En Gaza, pánico al poderío israelí, pero también al de Hamas

Como en 2009 y 2012, los residentes temen llevar la peor parte del conflicto armado
Beatriz Lecumberri
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9 de julio de 2014  

JERUSALÉN.- Las calles de Gaza se vaciaron ayer por la tarde y sus habitantes, atrapados entre los cohetes lanzados desde la Franja y los bombardeos israelíes, se refugiaban en sus casas con la certeza de asistir al inicio de una nueva y cruenta ofensiva contra el territorio palestino controlado por los islamistas de Hamas.

"Las explosiones son frecuentes. No hay ningún lugar seguro en Gaza en este momento. La gente está asustada y no sale. Yo estoy en casa con toda mi familia. Hemos salido únicamente para comprar algo de comida y sin alejarnos mucho", explica a LA NACION, vía telefónica, el profesor de Ciencias Políticas Riad Ali El Aila.

Según fuentes militares israelíes, en 24 horas más de 160 cohetes fueron lanzados desde Gaza, la mayoría de ellos reivindicados por Hamas, e Israel, dentro de una ofensiva bautizada Protective Edge (Barrera Protectora), bombardeó unos 150 puntos de la franja en los que perdieron la vida por lo menos 16 personas.

Israel asegura que Hamas posee misiles más perfeccionados y potentes que pueden recorrer una distancia de 80 kilómetros y amenazar ciudades como Tel Aviv, donde las sirenas de alarma sonaron ayer.

"Mientras hablamos escucho el ruido de las bombas. ¿Las oyes? La situación es terrible, la gente está muy asustada. Esto puede ser peor que en 2012 porque esta vez los israelíes y Hamas están deseosos de mostrar su poderío. La comunidad internacional debe decir algo o intervenir de alguna manera", pide, angustiado, George Anton, profesor en una escuela primaria.

En noviembre de 2012, en la última ofensiva militar israelí de magnitud contra la franja, unos 177 palestinos murieron bajo las bombas.

"Los aviones israelíes no dejan de sobrevolar Gaza. Nosotros seguimos trabajando porque hay emergencias en el terreno, pero la situación es siniestra", corrobora Adnan Abu Hasna, un vocero de la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (Unrwa, por sus siglas en inglés).

"La triste verdad es que en Gaza llevamos años sin estar tranquilos: no tenemos suministro eléctrico constante, agua suficiente o combustible. En Gaza no hay mañana, no hay futuro. Es muy difícil contagiar esperanza a la gente", agrega Hasna.

De los 1,6 millones de habitantes de Gaza, 800.000 comen gracias a la ayuda humanitaria y el desempleo supera el 40% de la población. La pobreza, la falta de perspectivas y de libertad de movimientos que se siente al llegar a la franja es desoladora.

Hamas, que no reconoce la existencia del Estado de Israel y cuyo brazo armado perpetró en el pasado sangrientos atentados, ganó las elecciones legislativas en Gaza en 2006 y tomó las riendas de la Franja un año después. Desde entonces, el cerco israelí sobre esta estrecha franja de tierra se intensificó y la sensación que se respira en las calles es de asfixia. Los palestinos necesitan un permiso especial israelí para salir temporalmente de la franja, pero los menores de 35 años ven cómo sus solicitudes son denegadas una y otra vez. En 2013, la salida por tierra hacia Egipto, en el Sur, controlada por El Cairo, también se cerró tras el derrocamiento del gobierno de los Hermanos Musulmanes, lo cual aumentó el aislamiento de Gaza.

"Israel llevaba un mes preparando esta ofensiva. El primer detonante fue la formación de un gobierno de reconciliación entre Hamas y Al-Fatah [partido del presidente palestino, Mahmoud Abbas] en junio. Luego, el asesinato de los tres chicos israelíes en Hebrón", lamenta Ali El Aila.

Este profesor señala además que la decisión del canciller israelí, Avigdor Lieberman, de romper con el primer ministro Benjamin Netanyahu aceleró la operación militar porque el gobierno israelí, sustentado sobre una heterogénea coalición, está en la cuerda floja. "Netanyahu quiere recuperar su superioridad gracias la sangre palestina", asegura.

En el barrio Zeitun de Gaza, una pequeña comunidad católica compuesta en buena parte por religiosos de América latina, aguarda y reza mientras escucha el lanzamiento de cohetes a pocos metros de la casa.

"Suspendimos todos los servicios religiosos porque es un riesgo para los fieles. Los bombardeos mueven los cimientos de las casas y la gente tiene mucho miedo. Salí a la ventana y oía el llanto inconsolable de los niños. Es terrible", explica la hermana Laudis Gloriae, de Brasil.

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