Escocia se queda, pero Gran Bretaña cambia

Pese al rechazo independentista, Camerón impulsará una reforma territorial
Pese al rechazo independentista, Camerón impulsará una reforma territorial
Martín Rodríguez Yebra
(0)
20 de septiembre de 2014  

EDIMBURGO.– Gran Bretaña recuperó la respiración. Después de dos semanas de pánico y siete horas angustiosas de escrutinio, el rechazo a la independencia de Escocia triunfó por más de 10 puntos en el plebiscito que tuvo en vilo a Europa.

Pero el alivio de evitar la fractura con unos márgenes superiores a los pronosticados no salió a costo cero. Ayer, después de pasar la noche en vela, el primer ministro David Cameron prometió impulsar una reforma territorial que, de avanzar, transformará hasta hacer irreconocible el modelo de Estado de Gran Bretaña.

A cambio de cumplir con su compromiso electoral de última hora de conceder más autonomía a Escocia se propone aumentar también el poder de decisión de los parlamentarios ingleses en las materias que afectan exclusivamente a Inglaterra.

La sola intención de tomar ese camino anticipa una batalla política de consecuencias impredecibles, que estallará antes de la campaña electoral de 2015. "El debate sobre la independencia ha quedado clausurado por una generación. Hemos oído la voz de Escocia, y ahora también tenemos que oír millones de voces de Inglaterra", dijo Cameron, cuando se contabilizó el resultado del último distrito.

El referéndum se había cerrado con un 55,4% para el no contra un 44,6% en favor del sí, avalado por una participación del 84,6% del padrón, récord histórico para unas elecciones en tierras británicas.

La claridad del resultado calmó los miedos de la Unión Europea (UE) de que se disparara el auge de los nacionalismos dentro y fuera del bloque, sobre todo de cara al conflicto en marcha en Cataluña.

En Edimburgo, el líder separatista Alex Salmond no pudo disimular la frustración por el contundente mensaje electoral. Antes de irse a dormir unas horas, enfrentó las cámaras apenas terminó el escrutinio: "Escocia ha decidido por mayoría, en este momento, no ser un país independiente. Acepto el veredicto, pero el sueño nunca morirá".

Ocho horas después, volvió a convocar a la prensa y anunció que renunciará en noviembre al cargo de jefe de gobierno regional.

El nacionalismo escocés quedó herido por la amplitud del resultado, aunque pudo aglutinar un apoyo que habría parecido inalcanzable cuando hace dos años firmó con Cameron el acuerdo para llamar el plebiscito. Más de 1,5 millones de votantes (de un total registrado de 4,2 millones) se inclinaron por terminar con 307 años de unión.

Consiguió incluso ganar en la ciudad más grande del país, Glasgow (aunque en la capital, Edimburgo, perdió 60/40). El respaldo a la independencia resultó mayoritario entre los menores de 30 años: una señal de que el desafío a la integridad de Gran Bretaña seguirá latente si no se corrigen las causas que alimentan el desafecto de los escoceses con Londres.

Cameron pareció asumirlo con su inmediata aparición pública para ratificar el compromiso electoral de otorgarle a Escocia en el corto plazo más facultades impositivas, concederle poder absoluto para decidir en materia de sanidad y garantizarle una ventaja relativa en el reparto de recursos públicos.

En un equilibrio delicado, para contener el malestar de un amplio sector de su partido, puso sobre la mesa la discusión sobre la creación del "parlamento inglés", lo que en realidad implicaría excluir a los representantes escoceses, galeses e irlandeses del Norte de las decisiones de gobierno que afecten exclusivamente a Inglaterra.

"De la misma forma que los escoceses tendrán más poder sobre sus asuntos, también la gente de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte ha de tener más que decir sobre los suyos", afirmó el premier conservador.

Esta suerte de revolución federal que, en teoría, pondría fin al histórico centralismo de Londres amenaza con abrir infinitos frentes para Cameron. Desde el corazón de su propio partido, el alcalde de Londres, Boris Johnson, calificó de "imprudente" la propuesta.

La oposición laborista también se puso en guardia. Su líder, Ed Miliband, aparece como favorito para las elecciones de 2015, pero una eventual mayoría suya se sostendría en teoría gracias a un número importante de parlamentarios de Escocia. Si éstos no pudieran votar en las decisiones que afectan a Inglaterra (80% del Estado), quedaría en minoría y condicionado a la hora de discutir materias centrales de su programa de gestión.

Entre los festejos por haber salvado la unión, Miliband ya avisó que habrá que analizar con mucho cuidado el cambio constitucional con el que Cameron se propone cerrar la crisis escocesa.

De todos modos, ayer predominaba en el poder británico la sensación de haber evitado un abismo. El alivio se sentía en la City, donde la libra volvió a fortalecerse al igual que las acciones de las principales compañías del país, después del miedo que había originado el repunte del independentismo en las últimas semanas de campaña.

La reina Isabel II también valoró el resultado del plebiscito. "En Escocia y en otras partes, hoy habrá sentimientos intensos y emociones confrontadas. Entre familiares, amigos y vecinos. Ésa es, por supuesto, la naturaleza de la tradición democrática robusta de la que disfrutamos en este país", expresó en un comunicado medido, desprovisto de festejos.

Algo de cierto había en esa descripción. Los escoceses vivieron ayer un día atípico, sin festejos entre la "mayoría silenciosa" que sostuvo la unión y con muestras de desilusión entre los partidarios de la independencia. El ánimo se les cayó aún más cuando vieron a Salmond anunciar su retiro.

"Mi tiempo como líder está casi listo. Es hora de que otro político continúe construyendo el camino de Escocia", anunció, con ojos vidriosos, desde la sede del gobierno regional.

En las calles, los servicios municipales retiraban afiches, desmontaban carteles y tiraban a la basura miles de panfletos y volantes, los últimos recuerdos visibles de la Escocia que el día anterior se sintió por un rato el centro del mundo.

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.