
Funeral de película para John Gotti
El velatorio se realizó bajo vigilancia del FBI: asistieron miembros del clan Gambino
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NUEVA YORK (ANSA).- Desde un retrato a la tinta apoyado sobre el ataúd dorado sonríe el "boss" mafioso John Gotti, mientras la estampita distribuida a los presentes en el velatorio reza: "No lloren frente a mi tumba, no estoy allí, no estoy muerto".
En la Funeral Home Papavero -la sede de un velatorio casi propio de un film-, de Masbeth, Queens, los "soldados" y "capitanes", los duros de la Cosa Nostra, dejan caer lágrimas por el padrino John Gotti, el último que dominó Nueva York, muerto de cáncer en la cárcel de Springfield, Missouri. Afuera, la policía puso vallas en la calle. Adentro, un batallón de fotógrafos y periodistas está ante él, mientras en un furgón Chevy verde agentes de la Organized Crime Task Force toman fotografías de las personas que entran y salen.
Sobre dos mesas se exhiben las fotografías de la familia, la verdadera: la mujer, Victoria, y los hijos, Victoria, Angela y Peter; el otro hijo, John, está preso y Frank murió, cuando niño, en un accidente. El ataúd está flanqueado por velas y, en su interior, Gotti, desfigurado por la enfermedad que padecía, fue vestido como un dandy, como en los tiempos de oro, con un traje azul: "Ropa fina, de sastrería, todo cosido a mano", testimonia Tony DiFede, empleado de la tintorería que lo ha limpiado.
Para presentarle sus últimos respetos al jefe mafioso desfila un centenar de "soldados" y "capitanes" de los Gambino: son viejos y obesos sobrevivientes de la antigua omnipotencia de la mafia. El "consejero" de JoJo Corozzo entra en la Funeral Home bajo los flashes de los fotógrafos y los más discretos "clics" de los teleobjetivos del FBI. Detrás de él se muestran Joseph Gallo, presunto jefe en el Garment District, y George DeCicco, subjefe de Brooklyn.
La lucha por la sucesión
Los hombres del clan controlan quién besa a quién, pues ésa es la señal que orienta sobre quién se está perfilando en la lucha por la sucesión.
"Es un día importante para John (Gotti). Si pudiese salir a saludarnos, lo haría. Lo hago yo para ustedes", dice a la prensa Bruce Cutler, el abogado que once años atrás no logró evitarle a Gotti la cárcel.
En los alrededores de la Funeral Home hay un camión con flores: son los costosos y pintorescos homenajes anónimos de los fieles del "padrino".
Millones de pétalos de clavel y rosa forman el emblema azul y blanco de los Yankees, el equipo favorito de Gotti, que costó 500 dólares, así como el cigarro Cohiba, que tiene la altura de un hombre.
El jefe mafioso perdía siempre a las cartas y en el hipódromo de Belmont, razón por la cual pueden verse coronas con una mano de póquer y el caballo de carrera. Hay también flores a las que se les dio la forma de guantes de boxeo, otras con la de vasos de Martini, con seis aceitunas auténticas que forman una sola, gigante. Las coronas en algunos casos son tan pesadas que se necesita a dos hombres para introducirlas en la funeraria.
El perfume y el calor del salón donde está el ataúd constituyen una mezcla asfixiante: Richard, el hermano de Gotti, sale con un grupo de amigos para tomar un trago en un bar vecino.
"John se fue como una estrella y como un rey, como era en la vida real", comentó con admiración Lewis Kasman, un amigo de la familia que se autodefine como el hijo adoptivo del boss y que hoy lo acompañará con los familiares más cercanos al lugar del último adiós: el mausoleo de la familia en el cementerio de St. John´s, en Queens.
Se trata del cementerio oficial de la Cosa Nostra: están allí también Lucky Luciano y otros célebres "boss" mafiosos, como Vito Genovese, Carlo Gambino y Carmine Galante. En ese lugar, y con la prensa a distancia, John Gotti será sepultado junto a Frank, el hijo de 12 años de Gotti muerto en un accidente.






