En Europa, el estancamiento ya es una forma de vida

La fiebre de la crisis podría haberse calmado, pero la austeridad parece ahogar el desarrollo
Liz Alderman
L. Thomas Jr.
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11 de febrero de 2012  

PARIS.- A pesar de las dificultades que tuvo y tiene que atravesar Grecia para satisfacer a sus exigentes acreedores, los problemas de Europa no desaparecen.

Ante las variadas y cada vez más intensas medidas de los funcionarios europeos durante los tres años que lleva la crisis de la deuda que comenzó en Grecia, el furor de la crisis se ha aplacado considerablemente en los últimos meses, incluso también el temor de que la eurozona se cayera a pedazos de un momento para otro.

Pero en Europa la urgencia de la crisis ha dejado paso a una descarnada realidad: el estancamiento económico y, para gran parte del continente, el espectro de una nueva recesión, menos de tres años después del final de la anterior.

Muchos analistas creen que los planes de ajustes sólo conseguirán hundir a Grecia y a otras naciones aún más en la recesión y perjudicar las economías de sus socios comerciales europeos, sin ayudar en nada a solucionar la debilidad estructural que aqueja a los bancos del bloque.

Ultimamente, los mercados se mostraron más optimistas respecto de Italia y España, las dos naciones donde se temía que el "efecto contagio" de Grecia atacara primero, con consecuencias nefastas para la región. En días recientes, los intereses que ambos países debían pagar para endeudarse bajaron a niveles más sostenibles. Con nuevos liderazgos políticos, Roma y Madrid encararon planes de reestructuración destinados no sólo a reducir su elevados déficits y abultadas deudas, sino también a sentar las bases de una eventual recuperación del crecimiento económico.

Los inversores también están más tranquilos por las medidas del Banco Central Europeo (BCE) para reducir las tasas de interés y abrir las canillas de dinero para impedir que los bancos queden acorralados.

"No veo nada en el horizonte que pueda torcer esta tendencia", dijo Stefan Schneider, economista internacional en jefe del Deutsche Bank de Fráncfort. "En los mercados ya no se percibe un clima de querer acabar con Grecia y de ahí atacar al siguiente."

Para Nicolas Véron, catedrático del Instituto de Investigación Económica Breugel, de Bruselas, eso le permitirá a Europa respirar más aliviada. "No implica que los problemas se hayan solucionado. Pero en alguna medida alivia la presión en el corto plazo, y cabe la esperanza de que se genere un círculo virtuoso", dijo Véron.

Sin embargo, todo depende del desempeño de la economía de la eurozona durante los meses y años por venir. Los inversores que en su momento criticaron a los países que no adoptaban medidas de ajuste para sanear sus desequilibrados balances comenzaron a reconocer que tanta austeridad están ahogando el desarrollo, lo que a la larga dificulta, en vez de facilitar, el pago de las deudas.

Y la línea divisoria de crecimiento que ya separaba a los ricos países del Norte de los otros del Sur se ha ensanchado aún más en los últimos años, mientras que los países que se encaminan a un recesión -en especial Grecia y Portugal- parecen haber conformado una tercera categoría todavía más baja en la eurozona.

Otra escalada

Esas economías frágiles serán una carga para Europa durante los años venideros. De hecho, ya contribuyen a la desaceleración de la economía de Alemania y de naciones antes muy sólidas, como Francia, que ahora ven reducidas sus exportaciones a sus socios europeos.

Y si Grecia finalmente no encuentra salida de su espiral descendente y decide que no tiene otra opción que retirarse de la eurozona -algo que los analistas todavía no descartan-, entonces todas las apuestas caducan.

"Si se vuelve a hablar de una salida de Grecia, el contagio se extendería por todas partes", dijo Véron. "Es el gran tema para seguir de cerca."

Persisten las dudas sobre la capacidad de Grecia de revivir su economía y generar crecimiento suficiente incluso para alcanzar su objetivo de reducir el peso de su deuda a un 120 por ciento de PBI para 2020, una exigencia de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Grecia no se ha caracterizado por cumplir sus promesas, algo que alienta los temores de que tampoco será capaz de cumplir con estas últimas condiciones. Es más, los eventuales términos de un acuerdo de rescate a Grecia podrían conducir a una nueva escalada de incertidumbre en la región.

Traducción de Jaime Arrambide

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