Grecia camina hacia el precipicio

Landon Thomas JR.
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21 de septiembre de 2011  

LONDRES.– Menor crecimiento económico en Europa y, probablemente, en Estados Unidos. Enormes pérdidas para los principales bancos europeos. Bolsas en baja alrededor del mundo. Un endurecimiento del crédito, que dificultará a muchos obtener un préstamo.

A medida que crece la preocupación por el posible default de Grecia, los economistas comienzan a delinear los escenarios posibles. Aunque ninguno sabe a ciencia cierta qué ocurrirá, todos dan por descontado que las crisis financieras siempre tienen consecuencias inesperadas, y muchos predicen que se producirán daños colaterales.

A causa de estos temores, Grecia trabaja contra reloj junto con el resto de Europa para evitar el default, profundizando las medidas de austeridad que había prometido implementar a cambio del dinero del rescate europeo para pagar los intereses de su deuda.

Pero algunos economistas creen que el default es inevitable, y que incluso quizás hasta sea mejor para Grecia, a pesar del impacto momentáneo que tendría sobre el sistema, y quizás eventualmente también sobre Europa. Empezaron

a preguntarse si las consecuencias de un default o de una reestructuración de la deuda mucho más radical, por salvaje que sea, sería peor o no para Grecia que el miserable sendero que recorre actualmente.

Un default aliviaría a Grecia de pagar una montaña de deuda que no puede afrontar, sin importar cuánto recorte el gasto público el gobierno, que ya ha causado una retracción de la economía.

Mientras que otros países cayeron en default en los últimos años sin producir un efecto de contagio sistémico, los analistas que evalúan el caso de Grecia advierten que su deuda es mucho más elevada, y que por lo tanto los efectos de sacudón podrían ser más graves.

La deuda pública total de Grecia es de 370.000 millones de euros, algo así como 500.000 millones de dólares. En comparación, en el momento de su default, en 2001, la deuda de la Argentina era de 140.000 millones de dólares, y cuando Rusia quebró, en 1998, su deuda era de 79.000 millones.

Los economistas también señalan que un default de la deuda griega podría presionar aún más a Italia, que aunque es solvente, está intentando aplicar medidas de austeridad y encontrar el modo de estimular el crecimiento.

Para colmo, la deuda soberana de Italia es cinco veces más grande que la griega, y si Grecia entra en default podría crecer el temor acerca de la capacidad de Italia para cumplir con sus obligaciones.

En parte, lo que podría ocurrir al día siguiente del default griego dependería de la capacidad de los líderes de Europa para generar una barrera que evite que sus efectos se extiendan como un reguero de pólvora.

Eso requerirá que los altos funcionarios europeos trabajen juntos de un modo que hasta ahora no han logrado hacer, ya que en algunos países gastar miles de millones más para rescatar a Grecia tiene un costo político muy alto.

Pérdidas de los bancos

El rescate de los bancos será crucial, tanto si Grecia entra en default como si impone una dura reestructuración, mientras que los bancos podrían verse forzados a aceptar mayores pérdidas en sus papeles, en relación con el benigno 21% de pérdida que se les está pidiendo que acepten ahora como parte de un segundo paquete de rescate de 109.000 millones de euros otorgado a Grecia en junio.

En un reciente informe sobre el efecto contagio que se produciría en el peor de los escenarios posibles –si la severa reestructuración de la deuda griega obliga a otros países europeos a aceptar pérdidas también en sus bonos– Merrill Lynch estimó que las pérdidas generales de los bancos europeos podrían ascender a los 543.000 millones de dólares. Los más perjudicados serían los bancos franceses y alemanes, porque son los mayores tenedores de deuda griega.

El default de Grecia también podría ser muy costoso para el Banco Central Europeo (BCE). Para ayudar a salvar a Grecia, se cree que el banco adquirió unos 40.000 millones de euros en bonos griegos, a un precio mucho más alto de la actual cotización en el mercado.

Si el BCE se viera obligado a aceptar grandes pérdidas en sus papeles de la deuda griega, también podría necesitar una inyección de capitales. Lo más probable es que la mayor parte del esfuerzo recaiga sobre Alemania.

Otra gran incógnita que sobrevuela es el hecho de que a diferencia de otros países que han entrado en default en el pasado, Grecia no posee moneda propia.

De hecho, salir de la eurozona y volver al dracma le permitiría a Grecia devaluar su moneda frente al resto de Europa, lo que la volvería más competitiva y tal vez serviría para dar impulso al crecimiento económico.

Por el momento, los funcionarios griegos juran y perjuran que ni el default ni el abandono de la eurozona y la devaluación están siendo evaluados.

Quienes siguen de cerca la dinámica presupuestaria de Grecia señalan que, a pesar de la preocupación por el déficit, es muy probable que el año próximo Grecia alcance un superávit presupuestario primario, lo que significa que, sin las altas tasas de interés que paga por su deuda, tendrá un presupuesto superavitario.

La historia demuestra que un país sólo toma un camino tan drástico como cortar sus vínculos con sus acreedores internacionales cuando se ha ajustado el cinturón lo suficiente para alcanzar un superávit fiscal y no salen del rojo sólo a causa de los pagos que deben hacer a sus banqueros.

Ese fue el caso de los defaults soberanos más recientes, incluyendo los de la Argentina, Ecuador, Indonesia y Jamaica. "En mi opinión, lo mejor para los intereses de Grecia en este momento es el default, pues no hay perspectiva posible de que pueda pagar su deuda", dijo Desmond Lachman, ex economista del FMI.

"Si la reestructuración es inevitable, mejor que sea ahora."

Traducción de Jaime Arrambide

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