Alaska refleja cierta mejoría, desde la perspectiva del hombre soltero, respecto de hace 10 años. En 1990 había unos 94.000 solteros y 75.000 solteras, mientras que en 2000, había 113.000 solteros y 100.000 solteras. De acuerdo con el censo de 2000, el 48% de los 650.000 habitantes de Alaska son mujeres. En 1990, constituían el 47 por ciento.
Para los hombres con ansia plena de querer, complica las cosas el hecho de que Anchorage y Fairbanks, las dos ciudades más grandes del estado, se están convirtiendo en lugares preferidos de las mujeres lesbianas. "Alaska figura hoy en el 12° lugar de Estados Unidos de mayor concentración de parejas lesbianas", señaló Jason Ost, investigador del Urban Institute.
Los observadores afirman que el aumento de la cantidad de mujeres en Alaska se debe en gran medida al crecimiento de zonas urbanas como Anchorage y Fairbanks, donde la vida se ha vuelto mucho menos aislada y menos difícil, y, por lo tanto,más atrayente para las mujeres. "Lo que ocurre es que las ciudades se están normalizando", afirmó Judy Kleinfeld, profesora de psicología de la Universidad de Alaska. "Aquí -prosiguió- la vida es como en el resto de los estados y no hay ningún motivo especial para que las mujeres se quieran ir."
Sin embargo, la profesora Kleinfeld, que entrevistó a muchos solteros en las zonas rurales, reconoció sus dificultades allí para conseguir novia y que era muy común buscarla por correo. Si la escasez de mujeres es ahora menos notoria en las grandes ciudades de Alaska, Jason Friars, de 25 años, que vive en Anchorage, no lo ha advertido ni lo ha aprovechado.
Friars, cocinero de un hotel que se trasladó allí hace un año, procedente de California, dijo con cierta amargura que allí en ese momento había 22 hombres y 4 mujeres. "Tengo una chica en vista ahora. Pero ella tiene 200 tipos para elegir", añadió con pesar.
Brandi Domas, de 31 años y mozo del bar, indicó que mayormente acudían allí hombres solos. "Son simpáticos y deberían tener compañía femenina. Siempre les digo que vayan a otro estado y conozcan a una muchacha a la que puedan traer aquí", agregó.



