
Flores, palomas y silencio en Japón
Las ceremonias en la ciudad atacada
1 minuto de lectura'
HIROSHIMA (AP).- Por un breve instante, los trolebuses se detendrán y la ciudad quedará en silencio. Luego, con agua y flores para los muertos, Hiroshima recordará cómo un resplandor en el cielo de madrugada hace 60 años se llevó 140.000 vidas y cambió por siempre el rostro de la guerra.
Más de 50.000 personas se congregarán hoy en el Parque en Conmemoración de la Paz, un espacioso terreno cubierto de árboles que una vez por año se transforma en el centro espiritual del movimiento global antinuclear, para recordar el 60° aniversario del primer ataque mundial con una bomba atómica.
Un momento de silencio tendrá lugar a las 8.15, el instante del ataque, y el intendente de Hiroshima, Tadoshi Akiba, realizará un apasionado pedido para que todas las potencias nucleares abandonen sus arsenales. El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, contemplará la suelta de palomas posterior.
Coronas de flores y recipientes con agua -que simbolizan el sufrimiento de aquellos que murieron en el infierno nuclear- serán ofrecidos en un simple monumento de piedra con forma de arco, ubicado en el centro del parque. Después, frente al cercano edificio "de la bomba atómica" (uno de los pocos que no se derrumbaron luego del ataque), militantes pacifistas iniciarán una protesta.
"Es mejor que una ceremonia como ésta sea simple", dijo Yuki Okada, una funcionaria de Hiroshima, de 27 años, que aseguró que normalmente no va a las conmemoraciones, aunque sí irá a ésta por considerarla "especial".
"No creo que nuestro mensaje esté llegando. Incluso los japoneses fuera de Hiroshima se están olvidando del pasado", añadió.
Aunque Hiroshima se ha levantado de los escombros para convertirse en una próspera ciudad de 3 millones de habitantes, muchos de los cuales nacieron después de la guerra, el aniversario exhibe la permanencia de su tragedia.
Las estimaciones oficiales indican que 140.000 personas murieron instantáneamente o pocos meses después de que el bombardero Enola Gay soltara su carga mortal sobre la ciudad, que entonces tenía 350.000 habitantes.





