Intimidades del vuelo papal: Francisco, entre periodistas y selfies

LA NACION acompañó al Sumo Pontífice en el avión que lo condujo desde Roma a Corea; saludó uno por uno a los 72 reporteros; es su tercer viaje internacional
Elisabetta Piqué
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14 de agosto de 2014  • 03:13

A BORDO DEL VUELO PAPAL.- Son las 16.44 cuando estalla un aplauso entre los 72 periodistas de once países que viajan en el Airbus A 330 de Alitalia con rumbo a Seúl. Desde la parte delantera del avión -que ha despegado a las 16 desde el aeropuerto romano de Fiumicino-, con una sonrisa aparece él, Francisco .

También en este viaje con rumbo a Seúl, el tercer viaje internacional de su pontificado y el primero del Papa jesuita a Asia -vuelve a repetirse el esquema que se había dado las dos veces anteriores (a Brasil y a Tierra Santa). El Papa primero dice unas palabras y luego saluda, uno por uno a los 72 privilegiados periodistas. Y promete que al regresar contestará preguntas, volviendo a esa "fosa de los leones", que "en verdad no muerden", bromea, relajado. "Les agradezco por su trabajo, por la compañía y sepan que este no va a ser un tour sino un viaje denso. Buen viaje y recen por mí por favor", se despide.

Durante su aparición, que en total dura poco menos de media hora, el Papa argentino vuelve a sorprender por esa revolución de la normalidad que encarna, por su espontaneidad, humildad, humanidad y afabilidad con todo el mundo. Se concede sin reparos, le pone la oreja y escucha a quien necesita pedirle un consejo o que rece por algún pariente enfermo, se toma el tiempo para bendecir a esa foto de ese bebe recién nacido, rosarios, recibe algunos dones -libros, cartas-, ríe, ostenta humor, y no se hace ningún problema cuando algún periodista -y son varios-, se anima a pedirle una selfie.

Ko Jung Ae, una de los diez periodistas coreanos que está en el avión papal -pelo corto con flequillo, ojos negros-, queda impactada. "Sabía que este Papa es distinto, es novedoso, de hecho tengo muchos amigos ateos que cuando se enteraron que iba a viajar con él, me pidieron que lo salude de su parte porque lo admiran. Pero lo que acabo de vivir superó todas mis expectativas. Este Papa es excepcional", dice a LA NACION con el habitual tono parco y controlado coreano. Ko Jung Ae cuenta que justamente para poder mostrarle luego el souvenir a sus amigos ateos-admiradores del Papa, se animó a pedirle a Francisco una selfie. Y como ha hecho en muchísimas otras ocasiones y acostumbrado a la nueva moda -para alegría de fotógrafos y camarógrafos-, el Pontífice accedió, como si nada.

Ko Jung Ae, que sabe que éste es su primer y úlltimo vuelo papal -por eso también se animó a pedirle la selfie-, confiesa que ella, que forma parte de ese 10% de la población de Corea del Sur que es católico, se había distanciado de la Iglesia en los últimos 20 años. "Pero el Papa hizo un milagro, volvió a hacerme pensar y a acercarme a la Iglesia", me cuenta.

Durante su aparición a más de 10.000 metros de altura, el Papa no sólo conquista a los 10 periodistas coreanos que por primera vez suben al vuelo papal. También los "veteranos", que ya tienen sobre sus espaldas la experiencia de los otros dos viajes con Francisco, quedan impactados-emocionados. Cuando, al recibirlo en la "fosa de los leones", el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, le cuenta que horas antes Simone Camilli, un colega fotógrafo italiano de la AP, murió en Gaza al estallar un misil que policías palestinos intentaban desactivar, el rostro de Jorge Bergoglio se desencaja. Parece reprimir un llanto. Cuando toma el micrófono, lo primero que hace es pedir una oración silenciosa para el colega muerto en Gaza, que murió en "servicio". El Papa cierra los ojos, baja la cabeza y entonces el silencio sólo es roto por el ruido de los motores del Airbus 330 de Alitalia y de los chasquidos de los camarógrafos que retratan a ese rostro dolido, con los ojos cerrados, de Jorge Bergoglio. "Son consecuencias de la guerra... Es así", nos dice luego a los 72 periodistas. "Gracias por su servicio, gracias por todo lo que hacen. Y les recomiendo dar un mensaje de paz. Es feo lo que pasa ahora"', agrega.

Ko Jung Ae no habla italiano, no ha entendido lo que ha dicho Francisco -lo hará más tarde-. Pero ha captado el dolor, sincero y esa oración silenciosa de ese Papa excepcional que, minutos más tarde, posará sonriente con ella en una selfie inolvidable.

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