
John Allen Muhammed: el francotirador de Washington
2002
Con una idea perversa, logró sembrar el pánico en Washington, el corazón de la principal potencia mundial. Y tuvo a medios de varios países siguiendo sus pasos durante semanas en octubre de 2002.
Los colegios se vieron obligadas a tomar medidas de emergencia porque cualquiera, incluso los niños, podía ser un blanco del "francotirador" que a sangre fría asesinó a 10 personas e hirió a otras tres en Virginia, Maryland y Washington.
Sus víctimas, elegidas al azar, morían mientras realizaban tareas cotidianas como cargar nafta o cortar el césped.
Las fuerzas de seguridad tardaron en descubrirlo, pese a que estaban en máxima alerta a sólo meses de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Durante la tercera semana de ataques, la policía recibió una carta que ponía un precio para sacar el dedo del gatillo: 10 millones de dólares.
Finalmente, el 24 de octubre, se reveló el misterio que había mantenido al país en vilo. El francotirador lograba pasar inadvertido porque disparaba desde el baúl de su auto, adaptado para permitir al atacante disparar a través de un pequeño agujero.
También se descubrió que el hombre detrás de la mira era John Allen Muhammad, un hombre de 41 años experto en el manejo de fusiles M16 -había peleado durante la Guerra del Golfo- y que había cambiado su verdadero apellido -Williams- después de convertirse al islam semanas después de los atentados del 11 de Septiembre.
Por otra parte, se reveló que el asesino no actuaba solo: lo ayudaba su hijastro, Lee Boyd Malvo -alias John Lee Malvo-, un jamaiquino de 17 años.
Ambos cayeron bajo sospecha de ser los responsables de una serie de muertes similares ocurridas en otros cinco estados norteamericanos durante los meses previos a octubre de 2002.
2006
John Ashcroft, entonces fiscal general en Estados Unidos, presionó para que Muhammad y Malvo fueran juzgados primero en Virginia, el segundo estado del país después de Texas en el ranking de ejecuciones. Ambos fueron acusados allí de la muerte de tres personas, entre ellas un agente del FBI.
Muhammad fue condenado a muerte en noviembre de 2003, pese a que se declaró inocente y aseguró que cuando fue detenido en Washington estaba buscando a sus cuatro hijos y a una de sus dos ex esposas, tras un divorcio conflictivo.
La semana pasada, Muhammad fue condenado a cadena perpetua en Maryland, donde lo hallaron culpable de otros seis homicidios después de un largo juicio, en el que actuó como su propio abogado y en el que Malvo declaró por primera vez en su contra.
Este último, condenado en Virginia a cadena perpetua sin libertad bajo fianza, dijo que Muhammad le había lavado el cerebro y lo había transformado en "un monstruo". Aseguró que él había disparado contra tres de las 13 víctimas, mientras que Muhammad se había ocupado del resto.
Según Malvo, el francotirador planeó dos fases de ataques: la primera, con armas de fuego durante un mes, seguida de una ola de atentados con explosivos contra ómnibus escolares y hospitales de niños.
Malvo afirmó que cuando le preguntó a Muhammad por qué debían hacer eso, éste respondió: "Para sembrar terror. Lo peor que se puede hacer a una persona es atacar a sus hijos".
Por otra parte, reveló que con los 10 millones de dólares que planeaba conseguir mediante su extorsión a las autoridades Muhammad quería crear una escuela en Canadá donde se pudiera enseñar a niños desamparados a usar armas y explosivos.



