Entre los israelíes, las voces del pacifismo se diluyen

Cada vez son menos los que disienten de la política del gobierno de Netanyahu
Beatriz Lecumberri
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19 de julio de 2014  

JERUSALÉN.- En la pancarta de Nora Bendersky se lee, escrito en hebreo, "Esto no terminará mientras no dialoguemos". Esta argentina llegada a Israel en 1970 la mantiene en alto, orgullosa y sonriente, mientras la plaza de la municipalidad de Jerusalén comienza tímidamente a llenarse de ciudadanos que se oponen a la política del premier Benjamin Netanyahu y piden paz.

"Estoy aquí porque siento vergüenza y estoy muy enojada contra el gobierno y contra todos los que participan en esta guerra o la apoyan, que desgraciadamente son mayoría. Tiene que haber otra voz, alguien tiene que decir que se acabe esta locura", dice a LA NACION Bendersky, de 64 años.

En Israel, las voces disonantes con Netanyahu son cada vez menores y la mayoría de la población está de acuerdo con la política de seguridad y defensa del gobierno. Un sondeo realizado esta semana por Canal 10 concluyó que un 73% de los israelíes se opone a una tregua en Gaza.

En estos días y después de casi dos semanas de ofensiva militar en Gaza, varios centenares de personas se reunieron en ciudades como Jerusalén o Tel Aviv para decir "no" al gobierno. En Jerusalén, los presentes no superaban las 500 personas. "Y hoy somos muchos", aclara Nora, con un suspiro resignado.

Pero las bombas y los muertos en Gaza parecen estar lejos de Jerusalén, donde tan sólo las sirenas de alarma que avisan de la llegada inminente de un cohete lanzado por las milicias palestinas recuerdan en estos días que algo está pasando a tan sólo 80 kilómetros.

"Veo las imágenes de Gaza por televisión y me digo que no quiero ser parte de esto. La violencia no resuelve nada y nuestros líderes no tienen interés real en encontrar una solución. Ni siquiera si acabaran con Hamas, que no lo van a lograr, se solucionarían las cosas, porque entonces surgiría gente más extremista aún del lado palestino y no tendríamos con quién dialogar", considera Bendersky.

Esta argentina milita en la organización israelí Mujeres de Negro, que todos los viernes se reúne en una plaza de Jerusalén para pedir el "fin de la ocupación" de los territorios palestinos. A pocos metros, medio centenar de jóvenes de ultraderecha con gigantescas banderas de Israel abuchean a los manifestantes y piden que se deje a Gaza sin electricidad, sin agua, sin comida y sin combustible "para terminar de una vez con el problema". Las fuerzas de seguridad les cortan el paso para impedir un enfrentamiento.

La conversación con Bendersky atrajo a otros argentinos presentes en esta protesta por la paz.

"Cualquier voz que se oponga a esta ofensiva criminal debe ser escuchada, aunque no creo que podamos ser muy efectivos porque la guerra goza de un enorme apoyo, gracias también a que Hamas decidió poner a cuatro o cinco millones de israelíes bajo los ataques de sus cohetes", explica Zvi Schuldiner, profesor universitario y analista israelí nacido en Buenos Aires.

Tova Szeintvch, también de Buenos Aires y residente en Israel desde 1963, milita en la ONG israelí Machsom Watch, que acude a los retenes militares israelíes cada mañana para velar por el respeto de los derechos de los palestinos que cruzan desde Cisjordania con un permiso especial para trabajar, estudiar o visitar a familiares.

"No sé si vale estar aquí hoy, pero ¿tenemos otra posibilidad? Creo que no y que debemos demostrar que no todos los israelíes apoyamos esta guerra ni a este gobierno, que defiende el ojo por ojo y cree que la violencia es la única forma de relacionarnos con los palestinos", opinó.

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