La "autopista de la muerte", donde EE.UU. despliega su poderío bélico
LA NACION, en la ruta que va a la frontera entre Kuwait e Irak En medio del desierto kuwaití, el ir y venir de vehículos y equipos militares es continuo Allí, unos 100.000 efectivos norteamericanos y británicos aguardan el día D
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ABDALY, Kuwait.- Helicópteros de transporte Chinook volando bajo, que rompen la monotonía de un desierto lunar. Columnas infinitas de vehículos militares, centenares de Land Rover, jeeps, tanquetas, obuses, camiones camuflados. Cisternas con agua y combustible, contenedores, grúas, bulldozers, ambulancias y miles de soldados que se preparan para el día D, cuando llegue la orden de atacar a Irak.
Si a alguien le quedan dudas sobre si esta guerra se desatará, sólo hace falta recorrer la famosa A-80, una modernísima autopista en medio del desierto que desde Kuwait City sube, hacia el Norte, hasta Abdaly, en la frontera con Irak. En esos 120 kilómetros de pura arena y tierra se ve un ir y venir de columnas militares impresionante: continuo, casi frenético. Resulta imposible contar la cantidad de vehículos que se desplazan llevando tropas anglonorteamericanas armadas hasta los dientes, con cascos y antiparras, a los distintos campamentos que se han levantado a los costados de la ruta. Pero se entiende, finalmente, dónde están esos más de 100.000 uniformados que todo el mundo sabe que están emplazados en Kuwait.
Denominada "autopista de la muerte" porque a lo largo del camino que llega hasta aquí, en 1991, fueron bombardeadas las tropas de Saddam Hussein que se retiraban de este pequeño emirato invadido seis meses antes, en la A-80 puede palparse cuán cerca estamos de una nueva e implacable Tormenta del Desierto.
Aunque a los costados de la ruta -una perfecta línea recta con seis flamantes carriles- se han cavado fosas y creado dunas artificiales para impedir que se divisen los acantonamientos, aun sin largavistas se distinguen a la perfección decenas de miniciudadelas-carpa fortificadas -Camp Fox, Camp Texas, Camp Udairi, Camp New York, Camp Doha-, rodeadas de alambre de púa. Es hasta allí adonde se dirigen los cientos de vehículos militares que van y vienen en la A-80, saliéndose de la cinta asfáltica, doblando y metiéndose en el desierto.
El paisaje es árido, chato y monótono, lleno de torres de electricidad, donde al principio saltan a la vista algunos beduinos con ovejas y camellos. Poco después de un check-point, cerca de la localidad de Mutl´a Ranch, un par de carteles inmensos vuelven a recordar la devoción que sienten los kuwaitíes por los libertadores norteamericanos: "God bless US troops" ("que Dios bendiga a las tropas norteamericanas"), dicen.
Muy cerca de tres enormes esqueletos de radares destruidos durante la Guerra del Golfo -una vieja estación de comunicaciones kuwaití-, sobre el costado derecho de la ruta, sobre un enésimo campamento flamea una bandera británica. Es Camp Matilda, donde en medio de hileras de carpas verdes hay un hospital de campaña.
Guerrilla urbana
A metros de los fantasmales radares aún ennegrecidos por el fuego, donde se levantan unos edificios destruidos, una unidad de 170 marines oriundos de Camp June, Estados Unidos, se está entrenando. Hacen incursiones para estar listos para una guerra urbana, justamente lo que se teme que habrá en Bagdad, a la hora de sacar del poder al tirano Saddam, explica a LA NACION el capitán Frank Weo.
" No enemy! Clear right, up, left! ", gritan los marines que corren, saltan y ensayan incursiones entre las paredes de las casonas derruidas.
Pelo rapado, 38 años, tres hijas que viven en North Carolina y con las cuales no habla desde enero, cuando llegó a Kuwait, el capitán Weo no tiene ningún problema en contar a grandes rasgos qué está haciendo su unidad. Aunque en verdad él y sus hombres viven en Camp Shoupe, unos veinte kilómetros más allá, en medio del desierto, vinieron hasta Camp Matilda para un entrenamiento de 48 horas de tácticas de guerrilla urbana. "También tenemos intérpretes, que nos seguirán a todos lados", cuenta el capitán, al explicar que en caso de una batalla casa por casa en Bagdad habrá que poder comunicarse con la gente que quedará atrapada en medio del fuego.
Marine desde hace 15 años, con experiencia en Kosovo y Paquistán, Weo dice que no está preocupado por lo que vendrá, sino que está listo. ¿Cuál será su target? "El Norte", contesta con una sonrisa pícara. Mientras el sol pega fuerte, sopla un viento cálido y el termómetro marca 26 grados, enfundado en un uniforme impresionante, Weo cuenta que lleva encima nada más ni nada menos que 40 kilos de equipo: chaleco antibalas, máscara y traje antiataque químico o bacteriológico, ración de comida, agua, armamento, linterna y, entre muchísimas otras cosas, hasta una afeitadora. "Si alguien me alcanza agua y comida, puedo subsistir en el desierto entre 30 y 40 días", afirma al mejor estilo Rambo.
¿Teme que Saddam pueda atacar con armas químicas o biológicas? "No", contesta. "No queremos destruir a Irak, pero cuando decida algo así, nosotros ya estaremos en Bagdad", agrega, consciente de la superioridad militar norteamericana y de la desproporción de fuerzas en esta guerra que todo el mundo prevé corta y fulminante.
¿Cuándo será el día D? "Sólo Dios lo sabe, pero estamos listos -dice Frank con aire misterioso-. Nos avisarán dos días antes."

