La Amazonia brasileña, un hervidero de tensiones que se aviva con los incendios

Incendio forestal cerca de Porto Velho
Incendio forestal cerca de Porto Velho Fuente: Reuters
Alberto Armendáriz
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27 de agosto de 2019  • 20:58

PORTO VELHO.- La vasta Amazonia brasileña es un hervidero de tensiones que, al igual que la cifra récord de incendios que este año arrasan su vegetación, resultan muy difíciles de aplacar. La ganadería, la agricultura, la explotación maderera, la minería y la producción de energía hidroeléctrica son las principales causas de la deforestación, pero también sirven de subsistencia para millones de personas que viven en la selva y sus alrededores. "Como en las ciudades, acá hay criminales, pero también mucha gente de bien, que trabaja muy duro en la selva, convive con ella y la respeta", dijo a LA NACION Faisca Ferreira, un carnicero de Vila Nova de Samuel, cerca de Porto Velho.

"No todos somos bandidos que queremos destruir nuestra fuente de recursos", añadió Ferreira, de 56 años, en su negocio del pueblo, sobre el borde de la Reserva Nacional de Jacundá, 100 kilómetros al nordeste de la capital del estado amazónico de Rondonia, uno de los más afectados por las llamas.

Allí, cualquier pregunta sobre los incendios forestales -que hoy alcanzaron los 82.285 en lo que va del año- era recibida con miradas de desconfianza y negativas para hablar del tema. Los locales creen que la prensa exageró la magnitud de los fuegos y que ahora las autoridades reaccionan de manera desmedida. "Las quemas son algo común para preparar la tierra para plantar cultivos o pasto para el ganado. Efectivos de la Fuerza Nacional de Seguridad apresaron hoy a un pequeño agricultor por quemar unos pastizales. El tipo nació y se crio aquí, ¿realmente creen que no sabe lo que hace en su tierra?", se quejó un joven cliente de la carnicería, que se negó a dar su nombre y escupió al suelo antes de alejarse, irritado.

Trabajo de bomberos en Porto Velho
Trabajo de bomberos en Porto Velho Fuente: AP

Para llegar a Vila Nova de Samuel desde Porto Velho es necesario desviarse por caminos de tierra de la ruta BR-364, que corta casi toda Rondonia en diagonal, y que a través de sus 4230 kilómetros conecta el estado de Acre, en el extremo oeste de Brasil , con el de San Pablo (sudeste). Construida en la década del 60, es una de las principales vías para transportar la soja y el maíz del norte del estado de Mato Grosso hasta el puerto de Porto Velho, donde los granos son llevados en barco por el río Madeira hasta Manaos y desde allí, por el Amazonas, hasta Belem (nordeste). La BR-364 es parte de un gran corredor que en su momento causó un fuerte daño ambiental por la deforestación hecha para abrir la ruta y tuvo un fuerte impacto socioeconómico en toda la región.

A mitad de camino entre Vila Nova de Samuel y la BR-364, sobre el río Jamari, está la usina eléctrica de Samuel, que data de mediados de los 80, al final de la dictadura. Se trató de un proyecto gigantesco, que hasta la actualidad provee de energía a toda Rondonia y Acre, pero que tuvo efectos muy controvertidos. Para su construcción se cortaron millones de árboles, la represa ahogó gran parte de la fauna local y obligó a la migración de numerosas familias indígenas. El daño ambiental aún persiste, pero de otro tipo. A lo largo de los caminos de tierra que llevan hasta Vila Nova de Samuel hay muchas estancias de cría de ganado. La raza más común aquí es la india Nelore, un tipo de cebú, que convirtió a Rondonia en el tercer mayor centro lechero del país y el quinto en la producción de carne bovina. Y para engordar estas lucrativas vacas con pasto los productores locales queman y deforestan partes de la selva; cada vez más, en especial los medianos y grandes ganaderos. Ya los pequeños productores ganaderos se quejan de la mala fama.

"Tengo cuatro vacas que uso para subsistir, pero estos días vinieron periodistas de Francia y Alemania y me tratan como si mis animales fueran motosierras", contó Filipe da Silva, de 48 años, que vive con su esposa y un hijo en una pequeña casa de madera justo antes de la entrada a la Reserva Nacional de Jacundá. A pesar de ser una zona protegida, también sufrió los incendios que avanzaron hasta su interior.

Por todos los alrededores de Vila Nova de Samuel hay también varias madereras grandes, todas ellas con "manejos forestales sostenibles", como MadeFlona, dentro de la propia reserva, que tienen autorización para talar árboles con cuotas específicas y el compromiso de regenerar el bosque tropical.

Transporte de árboles en Porto Velho
Transporte de árboles en Porto Velho Fuente: Reuters

Constantemente se ven camiones que transportan enormes troncos de exóticas variedades, como cumarú, cedriño, angelim, tauari y garapa, que serán usados para la construcción civil, muebles o simples escarbadientes. Están más protegidas especies como los castaños amazónicos (de donde se obtiene la castaña de Pará) y el ipé (que puede tener flores blancas, amarillas, rosas o rojas). Sin embargo, cada tanto se distinguen sus maderas en camiones más pequeños de explotadores ilegales que usan caminos alternativos para llevar sus cargas.

Un gran árbol aparecía hoy derribado a un costado de la humilde casa de Raimundo Germano, de 64 años, y cuando este corresponsal lo apuntó, él se defendió; el viento lo tiró la semana pasada y aún no tuvo tiempo de retirarlo. "Tengo 20 hectáreas de tierra, pero 17 son de bosque, y en estas tengo otros cultivos y árboles frutales para subsistir", explicó, mientras mostraba la mandioca, los ananás, los mangos y las bananas de la propiedad. "Soy pobre, pero tengo mi nombre limpio", dijo, y criticó a quienes derriban árboles y queman la vegetación en forma descontrolada. "Este es nuestro hogar, tenemos que protegerlo", resaltó.

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