
Gigantesco incendio en la región del Amazonas
Desastre ecológico: la falta de lluvias favorece el avance del fuego en una superficie mayor a la de Bélgica; las llamas destruyeron ya más de 37.000 km cuadrados.El fuego alcanza a bosques y sabanas en el Estado brasileño de Roraima, y avanza sin control.
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BOA VISTA (AP).- Un incendio sin control originado hace dos meses ha devastado las sabanas y parte de la selva amazónica en una superficie equivalente a Bélgica en el estado de Roraima, en Brasil.
Las llamas se originaron en la quema de campos por parte de campesinos, que quieren convertirlos en aptos para la agricultura, y en incendios accidentales, y se extendieron con gran rapidez debido a la sequía existente en la zona, donde no llueve desde diciembre. La falta de precipitaciones es atribuida a la corriente oceánica El Niño.
Según proyecciones del Instituto Nacional de Investigaciones de Amazonia (Inpa), las decenas de focos de incendios han destruido entre 27.600 y 37.820 kilómetros cuadrados en Roraima, cuyo territorio se extiende entre Venezuela y Guyana.
El gobernador estatal, Neudo Campos, informó que las llamas ya ingresaron 20 kilómetros dentro de la reserva de los indios yanomamis, y que los bomberos no tienen forma de detenerlas.
El fuego avanza 10 kilómetros por día y reduce a cenizas los árboles. La gravedad de la situación hizo que el gobierno estatal pidiera la ayuda de Venezuela, país limítrofe al norte, y fondos federales.
Una nube de 300 kilómetros de extensión cubre diversas regiones de Roraima, donde a fines de enero se decretó el estado de calamidad pública a raíz de la muerte de 20.000 cabezas de ganado por falta de alimentos y agua.
La región amazónica es considerada el gran pulmón del mundo: su riquísima forestación y su clima cálido y húmedo hacen que, debido a la evaporación del agua y a la fotosíntesis, sea la gran proveedora de oxígeno que circunda la atmósfera.
Millones de hectáreas en llamas
RIO DE JANEIRO.- Un incendio sin control ha devastado las sabanas y los bordes de los bosques en el Estado amazónico de Roraima, en Brasil, a raíz de las sequías provocadas por el fenómeno de El Niño.
Un territorio del tamaño de Bélgica ya fue consumido por las llamas, que avanzan en forma indetenible y amenazan los territorios de los indios yanomanis, la más grande y numerosa tribu de la edad de piedra.
El siniestro se originó en la quema de campos, realizada para hacerlos aptos para la agricultura, y por incendios involuntarios.
El gobernador del Estado de Roraima, Neudo Campos, informó que el fuego ha entrado 20 kilómetros en la reserva indígena, pero no tenía datos sobre qué extensión de la selva estaría en llamas.
Las capas densas de humo y el escaso volumen de agua en los ríos han vuelto imposible llegar con auxilio hasta el lugar, donde viven unos 9000 yanomanis. Alrededor de 11.000 más viven al otro lado de la frontera, en territorio venezolano.
"Hemos perdido control de la situación", dijo el jefe de la oficina de defensa civil, Kleber Cerquinho, en una entrevista radial.
Este año, el agua de lluvias ha sido escasa en Roraima, cuyo territorio se extiende entre Venezuela y Guyana. La sequía es atribuida a la corriente oceánica de El Niño que ha trastornado los fenómenos meteorológicos en todo el mundo.
"Los viejos de aquí dicen que es otro Ôverano de humo´, como el que se produjo durante el verano de 1925-26, cuando no cayó ni una gota de lluvia de diciembre a marzo", declaró Reinaldo Barbosa, especialista en agroecosistema del Instituto Nacional de Investigaciones de Amazonia (Inpa) de Boa Vista, capital de Roraima, en la frontera con Venezuela.
"El fenómeno climático El Niño multiplicó el efecto de la quema de campos", declaró Barbosa.
Según proyecciones estimadas por el Inpa, de diciembre último a abril próximo, las decenas de focos de quemas e incendios involuntarios en Roraima, donde no llueve desde diciembre pasado, habrán devastado entre 27.600 km2 y 37.820 km2.
"Unos 31.000 km2 de sabanas y 6000 km2 de bosques", precisó Barbosa, lo que corresponde a una superficie equivalente a la de Bélgica.
Impotencia
El fuego avanza unos 10 kilómetros por día y los bomberos casi no tienen poder para detenerlo, dijo el gobernador Campos.
El gobierno estatal procuró ayuda de Venezuela y solicitó dinero federal para arrendar 22 helicópteros antiincendio rusos y norteamericanos. Pero los helicópteros no estaban disponibles e Ibama, la institución brasileña protectora del medio ambiente, dijo que, de cualquier modo, ellos no serían de gran ayuda.
"Suspendí las negociaciones y espero que eso signifique que Ibama nos dará los recursos para combatir el fuego", dijo Campos en conferencia de prensa en Boa Vista, a 4400 kilómetros de Río de Janeiro.
Dijo que, entre tanto, los bomberos y soldados del ejército han abierto 6000 pozos para recibir agua y perforan el suelo para conseguirla.
El Estado también distribuye 30.000 raciones de comida entre las víctimas, muchas de ellas para los indígenas en las reservas. La mayoría fue dada a pequeños agricultores que han perdido sus casas y plantaciones.
Disputas políticas han demorado las operaciones. Campos dijo que a los burócratas federales no les preocupa la suerte de la pobre y remota región. Pero algunos sospechan que el Estado exageró los informes sobre la destrucción para obtener recursos federales.
Una densa humareda cuelga sobre Boa Vista, ciudad de 150.000 habitantes que creció con la minería del oro. Un olor penetrante a quemado se siente aún antes de bajar de los aviones que llegan aquí.
Campos dijo que el fuego en la sabana podría llevarse otras 100.000 hectáreas antes de extinguirse. Pero no hay manera de saber lo que ocurrirá cuando llegue a la selva.
Alrededor del 12 por ciento de los cinco millones de kilómetros cuadrados de jungla amazónica ha sido devastada por madereros y agricultores. El gobierno dice que la destrucción alcanzó niveles récords en 1995 antes de equilibrarse en los dos años siguientes.
Los expertos dicen que aunque El Niño languidece, sus efectos serán sentidos por años.




