
La historia trágica de un país dividido
Por Narciso Binayán Carmona
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"La política de los Estados Unidos respecto de Mobutu fue racionalizada en términos de combate contra el "comunismo" y la influencia soviética en Africa, pero los Estados Unidos estaban más interesados en asegurar sus propios intereses en la región que en ayudar a instituir un futuro estable, seguro y pacífico para el pueblo. En el centro del continente, Zaire podría proporcionar a los Estados Unidos el acceso a importantes recursos, rutas de transporte y favores políticos. Con los años, la retórica norteamericana cambió ligeramente, poniendo más acento en la reforma democrática del régimen y los derechos humanos, pero continuó en realidad centrada en los intereses económicos y estratégicos de los Estados Unidos." Lo antedicho figura en el informe titulado: "Un legado mortal: armas de Estados Unidos para Africa y la Guerra del Congo".
La historia del Congo (sucesivamente Estado libre, Congo Belga, Zaire y ahora República Democrática) a lo largo del siglo XX comenzó y terminó con horrores sin cuento y siempre con millones de víctimas. Esto ha sido el factor constante: millones, no miles ni cientos.
Comenzó cuando Leopoldo II, rey de Bélgica, pero actuando a título personal "para crearse un imperio africano daría muestras de una extraña ambición febril y senil, trazando, por ejemplo, algunas rayas sobre el mapa de Africa, lo que le permitió apoderarse de Katanga en plena conferencia de Berlín (1885). Su furor anexionista lo enfrentó a Francia en la región de Ubangui y del Bahr al-Chazal... poco faltó para que no controlara toda la cuenca del Nilo hasta Fashoda". Esto en lo territorial, en lo económico, como la explotación del caucho, y en lo humano: "La falta de hombres o de caucho terminaba con asesinatos públicos de los jefes o de sus gentes a manos de agentes europeos de las sociedades, con violaciones y raptos de mujeres, mutilaciones de brazos, piernas, genitales, empalamiento de mujeres", incluso canibalismo e incesto forzados (Joseph Ki-Zarbo, Historia del Africa negra ). La cifra de vidas que le costó el período no se conoce con precisión, pero se las calcula entre cinco y ocho millones de personas. "Fue una invención puramente europea", y el escándalo, iniciado por revelaciones de misioneros ingleses, obligó al mismo rey belga a nombrar una comisión investigadora. Sir Edward Grey, canciller inglés, opinó: el Estado Libre del Congo "ha anulado totalmente todo derecho al reconocimiento internacional". El caso obligó a Leopoldo a regalarlo a Bélgica. Y así se inició un nuevo período, totalmente distinto. La administración belga cometió errores, pero acometió con entusiasmo una política económica que hizo del Congo una isla de prosperidad y de riqueza que duró medio siglo. El desarrollo cultural, sobre todo, fue, en cambio, mucho más descuidado.
Semillero de crisis
Las fronteras trazadas tan descuidadamente en Europa con sólo mapas y lápices convirtieron a cada nueva colonia -y luego de las independencias a cada nuevo país- en un enredo de reinos divididos, naciones o tribus partidas y, en definitiva, en un semillero de crisis. El Congo fue un caso más, pero tratándose de un territorio gigantesco (casi como la Argentina) los pasos fueron mayores. No es de extrañar que apenas terminado el dominio belga se iniciara "el caos más absoluto". Y nada tiene de casual que los movimientos principales, como el de Joseph Kasabubu o el de Moisés Tshombe, coincidieran con Estados y naciones seculares separados por fronteras arbitrarias. Tampoco que los que querían un Estado unido como el frustrado Partido Lumumba, o el que puso orden en definitiva y mantuvo ese Estado, pertenecieran a tribus pequeñas y sin gran tradición histórica (o directamente sin ninguna).
La caída de Mobutu y el avance de su sucesor, Laurent Kabila (1997), reabrieron el caos. La guerra continúa. Con apoyo de Ruanda, Uganda, Angola, Burundi y aun de la lejana Eritrea, Kabila tomó el poder hasta su asesinato en enero, y lo sucedió su hijo. El enredo no puede ser más grande. Los antiguos aliados del padre estuvieron detrás del asesinato: Uganda y Ruanda, simpatizantes de los hanyamulengue, pueblo de la región de los lagos, más afín con ellos. Por el contrario, los gobiernos de Angola, Zimbabwe y Namibia apoyan el gobierno del hijo. En cuanto a la familia de Mobutu, conserva su fortuna (12.000 millones de dólares) en medio de la miseria. Y de las colosales riquezas del país, cuya explotación continúa (una contradicción más). Cifras: un tercio de la población está en peligro, hay dos millones de personas sin hogar y los muertos pueden sumar ya un millón. Esperanzas de solución inmediata o mediata: ninguna.
Y, por ahora, salvo en la región de los lagos (hutus y tutsis), los protagonistas son gobiernos, la economía y tropas. No ha reaparecido como factor aún el étnico y nacional. Y ése es el permanente.
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