Israel, paralizado por una nueva guerra: misiles, alertas constantes y el temor a una escalada mundial
La llegada masiva de misiles iraníes mantiene al país en estado de emergencia y obliga a millones a refugiarse pero bajo tierra; analizan nuevas operaciones en el Líbano y crece el apoyo interno a Netanyahu
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JERUSALÉN.– “Se esperan alertas en algunos minutos. Busque la mejor protección cerca suyo. Cuando reciba la alerta, entre en un espacio protegido hasta nuevo aviso”.
Es la “bienvenida” que uno recibe en el celular al llegar a Israel, país sumergido desde el sábado pasado en una nueva guerra de dimensión desconocida, que se va ampliando peligrosamente con el correr de las horas -alcanzó al Líbano y hasta a Chipre, miembro de la Unión Europea- y que muchos temen que degenere en una conflagración ya no regional, sino mundial.
“¿Vino para ver la guerra?”, pregunta a esta periodista, irónica, la funcionaria israelí del control fronterizo del puente Rey Hussein, también llamado Allenby, en el límite con Jordania. Debido a la nueva guerra que nadie sabe cuántas muertes ha sembrado, que ha puesto al mundo en vilo, alterado los mercados porque los precios de petróleo y gas se han disparado, el tráfico aéreo también se encuentra en el caos. Miles de vuelos que pasan por este Medio Oriente en llamas han sido cancelados y la única forma de llegar a Israel es por tierra.
El reloj marca la una de la tarde. Es una jornada de sol, hace calor, estamos en pleno desierto, cerca del Mar Muerto, del valle del Jordán, del sitio donde fue bautizado Jesús, de la ciudad bíblica de Jericó -una de las más antiguas del mundo- y la primera señal al poner pie en Israel es el aviso de un nuevo ataque que llega en el celular. Algo que se ha vuelto habitual desde el sábado, cuando comenzó la operación bautizada aquí “rugido de León” y “furia épica” en Estados Unidos y un nuevo período de incertidumbre absoluta y terror.
Está llegando una nueva andanada de misiles desde Irán -el mapa en el celular se ha teñido de rojo, el peligro está en el norte, en el centro y en el sur del país- y hay que buscar refugio. Suenan las sirenas, se oyen el zumbido de aviones caza, fuertes explosiones -son los disparos del sistema de defensa que intercepta en el aire el fuego enemigo- y en el cielo azul, despejado, se ven las nubecitas que marcan los impactos. Hay grupos de palestinos que acaban de volver a las apuradas de su Hajj, la peregrinación a la Meca, Arabia Saudita, que indican levantando el brazo, con la boca abierta, esas manchas de guerra que de repente ensucian el cielo azul.
Como pudo verse en la guerra de los 12 días contra Irán, de junio pasado, aunque el Escudo de Hierro que protege es excelente y en la gran mayoría de los casos, elimina la amenaza, no es infalible. El comando central de las Fuerzas de Defensa de Israel, en efecto, comunica poco después que, en el marco de esa andanada, un misil de los ayatollah cayó en la ciudad de Be’er Sheva, en el sur, causando pánico y heridas a 19 personas.
En la víspera, otro misil impactó en Beit Shemesh, pequeña ciudad a media hora de Jerusalén, y causó la muerte de 9 personas. Tres hermanos -Sarah Bitton, de 13 años, Avigail Bitton, de 15 y Jacov Bitton, de 16, fueron las últimas víctimas de esa ataque en ser identificadas este lunes. Eran ortodoxos y su foto, vestidos de fiesta, las chicas de blanco, el chico, con traje y sombrero negro, en medio de globos rojos con forma de corazón, inundan los medios israelíes. Y estremecen.
Un país paralizado
La autopista número 1, que desde el paso fronterizo de Allenby lleva a Jerusalén, es la imagen de la desolación de esta nueva guerra de consecuencias imprevisibles que ha paralizado Israel, volviéndolo un país fantasma. Como en junio pasado, debido a la emergencia, salvo los negocios esenciales -farmacias y supermercados-, todo se encuentra cerrado. Las persianas bajas son parte del paisaje de un Israel al borde de un ataque de nervios, llamado a quedarse en casa, a estar nuevamente en guardia, listo para correr al refugio porque en cualquier momento llega el aviso en el celular de que hay otro ataque.
Este lunes han sido llamados más de 100.000 reservistas y se habla de una nueva operación militar en el Líbano para derrotar de una vez por todas al ya diezmado grupo terrorista pro-iraní, Hezbollah, que por la mañana rompió la tregua que mantenía desde octubre de 2024. Otra escalada a un frente, en el norte, que todos creían congelado.

“Ni siquiera los médicos atienden… A menos de que se trate de una emergencia, hay que quedarse en casa y en todo caso envían recetas de medicamentos por mail”, dice Rocky, uno de los pocos taxistas que ha salido a trabajar, que habla resignado y que, como todos, está acostumbrado a vivir en un estado de guerra semi permanente. “No es normal vivir de esta forma”, comenta, moviendo la cabeza.
Aunque muchos se ilusionaron con que el estado de emergencia iba a poder levantarse después del martes, feriado por la fiesta religiosa judía del Purim, el Comando Central de las FDI advirtió este lunes que se prolongará hasta el sábado próximo, por ahora. Así como está prohibido ir a trabajar, salvo que se trate de actividades esenciales, también están prohibidas las reuniones.

Las playas de las costas del país -de Tel Aviv, Haifa y demás ciudades costeras- han sido cerradas al público. También la Ciudad Vieja de Jerusalén, sagrada para cristianos, musulmanes y judíos -meta de peregrinos de todo el mundo-, se encuentra vacía, cerrada, con sus negocios y callecitas totalmente desoladas, silenciosas. “Sólo pueden entrar los residentes”, explican unos soldados armados hasta los dientes que están al lado de unas vallas colocadas a cien metros de la emblemática Puerta de Damasco. Y es lógico: si llega a sonar una alarma, allí no hay refugios públicos.
Aunque la sensación es de “dejá vu”, que es todo muy parecido a la guerra de los 12 días lanzada por Israel (secundado luego por Estados Unidos) contra Irán, en junio pasado -que comenzó horas después de que el presidente Javier Milei abandonara el país después de una visita triunfal-en verdad no es tan así.
“Es muy distinto. En la guerra de los 12 días no vimos tantos misiles aquí, en Jerusalén. Esta vez, todos los días están lanzando misiles hacia Jerusalén en forma muy abierta y a mí me ha sorprendido enormemente, también porque estamos en pleno Ramadan”, dice a LA NACION Noga Tarnopolsky, periodista y analista argentino-israelí que trabaja para medios franceses. “El otro día encontraron una parte explosiva de un misil muy cerca de la Ciudad Vieja, en el parque llamado de la Pileta del Sultán, lo cual es algo nuevo”, apunta.
Pero no es la única diferencia. En junio del año pasado había otro contexto, Israel seguía empantanado en Gaza y aunque pareció larga, doce días, fue una guerra acotada. “Desde Irán ahora están apuntando hacia Jerusalén, están apuntando hacia las bases británicas de Chipre, Europa, y están llevando la misma guerra contra Israel a las monarquías árabes del Golfo, y esto es algo muy, muy peligroso”, advierte. Para Tarnopolsky, que no tiene duda de que Irán, como en un manotazo de ahogado, quiere arrastrar a toda la región al conflicto, la situación podría llegar a degenerar en una guerra mundial. “No sé hasta qué punto van a poder controlar todo esto“, comenta, preocupada.
Netanyahu capitaliza la guerra
En medio del temor a lo que vendrá, de las sirenas constantes, de las alertas, de los nervios, de los padres que no saben cómo calmar a sus hijos, de las corridas al refugio, de las noches sin poder dormir, como ocurrió en junio pasado y a diferencia de lo que pasó con la guerra en Gaza, la opinión pública cierra sus filas alrededor del premier Benjamín Netanyahu. “Bibi” Netanyahu cosecha puntas de consenso de hasta el 80% y hasta la oposición lo apoya en esta arriesgada aventura bélica.

Netanyhau sabe que esta operación es una de las apuestas más atrevidas de su larga carrera política. Y espera que, con el derrocamiento del régimen iraní, además de eliminar realmente “las amenazas existenciales contra Israel” -su obsesión de los últimos 30 años-, la población olvide la humillación del 7 de octubre de 2023 -que nadie investigue cómo fue posible semejante falla de la seguridad- y gane las próximas elecciones (que deberían tener lugar en octubre próximo, o antes).
Netanyhau se acercó este lunes a visitar la ciudad de Beit Shemesh, epicentro de una enésima tragedia, donde nueve seres humanos pagaron el precio de esta guerra que parece desbocarse, que ha causado un verdadero terremoto en el mundo.
משטר הטרור בטהרן יורה על אזרחים, ואנחנו יורים על משטר הטרור כדי להגן על אזרחים. יצאנו למערכה כדי להרחיק איומים קיומיים וכדי ליצור את התנאים לעם האיראני האמיץ לפרוק מעליו את עול העריצות. היום הזה קרב - וכשהוא יגיע ישראל וארה”ב יהיו שם״*
— Benjamin Netanyahu - בנימין נתניהו (@netanyahu) March 2, 2026
״קודם כל אזרחי ישראל אני מבקש מכם למלא אחר… pic.twitter.com/AshObev3gN
“Cuando estoy aquí, en un lugar que fue bombardeado por terroristas de Teherán contra civiles inocentes, se ve la diferencia. Los tiranos de Teherán atacan a los civiles. Apuntamos a los tiranos de Teherán para proteger a los civiles”, explicó, en modo campaña. “He dicho durante muchos años que amenazan no sólo a Israel y no sólo a Estados Unidos. Ellos gritan: ‘Muerte a Israel, muerte a Estados Unidos’. Ese es su objetivo final. Pero dije que también apuntarían a los que se encuentran en el medio, que apuntarían a Europa. Lo hicieron”, añadió, aludiendo a la alarmante escalada de las últimas horas.
“Y si este régimen, este régimen terrorista como nunca hemos visto en el mundo, consigue armas nucleares y los medios para lanzarlas -misiles balísticos, misiles balísticos intercontinentales-, amenazarán a toda la humanidad. Así que nos propusimos protegernos. Pero al hacerlo, protegemos a muchos otros”, sumó, insistiendo en una narrativa que aquí ha calado hondo. Convencido de estar protagonizando una verdadera epopeya que nadie sabe cómo terminará, Netanyahu agradeció especialmente a su gran amigo y “gran líder del mundo”, Donald Trump, “por unirse a nosotros en este esfuerzo crucial para salvar el mundo”.
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