
Furor en Chile por un tesoro
Sería de US$ 10.000 millones; no fue descubierto aún, pero desató una polémica
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SANTIAGO, Chile (AFP).– El posible hallazgo en la isla chilena Robinson Crusoe de un enorme tesoro enterrado por piratas a comienzos del siglo XVIII desató una verdadera “fiebre del oro” en la zona, y ahora las autoridades, los habitantes y la empresa que dice haberlo encontrado se disputan su propiedad.
La euforia comenzó a desatarse el sábado, cuando la empresa de seguridad Wagner anunció que, gracias a un robot que puede detectar metales y determinar su composición química, finalmente había encontrado la ubicación del legendario tesoro. Valuado inicialmente en 10.000 millones de dólares, contendría unas 800 toneladas de oro y joyas, entre ellas dos anillos papales y una alhaja mítica conocida como “La rosa de los vientos”.
Aunque ayer todavía no se había confirmado el hallazgo, el anuncio conmocionó a los cerca de 600 habitantes de Robinson Crusoe, una de las tres islas que conforman el archipiélago Juan Fernández, ubicado 700 kilómetros al oeste de la costa central de Chile.
Si el valor estimado del tesoro fuera correcto y éste se repartiera entre los 600 habitantes de la isla –de 94,6 km2–, a cada uno le tocaría unos 16,6 millones de dólares. “Todos comentan la noticia y especulan sobre qué podrían hacer con el dinero”, dijo Carlos Satto, director del Departamento de Turismo, Cultura y Relaciones Públicas del municipio de Juan Fernández.
Mientras, el alcalde de la isla, Leopoldo González, llamó a la calma a los lugareños de Robinson Crusoe, que lleva ese nombre en memoria del personaje de la novela de Daniel Defoe sobre el naufragio y las aventuras del marinero Alejandro Selkirk. Este último vivió supuestamente allí desde 1704 hasta 1709, cuando el archipiélago era considerado un refugio por los corsarios.
“El lugar exacto todavía no lo han informado, sólo han dado a conocer el sector, por lo tanto es prematuro empezar a soñar”, dijo González, y recordó frustradas expediciones anteriores.
La localización exacta del hallazgo se mantuvo hasta ahora bajo estricto secreto, a la espera de que las autoridades nacionales autoricen a la empresa Wagner a iniciar las excavaciones. Sólo se conoce que el tesoro estaría en los alrededores del sector denominado Tres Puntas, de acuerdo con las coordenadas que entregó el moderno robot que realizó el descubrimiento.
El aparato, conocido como “Arturito”, ya fue empleado con éxito en dos casos policiales: para hallar el cadáver de un empresario asesinado y para ubicar armamento en el enclave alemán Colonia Dignidad.
Las esperadas excavaciones no comenzarán hasta que se resuelva la controversia sobre la propiedad de la fortuna, que de acuerdo con dos artículos de las leyes chilenas debería ser repartida en partes iguales entre el descubridor y el Estado, o quedar en un 100% en manos del Fisco.
Las autoridades señalaron que la isla Robinson Crusoe es un monumento nacional y que lo que ahí se encuentra debe quedar completamente en manos del Estado, quien finalmente decidiría el futuro de la fortuna.
“La ley que rige en estos casos es la de Monumentos Nacionales, que establece que los bienes [de naturaleza arqueológica, antropológica o paleontológica] son del Estado”, dijo en forma categórica el ministro de Educación Sergio Bitar.
Sin embargo, la empresa Wagner señaló que el Código Civil establece que corresponde a los descubridores la mitad del tesoro. El abogado de la compañía, Fernando Uribe, afirmó que Wagner se beneficiará sólo con la publicidad que adquiera el robot, y que planea donar su parte al municipio de Juan Fernández y a instituciones de beneficencia.
Uribe pareció recibir el apoyo del presidente chileno, Ricardo Lagos, quien dijo anteayer que si aparece el tesoro, el Código Civil dice claramente a quién pertenecería. El alcalde González también coincidió con la empresa Wagner, pero dijo que la otra mitad del tesoro debería quedar íntegramente en manos de los habitantes de su isla. Como resultado de las disputas, el suculento tesoro podría quedar bajo tierra.
Uribe advirtió que Wagner no revelará su ubicación si el Estado chileno insiste en apropiarse de él. “Simplemente lo dejaremos ahí”, afirmó.
El tesoro, según cuenta la leyenda, fue llevado hasta las costas chilenas por corsarios que cruzaron el Pacífico, y el navegante español Juan Esteban Ubilla y Echeverría lo ocultó en la isla en 1715.
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