Francia: aprobarían la eutanasia
El Parlamento debate una ley que defiende el "derecho a morir" de los enfermos
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PARIS.- Los diputados franceses comenzaron ayer a discutir un proyecto de ley que, sin legalizar de raíz la eutanasia, permite "dejar morir" a los enfermos sin esperanza de curación o en fase terminal, si éstos lo desean.
Los tres pilares del proyecto de "eutanasia pasiva", que cuenta con un consenso político sin precedente y cuya aprobación unánime está prevista para el martes próximo, son respetar la voluntad del enfermo, evitar la "obstinación irracional" en ciertos tratamientos médicos y luchar contra el sufrimiento.
Sin autorizar por completo la eutanasia -que implica poner fin a la vida de otra persona, si ésta lo pide, con el fin de minimizar su sufrimiento- el texto crea un "derecho a morir", con el objetivo de reforzar los derechos de los enfermos y de proteger jurídicamente a los médicos, amenazados por duras penas de prisión -de hasta 30 años-, si provocan deliberadamente la muerte de un paciente, aunque éste la pida.
Entre otras cosas, el proyecto prohíbe la "obstinación irracional" de "actos de prevención, investigación o cuidados" médicos cuando son "inútiles, desproporcionados o no tienen más efecto que mantener artificialmente la vida". Se incluyen las intubaciones indefinidas o la quimioterapia sin esperanza ni resultados.
En cuanto a los enfermos, cuando una persona "en fase avanzada o terminal de una enfermedad grave e incurable decide limitar o suspender todo tratamiento, el médico deberá respetar su voluntad después de haberle informado de las consecuencias de su elección".
Se inscribirá entonces la decisión en la historia clínica del paciente, se abandonarán las terapias activas y se dará paso a los cuidados paliativos del dolor, según el texto. Si el enfermo está inconsciente, la decisión será "colegiada" entre "la persona de confianza" del paciente y el equipo médico.
La ley incluye a su vez la noción de "directivas anticipadas", una especie de testamento del interesado que para ser válido deberá haber sido escrito "menos de tres años antes de haber caído en la inconsciencia".
Con la autorización del uso de tratamientos de "doble efecto", como la morfina, que calma el dolor, pero acelera la muerte, el texto da un paso adelante hacia la reivindicación del derecho a una muerte digna.
Por otra parte, la ley prevé el derecho de un paciente a negarse a ser alimentado artificialmente o a recibir un medicamento, aunque eso ponga en peligro su vida. Tras consultar con otro colega y esperar a que la persona reitere su petición tras "un plazo de tiempo razonable", el médico podrá retirar la sonda gástrica y aplicarle hasta que muera un tratamiento paliativo para evitar su sufrimiento.
"Esta ley constituirá un progreso para los enfermos y los profesionales de la sanidad. Los enfermos estarán tranquilos al saber que nadie se ensañará inútilmente para mantenerlos en vida a cualquier precio", afirmó ayer Jean Leonetti, presidente de la comisión parlamentaria que impulsa la aprobación del proyecto.
La idea de impulsar esta ley nació el 15 de octubre de 2003, tras la muerte asistida de Vincent Humbert, un joven de 23 años que quedó tetrapléjico tras un accidente y que durante años pidió morir a su madre y a los médicos.
Vincent falleció en septiembre de 2003, después de que su médico, Frédéric Chaussoy, lo desconectara de la máquina que lo mantenía con vida. El paciente había entrado en coma por una fuerte dosis de barbitúricos que puso su madre en la sonda que lo alimentaba. Ambos fueron imputados por la Justicia.
La interrupción de terapias para prolongar la vida, denominada "suicidio asistido" o "eutanasia pasiva", ya se aplica en Suiza y Estonia. En tanto, sólo dos de los 25 países de la Unión Europea, Holanda y Bélgica, disponen desde hace dos años de una legislación que acepta la eutanasia activa.

