
En Brasil, Obama se concentró en el ataque a Libia
El mandatario tuvo que cambiar su agenda por la intervención militar en el país africano
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Alberto Armendariz
CORRESPONSAL EN BRASIL
BRASILIA.- El bombardeo aliado contra las tropas de Muammar Khadafy le aguó la fiesta al gobierno brasileño. En medio de grandes expectativas locales, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, comenzó ayer su tan aguardada visita a Brasil, pero la mente del mandatario estaba en Libia.
Poco después de llegar a Brasilia, acompañado por su familia y una gran delegación de funcionarios y empresarios, Obama fue recibido en la mañana por la presidenta Dilma Rousseff en el Palacio del Planalto.
El encuentro privado, que debía girar en torno a asuntos bilaterales y el nuevo rol de liderazgo mundial de Brasil, fue sin embargo dominado por la situación en Libia. Los cazas franceses ya estaban sobrevolando sus objetivos militares cuando tuvo lugar la esperada reunión.
"El pueblo de Libia debe ser protegido, y ante la ausencia de un fin inmediato a la violencia contra los civiles, nuestra coalición está dispuesta a actuar, y a hacerlo con urgencia", resaltó luego Obama, en el primer día de su primera gira por América latina, que incluirá escalas en Chile, mañana, y El Salvador, el martes.
Según interlocutores, Rousseff fue cauta y escuchó las razones de su huésped con atención, pero también fue clara al exponer los altos costos que una intervención militar extranjera puede tener.
"La presidenta fue enfática en que cree que hay que agotar los canales diplomáticos para lograr la paz", indicó Marco Aurelio Garcia, el principal asesor en asuntos internacionales de Rousseff, aunque aclaró que eso no significa ninguna complacencia con las posturas de Khadafy. "Pero hay que tener cuidado cuando se invoca el derecho a proteger, porque puede ser utilizado como excusa para invadir cualquier país", agregó.
El jueves pasado, cuando el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizó la acción militar internacional contra Khadafy para proteger a los civiles, Brasil -que actualmente ocupa uno de los asientos rotativos del órgano- se abstuvo, junto con Alemania, China, Rusia y la India.
Los argumentos que esgrimió la embajadora brasileña, Maria Luiza Ribeiro Viotti, fueron que su país no estaba convencido de que el uso de la fuerza llevaría al objetivo primordial de defender al pueblo libio, sino que abriría incluso nuevos riesgos. De todos modos, Brasil aclaró que apoyaría la resolución del Consejo, que además impone sanciones, como la prohibición de viajes para funcionarios libios y a la venta de armas al país.
Consciente de que el agravamiento de la crisis en Libia podría opacar el tan ansiado viaje de Obama, ya anteayer el gobierno brasileño había informado que no permitiría que los periodistas hicieran preguntas a los dos mandatarios tras su reunión en el Planalto. Y así sucedió, pero el presidente Obama se vio constreñido a hacer una referencia al tema cuando, con Rousseff al lado, ofrecieron una declaración conjunta.
Una vez terminada la agenda oficial en Brasilia, y camino al aeropuerto para volar a Río de Janeiro, Obama informó que el Pentágono ya estaba participando de las operaciones militares en Libia. "Este no es un resultado que esperaban Estados Unidos o sus aliados. No podemos quedarnos inmóviles cuando un tirano le dice a su propio pueblo que no tendrá misericordia", explicó.
Cambio de agenda
La tensión en el Mediterráneo ya había obligado a la embajada norteamericana en Brasilia a introducir varios cambios al programa original de la visita del mandatario. El discurso al aire libre en una plaza pública de Río fue cambiado de escenario, y finalmente se realizará esta tarde dentro del Teatro Municipal, al que tendrá acceso sólo un reducido número de invitados.
La Casa Blanca temía por la seguridad física de Obama y, tras varios roces con las autoridades brasileñas, que se negaron a permitir que los francotiradores fuesen sólo agentes norteamericanos, se decidió transferir la alocución a un lugar cerrado.
Por ahora sigue en pie la idea de que Obama y su familia asciendan esta mañana al morro del Corcovado, donde está la estatua del Cristo Redentor, pero todo el monumento permanecerá cerrado, y la Arquidiócesis de Río de Janeiro -que administra el sitio- dejó todo el control en manos de los equipos de seguridad norteamericanos, que operarán hasta los ascensores.
En principio, también se mantiene la visita de Obama a la favela de Cidade de Deus, en la zona oeste, que fue una de las primeras en recibir una Unidad de Policía Pacificadora (UPP) hace dos años. De todos modos, los preparativos del operativo de seguridad que se estaba montando allí trajeron serios choques con el grupo comunitario Central Unica das Favelas. "No podemos permitir que revisen a niños de tres años. No tenemos problemas con él, es un orgullo, pero no vamos a participar de esta manera", se quejó MV Bill, uno de los fundadores de la organización social.
Obama, en alta voz
- El pueblo de Libia debe ser protegido, y ante la ausencia de un fin inmediato a la violencia contra los civiles, nuestra coalición está dispuesta a actuar, y a hacerlo con urgencia
- No podemos quedarnos inmóviles cuando un tirano [Khadafy] le dice a su propio pueblo que no tendrá misericordia
- Esta ciudad [Brasilia] y este país [Brasil] son un modelo para el futuro y le demuestran al mundo que la democracia es la mejor aliada del progreso


