La denuncia contra EE.UU., un "show político"
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SANTA CRUZ DE LA SIERRA (De un enviado especial).- Negar que Estados Unidos quisiera ver a Evo Morales fuera del gobierno sería tan poco objetivo como admitir que hay en marcha un plan secreto entre Washington y los líderes de las regiones más ricas de Bolivia para derrocar al presidente.
Al menos eso es lo que piensan fuentes diplomáticas y analistas locales consultados por LA NACION, que coincidieron en que la teoría conspirativa planteada por Morales carece de fundamentos. Esa teoría le sirvió como justificación para expulsar al embajador norteamericano, Philip Goldberg, lo que podría significar un duro revés para la ya golpeada economía boliviana.
El analista boliviano Diego Ayo señaló que la tradición intervencionista norteamericana en Bolivia se remonta a la década de 1950, cuando Washington llegó a aportar el 30% del presupuesto boliviano y empezó a "comprarse a los líderes", y que alcanzó su máxima expresión durante las dictaduras militares (1964-1978).
Pese a estos antecedentes, Ayo consideró que "Estados Unidos era más intervencionista en otros gobiernos que en el de Morales", y calificó la expulsión de Goldberg de "montaje típicamente goebbeliano".
"No tengo dudas de que Washington quisiera ver a Morales fuera del gobierno -añadió el analista-. Pero en los últimos años, los norteamericanos han impulsado una estrategia moderada. Han sido mucho más duros en los otros períodos democráticos. Antes ellos codefinían las políticas."
En el mismo sentido, el ex canciller boliviano Agustín Saavedra Weise opinó que daría "la sensación de que ha habido un montaje de show político del gobierno, pero sin pensar en las consecuencias".
Y es que las pérdidas económicas podrían ser graves para el país más pobre de América del Sur. Las relaciones comerciales entre ambos países podrían debilitarse, lo que significaría un duro revés para un país que envía el 14% de sus exportaciones a Estados Unidos. Además, Washington podría suspender algunos de los mecanismos de asistencia humanitaria que destina en la actualidad, que ascienden a los 120 millones de dólares, principalmente a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés).
Un mercado cautivo
Por otro lado, a fin de año vence un tratado de preferencias arancelarias entre Estados Unidos y los países andinos, y varios congresistas norteamericanos ya han adelantado que lo renovarán para Colombia, Perú y Ecuador, pero no para Bolivia. Muchos de los 90.000 pobladores de El Alto que trabajan para primeras marcas norteamericanas textiles como Ralph Lauren o fabrican artesanías podrían perder sus empleos si no se renueva ese tratado, que les permite tener un mercado cautivo en Estados Unidos y le aporta 300 millones de dólares a ese empobrecido bastión de Morales.
El propio Goldberg, antes de dejar La Paz, anteayer, advirtió que su expulsión "puede tener efectos serios en muchas formas que no se han valorado apropiadamente".
Morales alegó como justificación las reuniones que mantuvo Goldberg con los prefectos de la Media Luna boliviana (compuesta por los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija) y con representantes de la Iglesia en los días anteriores a la expulsión, y la teoría conspirativa pareció tomar forma con un viaje que emprendió el líder del influyente comité cívico de Santa Cruz, Branko Marinkovic, a Estados Unidos.
Pero la falta de recursos económicos con que afrontan su campaña y la falta de expertos asesores de imagen para darles más proyección a los prefectos han sido señalados como algunos de los síntomas que demostrarían que Washington no estaría financiando o ayudando a la oposición.
¿Por qué expulsó, entonces, Morales al embajador si, al parecer, no existía tal conspiración? Las versiones son variadas, e incluyen el timing político, su alineamiento con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y el narcotráfico.
Según Ayo, Morales podría haber perseguido varios objetivos con la expulsión: reafirmar su discurso antiimperialista, movilizar a sus seguidores y, principalmente, asociar a sus enemigos con el objetivo de crear un enemigo público. "Es una forma de deslegitimar no sólo a Estados Unidos, sino a los prefectos opositores", señaló.
Otras versiones, más arriesgadas, sugieren que la expulsión del embajador conlleva la expulsión de la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, y que de esa manera se estaría intentando desviar la atención de un supuesto aumento en las plantaciones de coca.
"La DEA ha sido expulsada. Nos crea un cuadro, una semana después del regreso de Evo Morales volvió de Teherán. No quiero pensar en las coincidencias, pero da lugar a algún tipo de especulaciones", señaló Saavedra Weise.
En tanto, fuentes diplomáticas consideraron que otra explicación posible sería otorgarle una excusa a su principal aliado en la región, Hugo Chávez, para hacer lo propio con el embajador norteamericano en Caracas.

