Juan Sartori: "La política uruguaya era un coto cerrado donde estaban siempre los mismos"

El empresario de 38 años avanza en las encuestas y se propone desbancar al Frente Amplio en las elecciones presidenciales de octubre próximo
El empresario de 38 años avanza en las encuestas y se propone desbancar al Frente Amplio en las elecciones presidenciales de octubre próximo Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Ramiro Pellet Lastra
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16 de febrero de 2019  • 12:17

Seis meses atrás nadie fuera de los negocios sabía quién era Juan Sartori. De pronto este empresario de 38 años, que hizo fortuna desde muy joven en el mundo de las finanzas y se dio el lujo de comprar un club de fútbol, el Sunderland inglés, se lanzó a la política uruguaya y disputará la interna del Partido Nacional.

Si supera esa contienda, Sartori intentará desbancar al Frente Amplio (FA) en las elecciones del 27 de octubre. Por ahora va tercero en las encuestas de la interna -detrás de Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga-, pero su rápido avance puso en alerta a los referentes del tradicional partido de la derecha uruguaya, que no quieren sobresaltos y cuestionan sin reservas al "paracaidista" que quiere ser presidente.

En diálogo con LA NACIÓN, el empresario defendió su decisión de entrar en el "coto cerrado" de la vida política uruguaya para ayudar a dinamizar el país y a devolverle su brillo.

-Su llegada a la política pareció romper con ese mito de que la política uruguaya no tiene sorpresas y generó mucho revuelo. ¿Por qué se decidió a entrar?

-Yo creo que el sistema político, como muchas cosas en Uruguay, había pasado de lo tradicional que siempre fue a algo casi paralizado. Era un coto cerrado donde sólo se entraba por apellido, por 30 o 40 años de militancia, donde eran siempre los mismos. Y eso en un mundo que cambia cada vez más rápido. Creo que había un sentimiento en la gente de que no había opciones nuevas que correspondieran con ese nuevo mundo. Eso se juntó con un momento donde la gente siente que estamos perdiendo cosas que siempre tuvimos. Era un país seguro, ahora hay bastante inseguridad. Era un país donde la actividad económica se desarrollaba y ahora hay tantos impuestos, tanta burocracia que muchos se están yendo. Nunca tantos uruguayos quisieron irse del país. A mí me había ido bien en las empresas desde muy temprano pero decidí entrar en política para intentar renovar, porque la política es donde se hacen los cambios realmente.

-Referentes de los blancos lo acusan de no haber actuado jamás en política, de ser un "paracaidista" que vivió años fuera del país…

-Y, no me gusta el término, pero es verdad. Si consideran que es alguien que apareció de afuera del sistema político y que fue una sorpresa que apareciera de esa manera, está bien, fue así. Como me dicen también "el millonario". Sí, es verdad. Capaz que no soy un candidato perfecto pero creo que represento la renovación de la política en Uruguay. Una política mucho más moderna. Más joven. En todo el mundo se está viendo cantidad de presidentes de mi generación, más integrada al mundo, más moderna y sobre todo menos ideológica. En Uruguay parecía que estábamos encerrados en los años 80 o 90, con las mismas personas, los mismos apellidos, las mismas ideas. Esos políticos reaccionan de manera muy dura porque no les pedí permiso. No hay otra razón. Pero la gente en general ve con muy buenos ojos que perfiles distintos puedan participar en política.

-¿Qué significa volver a ser "la Suiza de América", como se escuchó decir en su entorno sobre las posibilidades de crecer de Uruguay?

-Significa volver a ser lo que siempre fuimos como país. Un país que funcionaba bien, donde había un Estado fuerte pero que daba los mejores servicios. Una educación pública de calidad que fue orgullo en el mundo; salud para todos; un país seguro. Era un país de una calidad de vida superior. Ahora no genera oportunidades para que la gente se desarrolle de buena manera. Y además, en vez de estar integrados al mundo, que hoy es de innovación y de nuevas industrias, estamos alineados ideológicamente con países que van cayendo como Venezuela o Bolivia. Para mí hay que redinamizar la economía con menos trabas, menos impuestos, generar motivación en todos los actores. La mala administración y el clientelismo han llevado a una ineficiencia enorme.

-Uruguay siempre se sintió perjudicado en el Mercosur. ¿Qué puede hacer como país para mejorar su posición en el mundo y potenciar sus virtudes?

-El Mercosur fue una muy buena idea que no funcionó exactamente como todos querían, hay países que son muy chicos como Uruguay y no se sienten bien representados. Mi visión del Mercosur es que hay que mantenerlo, pero permitiéndole a Uruguay firmar acuerdos de manera independiente. Se ha sentido un poco prisionero. Tiene que tener la capacidad de ir a buscar mercados y poder ser mucho más libre y más rápido en la firma de esos tratados.

-¿Por qué cree que el gobierno de Tabaré Vázquez mantuvo su respaldo a Nicolás Maduro en la crisis venezolana, cuando toda la región lo hace responsable?

-Venezuela es el típico ejemplo en el cual Uruguay se alineó con Bolivia y México para defender a Maduro. El único eje en el mundo que agarró para ese lado es con Uruguay. No le hace bien a la imagen de nuestro país, que siempre fue serio, democrático, neutro, que apoya las libertades. Y peor de todo cuando ya toda la comunidad internacional había dicho que hacían falta elecciones libres. Es el sentido común y es lo que el pueblo venezolano quiere. Y bueno, ahí Uruguay agarró para el otro lado.

-¿Cómo ve la relación con la Argentina?

-Nosotros somos socios, somos países hermanos, pero creo que se ha perdido el sentido de colaboración, más allá de que los argentinos van a veranear a Uruguay y de que hay mucha inversión argentina. No sé si hay tanta colaboración política como debería haber. Uruguay quedó medio abandonado en esa renovación que hubo en toda América Latina, y este gobierno se sigue sintiendo como ese país de izquierda que es distinto de los otros. Se ha aislado en esa posición. Nos beneficiaríamos muchísimo los dos países de tener más cosas en común, donde se armen políticas que sean más que simplemente el libre intercambio de bienes y servicios. Que sean políticas podamos trabajar en la región, donde nos alineemos como Río de la Plata a la innovación y a las nuevas tecnologías.

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