La cara oculta de Estambul: el desamparo de los refugiados sirios

Los refugiados son los seres invisibles en Estambul
Los refugiados son los seres invisibles en Estambul Crédito: Federico Keane Gómez Henderson / Para LA NACION
La bulliciosa capital turca, con sus edificios imponentes y sus atractivos turísticos, pareció una tierra de esperanza para los desplazados de la guerra siria, pero la realidad fue contaminada con miseria y discriminación
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25 de agosto de 2015  • 15:40

ESTAMBUL.- La guerra en Siria se materializa en los rostros y los ojos de los niños que ya no viven en ese país. Aspectos perdidos, voces cansadas y gestos desesperanzados se descubren en las decenas de miles de refugiados que eligieron a Turquía como su esperanza.

Silencio en la calle. Alguien estira los brazos con la imposible esperanza de atraer la atención y enviar una señal al mundo. Sin embargo, las transeúntes de su entorno pasan fugazmente distraídos por las vidrieras brillantes encantados por los tentadores puestos de comida. Compran, se ríen, disfrutan. Pero los refugiados miran hacia abajo, esperando respuestas: son seres invisibles perdidos en las calles de Estambul.

La cosmopolita y bulliciosa capital turca, con sus edificios imponentes y sus atractivos turísticos, pareció una tierra de esperanza para los refugiados. Sin embargo, la realidad fue contaminada con miseria, después de los horrores de la guerra.

La guerra civil de Siria, que comenzó en marzo de 2011, es la mayor crisis de desplazamiento de la actualidad con doce millones de personas afectadas por la violencia, desplazadas en el interior del país y en las naciones vecinas. Algunos refugiados viven en campamentos formales, pero la mayoría lo hacen en Jordania, Líbano y Turquía. Los refugiados también huyeron a Egipto e Irak, y muchos permanecen dentro de Siria, pero tuvieron que abandonar sus hogares. Muchos también fueron víctimas del accionar del grupo jihadista Estado Islámico.

Los refugiados en Estambul no son mendigos a pesar de que a veces piden cosas. Sus voces son tan bajas, que apenas pueden ser escuchadas. No eran indigentes, eran ciudadanos de otro estado y ahora están entre el peso de la pesadilla del hambre y la falta de un futuro para sus hijos, muchos de ellos descalzos que tratan de obtener unos pocos centavos de los autos atascados en el tráfico. Son fantasmas, miembros de una nación fantasma.

"Los turcos se acostumbraron a los sirios en las calles"

Algunos de los refugiados sirios tratan de vivir en parques, debajo de puentes, asentamientos en tiendas de campaña, o cerca de la estación central de colectivos, e incluso al aire libre junto a la famosa Mezquita Azul. O buscan compartir una habitación o un departamento con varias otras familias. Los departamentos alquilados por los refugiados generalmente no cumplen con las condiciones de higiene y de salud. Y además, tienen altos precios de alquiler.

"Estoy aquí sosteniendo mi mano para que podamos comer. Es todo lo que puedo hacer. Estoy sentado aquí todos los días, por lo que la policía no nos molesta", explica un joven de 35 años mientras se inclina frente a la entrada de una línea de metro en la famosa plaza de Taksim de Estambul. Y aclara: "A veces la policía nos echa, siempre nos dicen malas palabras porque estamos haciendo esto, pero yo siempre le digo a ellos, que no podemos comer y no tenemos trabajo, ¿cómo podemos vivir?"

"Los turcos se acostumbraron a los sirios en las calles. Sus hijos se aferran a los voluntarios en la calle y la cantidad de gente en situación de calle es muy grande. Queremos ayudar, pero hay muchos", dice Erol Arslanyan, de 22 años, que trabaja de voluntario todas las noches.

Discriminación y condiciones mediocres

Las noticias sobre refugiados en los medios turcos crecen con los meses y consiguientemente se percibe un aumento de discriminación. A su vez se suman las opiniones de políticos en un clima de infelicidad creciente, por la suba de precios y caída de salarios, a medida que el mercado laboral informal se agranda. Con una estrategia con un claro sesgo discriminador, la prensa turca realiza informes que conducen a su marginación y estigmatización recreando en el imaginario social la imagen de indigente para describir a los refugiados.

El proceso de integración es gradual con una fuerte desocupación entre los refugiados que buscan empleo pero que en su mayoría no tienen permiso para trabajar en Turquía y otros muchos que ni siquiera tiene los documentos necesarios para obtener el permiso. Así, los únicos trabajos disponibles para ellos son de bajos salarios y condiciones abusivas. Los que aceptan trabajar a pesar de estas condiciones lo hacen por un mínimo de diez horas al día y con el riesgo de ser despedidos sin cobrar por su trabajo. Pero no tienen alternativa.

"Parece que hay una gran cantidad de personas que tal vez vinieron con una idea y no están teniendo suerte aquí"

Se están levantando voces de algunos políticos que analizan cada vez más la situación a largo plazo. Lograr un equilibrio entre atender las necesidades de empleo y la educación de los refugiados de Siria y su estado a largo plazo va a ser un ejercicio políticamente difícil para el gobierno turco.

"Nosotros realmente no tenemos nada con nosotros, sólo unas cuantas bolsas empaquetadas con algunos objetos y la ropa que llevamos puesta. No estoy seguro de lo que estamos haciendo en Estambul. Pensamos que habría oportunidades aquí ", resalta un hombre de unos 40 años de rasgos ampulosos y con mirada perdida.

Después, observa a su alrededor y señala tres diferentes grupos de mujeres sirias con sus niños y dice: "Parece que hay una gran cantidad de personas que tal vez vinieron con una idea y no están teniendo suerte aquí".

Por Martín Heredia Amido

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