En plena crisis, los evangélicos refuerzan su protagonismo en la política brasileña

El obispo Edir Macedo, de la Iglesia Universal del Reino de Dios, bendice con agua a Bolsonaro
El obispo Edir Macedo, de la Iglesia Universal del Reino de Dios, bendice con agua a Bolsonaro
Janaína Figueiredo
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27 de junio de 2020  • 21:18

RÍO DE JANEIRO.- Mientras gobernadores y alcaldes debaten qué hacer en muchas regiones que siguen atravesando un pico de la pandemia de coronavirus , existe un sector muy importante de la sociedad brasileña, clave en las elecciones de 2018, que trabaja arduamente para imponer la visión y el discurso del presidente Jair Bolsonaro . Los líderes, pastores, parlamentarios, dueños de medios de comunicación y fieles de las iglesias evangélicas son actores centrales de la tragedia sanitaria y política brasileña.

Los mismos que en 2018 le aseguraran alrededor de 11 millones de votos al jefe de Estado -prácticamente la diferencia que le permitió derrotar a Fernando Haddad , del Partido de los Trabajadores (PT), en la segunda vuelta- son los que hoy lo defienden en las calles, en el Congreso y en sus peleas públicas con otros poderes, sobre todo con el Supremo Tribunal Federal (STF).

Considerando que casi 35% de los diputados brasileños son evangélicos -aunque no todos seguidores de Bolsonaro-, cualquier pedido de impeachment en el Parlamento enfrentará una barrera difícil de derribar.

Edir Macedo, junto a Bolsonaro
Edir Macedo, junto a Bolsonaro

Entender el peso de la presencia del sector evangélico en el proyecto de poder de Bolsonaro es esencial para entender como llegó a gobernar Brasil y cómo se mantiene fuerte a pesar de la sucesión de escándalos en su gobierno y, también, en su familia.

Según datos del censo nacional de 2010, los brasileños que pertenecen a alguna de las iglesias pentecostales o neopentecostales (una de las más importantes es la Asamblea de Dios) representan 20% de la población. Hoy, investigadores como Mariana Kalil, profesora de la Escuela Superior de Guerra del Ministerio de Defensa, creen que el porcentaje es aún mayor y explica, en gran medida, por qué Bolsonaro mantiene una base de apoyo popular de entre 25% y 30%.

Kalil está estudiando el rol de los evangélicos en la pandemia y una de sus conclusiones preliminares es que fueron, desde un principio, un obstáculo para que se elaborara una estrategia de comunicación de riesgo que permitiera transmitir a la población la gravedad de la crisis. Impidieron, por lo tanto, que se lograra instalar en la sociedad la necesidad de cumplir las medidas de aislamiento social.

"Los evangélicos hablan de la teoría de la prosperidad y creen que con la religión se cura y se salva. Si el gobierno, como pretendió el exministro da Salud Luiz Henrique Mandetta, hubiera aplicado políticas de distanciamiento social duras, Bolsonaro hubiera sido tratado como un traidor", explicó a la nacion.

Mucho se habla de la importancia del ala militar del gobierno, pero está claro que el poder evangélico es igualmente relevante a la hora de explicar el actual contexto político. A principios de este mes, el presidente recibió en el Palacio del Planalto a varios líderes evangélicos, entre ellos Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y dueño del canal RecordTV. Después del encuentro, todos rezaron juntos por Bolsonaro y repudiaron "la convulsión social e institucional", en momentos en que se organizaban marchas a favor de la democracia en ciudades como Río y San Pablo .

Los representantes de la comunidad evangélica dijeron que Dios es quien elige y, si es necesario, saca a las autoridades políticas del país. "Este país no va a ser Venezuela , no será destruido por nadie. No van a fundir a este país" , aseguró Silas Malafaia, otra de las principales referencias evangélicas del país.

Días después, la prensa local reveló que en los últimos meses la Secretaría de Comunicación (Secom) había entregado más de 30 millones de reales (5,5 millones de dólares) a medios de comunicación evangélicos, entre ellos el grupo Record, que pertenece a Macedo.

Además de una visión compartida del mundo y valores morales, la relación entre Bolsonaro y los evangélicos en la pandemia está relacionada, dijo el pastor e historiador Brian Kibuuka, con un negocio millonario amenazado por el coronavirus. "La única salida hoy para las iglesias evangélicas es presionar al gobierno para que se retomen todas las actividades. No pueden sostenerse con las iglesias cerradas. Además, muchos deben millones a la Receita Federal [la AFIP brasileña]", dijo el pastor.

La deuda de las iglesias evangélicas sería de aproximadamente 1600 millones de reales (291 millones de dólares). Según informaciones de la prensa local, en abril Bolsonaro les pidió a las autoridades tributarias del país que estudiaran el tema, con la intención de aplicar algún tipo de perdón impositivo. Mientras esperan la buena noticia y, en el caso de los medios de comunicación, reciben ayuda estatal a través de la Secom, los grandes actores del sector evangélico se organizan para darle soporte al presidente. Se hacen cultos al aire libre, actividades virtuales y se refuerza de todas las maneras posibles la idea de que Bolsonaro es víctima y no responsable de la crisis.

Firmeza

Algunos grupos evangélicos minoritarios se opusieron públicamente al presidente, pero no son representativos. Para el diputado y pastor Marco Antonio Feliciano, del partido Republicanos, hoy 90% de la base social de Bolsonaro es evangélica. "El apoyo seguirá firme mientras el presidente defienda a Dios, la patria, la familia y no se involucre en corrupción", afirmó el diputado. Ni una palabra sobre las denuncias contra el senador Flavio Bolsonaro, hijo del presidente y protagonista de uno de los casos de corrupción del momento. En sintonía con los discursos del presidente y sus ministros, Feliciano criticó la actitud de grupos de izquierda y aseguró que "la radicalización política llegó a tal punto que la izquierda y otros sectores que desean sacar al presidente están jugando a cuanto peor, mejor; entre Bolsonaro y el virus, defienden al virus".

Para la gran mayoría de los evangélicos, hoy Brasil es gobernado por una especie de mesías, de gran salvador, que sacó del poder a personas relacionadas con el marxismo cultural, con todo lo que representa, para ellos, la degradación de la familia tradicional y demás ideas y conceptos importados que nada tienen a ver con la nación brasileña (temas de género y derechos civiles como la legalización del aborto, por ejemplo). Así lo explica Kalil, para quien "estos sectores colaboraron con la campaña destinada a normalizar la pandemia, las muertes, así como siempre normalizaron la violencia en las políticas de seguridad pública".

"No hablan de las muertes por Covid-19, como tampoco hablan de los inocentes que mueren en operaciones de la policía en las favelas", añade. Kalil opina que "aunque Bolsonaro cometa errores graves, aunque existan pruebas sobre crímenes terribles, estos sectores sustentan su apoyo en la fe y sobre esa base todo se perdona".

Fueron ellos los que ayudaron a Bolsonaro a llegar a la presidencia y son ellos los que hoy, mientras Brasil se consolida como epicentro mundial de la pandemia, construyeron una especie de muralla a su alrededor. Para la investigadora, el presidente es, esencialmente, un reflejo de su base de apoyo social y política. Un reflejo de la sociedad y del Congreso, donde hoy se sabe que muy difícilmente sería aprobado un pedido de impeachment en su contra. Un reflejo del Brasil conservador que en 2018 lo eligió presidente con 57 millones de votos.

El pastor Kibuuka, que está escribiendo un libro sobre los evangélicos en la pandemia, recuerda que la actuación política de este grupo no es nueva en Brasil. A principios de la década del 70, el país vivió una grave epidemia de meningitis. En la ciudad de San Pablo hubo 12.307 casos y la letalidad llegó a 179 muertes por cada 100.000 habitantes. En aquel momento, afirmó Kibuuka, "los evangélicos oraban por el gobierno militar y ocultaban información". Como hoy, existían intereses económicos de por medio y estos intereses fueron más importantes que la crisis sanitaria que atravesaba el país. En los 70 oraban por los militares que asumieron el poder después del golpe de 1964. Hoy oran por Bolsonaro, en medio de permanentes amenazas al sistema democrático

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