La caída en la demanda, el gran perjuicio para la Argentina

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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16 de enero de 2016  

Más que la devaluación del real, que tiene sin embargo un efecto, el gran perjuicio para la Argentina proviene de la recesión en Brasil. Lo estudiaron y demostraron muy bien hace años economistas como Aldo Abraham y Dante Sica, entre otros. Lo que importa para el comercio bilateral es sobre todo que Brasil crezca, que es justamente lo que ahora no puede hacer.

El mayor socio del Mercosur es un demandante de productos industriales argentinos -vehículos por decir lo menos-, de modo que la menor demanda perjudica a sectores con empleos calificados y bien remunerados. El daño es mayor. Los problemas de China y su menor ritmo de crecimiento abaratan las materias primas y no es un dato menor, pero para la Argentina y sus trabajadores el impacto de la caída de la actividad en Brasil es directo.

Brasil también es un gran comprador de peras y manzanas, cuyos productores argentinos estuvieron muy perjudicados hasta el cambio de gobierno por el atraso cambiario y las retenciones. Y la mala situación del vecino, que era "menos mala" que la actual. Ahora, Brasil los sigue complicando.

También el mayor socio del Mercosur es casi el principal destino de ajos, cebollas, aceitunas y aceites de oliva, que se ven afectados. Tampoco le viene bien a la industria del vino.

El sector turístico es más sensible todavía. Los cambios en el sentido de los flujos comienzan con las diferencias cambiarias, a gran velocidad. Lejos están los tiempos en que había una enorme afluencia turística a la Argentina tras la megadevaluación de 2002. En los años posteriores los brasileños llegaron a ser -y aún superar- el 60% de los visitantes, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires.

No hizo falta la crisis brasileña para que el sentido de los flujos turísticos cambiaria. La sobrevaluación del peso hizo la diferencia que hoy está muy a la vista con paquetes comprados en pesos y en cuotas durante la "plata dulce" de Cristina Kirchner y Axel Kicillof, que se imaginaban gestadores de una revolución y se fueron del Gobierno con una "plata dulce" parecida a la de Alfredo Martínez de Hoz e igualmente dañina para la producción local.

Brasil no sólo demanda mucho menos por su recesión, sino que además abarata sus valores de venta al exterior y genera una competencia mayor en los mercados externos, y también el interno, para los productores argentinos.

Ingredientes políticos

La importancia de los componentes políticos en la crisis brasileña complica más la situación y hace ver más difícil la salida. O como mínimo, más lenta. Todas son malas noticias para la Argentina.

Hay quienes afirman que la Argentina, con su nuevo gobierno y perspectivas más favorables para la inversión local y extranjera, podría tener algún beneficio marginal. Por ejemplo, fondos que quieren salir de Brasil, ante la expectativa de una baja actividad que no durará poco. Pero que tampoco quieren irse muy lejos de la región. El problema es que invertir en la Argentina en un proyecto que genere bienes comercializables internacionalmente tiene menos interés si entre los destinos posibles, al menos en los primeros años, no está Brasil.

Para colmo, la caída del precio del petróleo aleja a los inversores de los proyectos más costosos. El "presal" brasileño es uno, con costos de exploración y producción que no pueden ser cubiertos en modo alguno con los valores actuales.

La mala noticia es que probablemente en la misma situación se encuentren algunos proyectos en la Argentina, en Vaca Muerta. Las perspectivas de inversión tienden a disminuir.

Es probable que en este mercado en particular tenga mucho que ver cómo evolucione el intento chino de cambio de la economía de exportadora en consumidora, que no es fácil.

Cristina Kirchner decía que Vaca Muerta sería negocio siempre y que el precio del petróleo no bajaría "por razones políticas". Pensaba los conflictos en Medio Oriente con óptica setentista. No se detuvo a leer el semanario inglés The Economist, que advertía, como aquí lo hacía el economista Ricardo Arriazu, que habría influencias políticas, pero que harían bajar el valor del barril de crudo.

Brasil y la Argentina sufren de un mal parecido. La dificultad de desarrollar costosos yacimientos. Por los errores funestos del kirchnerismo y su ministro Julio De Vido el país vive la paradoja de haber importado cuando los precios eran récord. Y ahora que quiere volver a autoabastecerse y exportar, el valor se desploma.ß

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