La crisis en Ucrania empuja a Putin a la órbita de Pekín

El Kremlin quiere fortalecerse en Asia y no depender de sus ventas de energía a Europa
Neil MacFarquhar
David Herszenhorn
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21 de mayo de 2014  

MOSCÚ.- El presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó anteayer que ordenó retirar las tropas rusas de la frontera con Ucrania; fue la segunda vez que dijo lo mismo en menos de dos semanas. También elogió al gobierno de Kiev, al que antes había calificado de junta fascista ilegal, por su buena disposición para negociar cambios estructurales.

Pero los destinatarios verdaderos de esos conciliadores comentarios tal vez no sean Estados Unidos y Europa. No. Es más probable que Putin estuviese apuntando a China, adonde llegó ayer dispuesto a dejar sentado a como dé lugar que él también quiere jugar un papel central en Asia.

Si bien Putin tiene la mirada puesta en el Este prácticamente desde su regreso a la presidencia, en 2012, la crisis en las relaciones con Occidente por Ucrania ha hecho de los vínculos con Asia -y en particular con su motor económico, China- una prioridad estratégica clave. Ante una Europa que está tratando de independizarse del gas ruso y la posibilidad de sanciones más graves de Occidente, Moscú necesita una alternativa.

En las últimas semanas, Putin repitió hasta el cansancio que Rusia ve su futuro económico ligado al de China, al señalar que su vecino asiático iba camino a superar a Estados Unidos como primera potencia económica mundial. Y ese viraje hacia el Este también está en sintonía con el reciente giro nacionalista conservador de Putin, con énfasis en la religión, los valores familiares y el patriotismo, en contraste con un Occidente, en su visión, cada vez más relativista, decadente y ateo.

"Hoy, Rusia pone a China a la cabeza de sus socios comerciales", dijo Putin en una entrevista con periodistas. "En el contexto de una economía mundial turbulenta, el fortalecimiento de los lazos comerciales y económicos mutuamente provechosos, así como el aumento de las inversiones entre Rusia y China, es de primordial importancia."

El anuncio del retiro de tropas rusas de la frontera ucraniana se produjo probablemente para calmar los ánimos en ese país antes de las elecciones presidenciales previstas para el domingo. Pero también podría ser visto como un gesto para calmar la susceptibilidad de los chinos con el tema del separatismo, dados los permanentes problemas de Pekín con el Tíbet, los uigures y cientos de otras etnias y minorías religiosas menos conocidas.

El punto central de la visita de dos días de Putin a China bien podría ser un largamente postergado acuerdo para el envío a China, a partir de 2019, de gas natural de los nuevos yacimientos siberianos.

Los expertos anticipan que Rusia finalmente está dispuesta a llegar a un acuerdo, aunque más no sea para hacerles ver a Washington y a Europa occidental que tiene amigos importantes en el mundo y otros mercados para el gas ruso.

"Debido a la desastrosa situación actual con Occidente, los rusos no tienen otra alternativa", dijo Vasily Kashin, experto en China del Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías, con sede en Moscú. "Tienen que volcarse a Asia para cerrar acuerdos lo antes posible."

Se espera la presencia de Putin en Normandía el 6 de junio, para el 70° aniversario del "Día D". Allí, es probable que se encuentre con Barack Obama y Angela Merkel para discutir la crisis ucraniana. Para Putin, llegar a esa reunión con un acuerdo firmado con China por el gas sería una muestra de fortaleza que ayudaría a desactivar las amenazas occidentales de nuevas sanciones.

En su entrevista con los periodistas, Putin señaló que el comercio bilateral con China cerró el año pasado en 90.000 millones de dólares. Aunque el comercio de Rusia con la Unión Europea como bloque es mucho mayor -370.000 millones de dólares en 2012-, el intercambio con China está a la par de sus mayores socios individuales, como Alemania. En 2012, el intercambio comercial con Estados Unidos llegó a los 26.000 millones de dólares.

Rusia necesita nuevos mercados porque depende enormemente de sus exportaciones de materias primas: el 67% de sus ingresos por exportaciones proviene exclusivamente del petróleo y del gas. El financiamiento chino también ayudaría a generar confianza entre los bancos occidentales a la hora de extenderle nuevos créditos a Rusia, hasta ahora reticentes por la amenaza de sanciones.

Putin dijo que Rusia intentará aumentar el volumen de su intercambio comercial con China hasta los 100.000 millones de dólares para 2015, y duplicarlo para 2020.

Además de lo que describió como "una alianza energética estratégica", Putin mencionó posibles proyectos conjuntos en aeronáutica, minería, procesos agrícolas y transporte. También se discutirán otros acuerdos de cooperación técnica y militar, pero ambas partes mantienen los detalles en secreto.

Las relaciones entre Rusia y China, que comparten una frontera de más de 4000 kilómetros, han sido usualmente turbulentas. Temerosa del coloso económico que yace tras su frontera sur, Rusia bloqueó la inversión china, en especial en áreas que considera estratégicas, como la energética, salvo por dos acuerdos menores. Anteayer, Putin envió un mensaje claramente más alentador.

Los rusos esperan que China también esté dispuesta a ayudar en la construcción de un puente que conecte el territorio ruso con el puerto crimeo de Kerch, aportando experiencia y también un aval tácito a una anexión que gran parte del mundo considera ilegal.

Traducción de Jaime Arrambide

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