
La caída de Eike Batista, el fin de un sueño brasileño
El magnate, que fue el hombre más rico del país y reflejo del boom económico, sufre el desplome de sus compañías
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RÍO DE JANEIRO.- Hasta hace un año y medio, Eike Batista era el hombre más rico de Brasil, con una fortuna valuada en más de 30.000 millones de dólares, y al frente de un conglomerado de empresas que se beneficiaron del boom económico del país en la última década.
Presumido y excéntrico, siempre acompañado por bellas mujeres, le gustaba mostrarse en fiestas o en las revistas sociales a bordo de sus autos de lujo, sus lanchas off shore y aviones privados. Era el símbolo del nuevo hombre de negocios brasileño, desvergonzado, impulsor de grandes sueños. Gozaba con exhibir un alto perfil acorde con el Brasil "nueva potencia". Esta semana, su poderío terminó por desplomarse y está al borde de la bancarrota.
"La cantidad de riquezas que había acumulado dependían mucho del valor de sus acciones, y éstas estaban basadas en expectativas futuras, no en una producción real. Se destacó más como un vendedor de ilusiones que como un gran realizador", comentó André Sacconato, de la consultora BRAiN.
Hijo de una alemana y un empresario brasileño, Eliezer Batista, Eike, como es conocido en todo Brasil, comenzó su ascendente carrera con inversiones en minas de oro y diamantes en la remota Amazonia, supuestamente ayudado por información privilegiada aportada por su padre, que fue ministro de Minas y Energía y presidente de la minera Vale cuando era estatal.
Fueron los comienzos de su grupo EBX (supersticioso, le puso a cada una de sus compañías una "X" en alusión a la multiplicación de la riqueza), que llegó a estar compuesto por una decena de empresas en sectores como minería, petróleo, logística, energía, industria naval, bienes raíces, turismo, gastronomía y entretenimiento, con amplia participación en la Bolsa de San Pablo.
Apoyado en créditos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), con el impulso, primero, del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y luego de Dilma Rousseff, Batista, de 56 años, se convirtió en un ícono de la pujante economía brasileña.
Mientras tanto, se codeaba con la alta sociedad en todo tipo de eventos con su primera esposa, la ex Miss Playboy y musa carnavalesca Luma de Oliveira (madre de sus hijos Thor y Odin), y ya más recientemente con su segunda mujer, la joven modelo Flavia Sampaio (madre de su hijo Balder). Aparecía en todos los programas de televisión que podía y no paraba de escribir en Twitter.
"La sobreexposición era parte de su naturaleza, tanto en su vida privada como en los negocios. Prometió mucho y, al final, no pudo cumplir", señaló Pedro Paulo Coelho Afonso, director de inversiones de la firma TOV.
Los problemas comenzaron a mediados de 2012, cuando su empresa petrolera, OGX, reconoció que no llegaría a producir las enormes cantidades de crudo que tenían como meta para su yacimiento submarino de Tubarão-Martelo. Surgieron dudas entre sus inversores, y, con la economía brasileña creciendo a un ritmo mucho menor del esperado, empezaron a abandonarlo.
Pronto, todo su andamiaje financiero se sacudió, desde su proyecto para construir el mayor puerto del país hasta el Hotel Gloria, en el centro de Río, que había comprado para reformarlo para los Juegos Olímpicos 2016. Debió detener sus programas filantrópicos -ayuda a escuelas, descontaminación de la laguna carioca Rodrigo de Freitas- y buscó reducir sus activos para salvar su imperio.
Pero su suerte parecía echada. En su vida privada también le llovieron problemas: su hijo Thor fue condenado por atropellar y matar a un ciclista con el Mercedes-Benz SLR McLaren que su padre solía ostentar en el living de su mansión; su esposa Flavia lo dejó; tuvo que vender su suntuoso yate, su jet Gulfstream G550 y su helicóptero Agusta Grand, y debió mudarse de oficinas por no poder pagar el alquiler.
Intentó, en vano, reestructurar las deudas con sus acreedores por más de 5000 millones de dólares, y, finalmente, esta semana no tuvo más remedio que pedir protección judicial contra la bancarrota para OGX.
El empresario en desgracia
- Eike Batista
Magnate brasileño
Era hasta hace poco el hombre más rico del país, gracias a su amplio conglomerado de empresas




