
La directora de cine y el espía de la Stasi
Aelrun Goette descubrió hace dos años que había sido traicionada por su propio novio
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BERLIN.– Los muros del alma no se derriban. Lo demuestra la historia de Aelrun Goette, una exitosa directora de cine nacida en Berlín Oriental hace 43 años, que hace pocos meses descubrió que su primer novio era un informante de la Stasi, la terrible policía secreta de la República Democrática Alemana (RDA), que tenía un archivo sobre ella.
Aelrun, que habló con esta enviada hace diez años, en el décimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, pensaba que al cumplirse 20 años de este hecho histórico que le cambió la vida estaba emocionalmente lista para saber más de su pasado.
Así, al igual que miles de alemanes del Este, tras la apertura de los archivos de la Stasi (el aparato policial de espionaje y represión más eficiente de la Guerra Fría), presentó hace dos años una solicitud para averiguar si había archivos sobre ella. Al desmantelarse el Ministerio para la Seguridad del Estado, en el que trabajaban 90.000 empleados formales y 350.000 informantes, ya había salido a la luz que en la RDA casi todos habían sido vigilados.
"Pensaba que había llegado el momento de ver si existía un archivo sobre mí porque ya habían pasado 20 años. Creía que estaba preparada para eso, que nada me podía herir", cuenta a La Nacion. "Pensaba que después de haber pasado 20 años de mi vida en el Este y 20 en el Oeste, iba a descubrir historias del pasado que no podrían afectarme a nivel psicológico... Pero no fue así", agrega, mientras fuma un cigarrillo en su departamento del barrio de Prenzlauer Berg, ex Berlín oriental, ahora muy de moda.
"En cierto sentido, al principio me puso contenta confirmar que existía un archivo sobre mí. Yo pertenecía a aquellos sobre quienes se había escrito algo", reflexiona.
Fue así como recibió por correo un sobre marrón que decía "Confidencial", con el archivo que la Stasi había armado sobre ella. "Los archivos no decían por qué habían decidido espiarme. Pero miles de ojos me habían controlado. Habían usado para ello un lenguaje extraño, totalmente inhumano: catalogaban a la gente de acuerdo con un código que indicaba si uno servía, no servía o amenazaba al sistema", dice.
La Stasi identificaba a Aelrun como G. "G es muy educada, inteligente, con buen aspecto y es confiable en el sentido de que cumple con su palabra y compromisos", escribió la Stasi, que la investigaba porque era una joven "rebelde" que participaba en los movimientos de oposición bajo protección de la Iglesia y actuaba en obras de teatro underground contra el régimen comunista.
"¿Quién les podría haber dicho esas cosas sobre mí?", se preguntaba Aelrun, hasta que, entre los papeles de su legajo, descubrió unas hojas escritas en una letra familiar. Era la letra de Max, su primer novio, su primer amor. "Me imaginé las situaciones en las que Max pudo copiar en secreto mi agenda. ¿Yo habría estado durmiendo, o él, encerrado en el baño? ¿O se habría llevado mi agenda sin que yo me diera cuenta? ¿Qué otra información habría dado sobre mí? ¿Por qué Max?", se pregunta Aelrun, casada con un wessie (un alemán del Oeste), con quien tiene dos hijas de 7 y 2 años.
Aelrun se sintió traicionada. Herida, pero con su carácter fuerte y combativo logró contactarse con Max por medio de Google. Después de más de 20 años volvió a verlo para hablar del tema. Pero Max nunca admitió que la había espiado, pese a la irrefutable prueba caligráfica.
El archivo desencadenó en Aelrun una crisis interna, que quedó plasmada en un artículo que escribió para la revista del diario Berliner Zeitung. "¿Cuánto de lo que yo soy hoy tiene que ver con mi pasado en el Este?", se pregunta ahora, sin ocultar su desencanto por lo que vino después de la caída del Muro. "Las expectativas que tenía por la gente de Alemania occidental jamás se cumplieron. Pensaba que la gente era mejor en un sistema liberal, que la libertad hacía que la gente fuera mejor, pero no es así", afirma, decepcionada.
"¿Por qué combatimos, excepto por nosotros mismos?", se pregunta, sin lograr derribar ese muro que se levantó en su alma.




