
Entre la reforma y la ortodoxia religiosa
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TEHERAN (EFE).- Las elecciones municipales celebradas ayer en Irán servirán para conocer el apoyo popular a la política reformista de Mohammed Khatami, que lleva casi dos años en el poder.
Los principales obstáculos al cambio son la oposición de la derecha religiosa más radical que encabeza el líder supremo de la República, ayatollah Alí Khamenei; la clase acomodada tradicional y los ortodoxos del régimen que controlan el sector público.
Sin embargo, las medidas aperturistas de Khatami siguen cosechando frutos, uno de los cuales es este proceso electoral que, aunque previsto en la Constitución, no se había celebrado hasta ahora.
En la república islámica los alcaldes eran designados por el Ministerio del Interior.
La revolución integrista de Khomeini en 1979 había sumido a la antigua Persia en un oscurantismo medieval del que empezó a salir tras la muerte del líder político y espiritual, el 3 de junio de 1989.
Khatami reemplazó en 1997 a su antecesor Ali Akbar Hachemi Rafsanjani, quien, durante sus dos mandatos (a lo largo de ocho años), había logrado abrir algunas brechas -siempre dentro del sistema- en el cerco que asfixiaba política y económicamente al país.
Con el 70 por ciento de los sufragios, Khatami logró una victoria aplastante en las séptimas elecciones presidenciales (23 mayo de 1997). Por primera vez un candidato de la oposición se imponía sobre el aspirante oficial ortodoxo.
El resultado de una década de "moderación" en Irán ha sido una evidente humanización del Estado integrista. Ahora existen ciertas concesiones a las libertades individuales y el régimen iraní ha empezado a conectarse con el mundo.
En este sentido, se registra una mejoría notable en las relaciones de Irán con otras países, especialmente con Europa y sus vecinos árabes, entre ellos Irak, país con el que se enfrentó en una larga y sangrienta guerra entre1980 y 1988.
Incluso con los Estados Unidos, el "Gran Satán", ha iniciado un tímido acercamiento.
Pero a pesar de los cambios, la república islámica sigue en manos de la derecha religiosa más radical que controla sectores clave del poder, como las fuerzas armadas, el Parlamento y el Poder Judicial.
El líder religioso islámico -Guía de la Revolución- es nombrado para un mandato de ocho años por una asamblea de 86 miembros elegidos por sufragio universal y que está integrada mayormente por el sector más reaccionario del clero shiíta.
No obstante, las medidas aperturistas de Khatami continúan avanzando y en estas elecciones locales por primera vez concurrieron a las urnas un gran número de partidos y formaciones políticas.
Otra gran batalla del presidente Khatami es la económica, pues las reformas necesarias para sacar a Irán de la depresión en la que está hundida chocan de plano con los ortodoxos del régimen, que controlan el improductivo y mastodóntico sector público.
Los comerciantes del Bazar, la clase acomodada tradicional, es el otro pilar del antirreformismo. Ellos fueron quienes financiaron la rebelión de Khomeini al sentirse perjudicados por las drásticas reformas que el Sha se disponía a poner en marcha.



