Groenlandia: las burlas en Dinamarca ante la "descabellada" idea de Trump de comprar la isla

Donald Trump, en un acto de campaña en Nueva Jersey
Donald Trump, en un acto de campaña en Nueva Jersey Fuente: AFP
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16 de agosto de 2019  • 13:56

"Si es cierto que está pensando en eso, es una muestra definitiva de que se ha vuelto loco", aseguró Søren Espersen, portavoz en Asuntos Exteriores del Partido Popular Danés, tercera fuerza parlamentaria de Dinamarca.

"La idea de que Dinamarca venda 50.000 ciudadanos a Estados Unidos es completamente ridícula", agregó.

"Debe ser una broma del día de los inocentes completamente fuera de temporada", afirmó en su cuenta de Twitter el exprimer ministro danés y actual líder de la oposición, Lars Lokke Rasmussen.

Estos mensajes, que en pocas palabras plasman un estado de sorpresa y completa incredulidad, son algunos de los que inundaron Twitter en las últimas horas ante las palabras de Donald Trump de que está considerando comprar Groenlandia, un territorio autónomo que políticamente pertenece a Dinamarca.

Un poco en broma un poco en serio, el presidente estadounidense ha expresado interés -en cenas, reuniones y en conversaciones casuales- en adquirir esta isla cubierta de hielo ubicada entre el Atlántico Norte y el Ártico.

Pero, como indicó el ministerio de Relaciones Exteriores de Groenlandia, la isla no está en el mercado.

"Groenlandia es rica en recursos valiosos como minerales, agua de la más pura y hielo, peces, mariscos, energía renovable y es una nueva frontera para el turismo de aventura", señaló en un comunicado.

"Estamos abiertos a hacer negocios, pero no estamos a la venta".

La idea parece haber germinado en la mente de Trump hace pocos meses, tras escuchar en una reunión que Dinamarca estaba experimentando problemas financieros para financiar a Groenlandia.

Si bien Groenlandia cuenta con vastos recursos naturales, recibe cerca US$590 millones en subsidios al año, según estadísticas gubernamentales, un monto que equivale al 60% de su presupuesto anual.

Alguien que participaba en el encuentro sugirió la compra de la isla más grande del mundo como una posibilidad, y entonces Trump le planteó la pregunta directamente a sus asesores.

Desde entonces estos -que se dividen entres quienes toman la propuesta en serio y quienes la consideran un capricho pasajero- han empezado a investigar si se trata o no de un objetivo realizable, dice el diario Wall Street Journal.

Precedentes

Por descabelladas que puedan parecer las aspiraciones de EE.UU. sobre Groenlandia, no es la primera vez que EE.UU. muestra interés por esta isla de 56.000 habitantes y 2.166.086 km².

El presidente Harry Truman hizo una oferta para adquirirla por US$100 millones en 1946 que se topó con el rechazo de las autoridades danesas y, antes de Truman, el Departamento de Estado había iniciado en 1867 una investigación con el mismo fin.

Tampoco sería la primera vez que Dinamarca le vende territorio a EE.UU.: en 1917, este último país le compró a Dinamarca las Indias Occidentales y las rebautizó Islas Vírgenes de EE.UU.

Pero independientemente de que se trate de una fantasía o un planteo serio, ¿para qué querría Trump comprar Groenlandia? ¿Qué beneficios le aportaría a EE.UU.?

¿Seguridad? ¿Legado?

Los medios estadounidenses no especifican razones, pero sí especulan con posibles motivaciones. Unos hacen hincapié en los recursos naturales de los que está dotada la isla, como el carbón y el uranio.

También apuntan a su importancia geoestratégica por su cercanía al Ártico y por el interés que representa para EE.UU. en términos de seguridad nacional.

Un antiguo tratado entre Dinamarca y EE.UU. que data de 1951 le otorga a este último amplios derechos militares sobre su Base Aérea de Thule, en el norte de la isla.

Esta base, situada a 750 Km al norte del círculo polar ártico, cuenta con una estación de radar que forma parte del sistema de detección temprana de misiles balísticos.

Otros sugieren que se trata de una muestra de poder expresada a través de sus adquisiciones o de construir su legado.

Habrá que ver si en la visita que Trump tiene prevista a Dinamarca a comienzos de septiembre -un viaje planificado con antelación que no guarda relación con este tema- la propuesta se vuelca sobre la mesa.

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