
La increíble doble vida de un pianista de jazz
Por Mario Diament
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MIAMI.- Tal vez pocas historias sean capaces de explicar más cabalmente el significado que la revolución sexual de los años sesenta tuvo para la sociedad norteamericana que la del pianista Billy Tipton. La fascinación que su historia aún produce, reflejada en el éxito de su más reciente biografía -" Suits me: The Double Life of Billy Tipton " ("Me conviene: la doble vida de Billy Tipton"), escrita por Diane Middlebrook, una profesora de Literatura de la Universidad de Stanford, se explica tanto en la resistencia que se siente a aceptar como ciertos los detalles de su vida como en la dificultad por comprender la moralidad de la época que la hizo posible.
Hasta el momento de su muerte, el 21 de enero de 1989, a los 74 años, Tipton no había pasado de ser una figura marginal en el mundo del jazz.
Un pianista y ocasional saxofonista que dirigía un grupo llamado The Billy Tipton Trío, cuyo estilo recordaba al de los pequeños grupos de Benny Goodman, había grabado dos discos y alcanzado algún renombre en los clubes de Spokane, Washington, donde se había afincado. Tuvo cinco matrimonios y tres hijos adoptivos, y probablemente ningún diario habría publicado su obituario de no haber sido por una extraordinaria circunstancia: cuando los enfermeros abrieron su pijama para darle los primeros auxilios después de que Tipton se desplomó sobre el piso de su casa rodante con una úlcera perforada, descubrieron que, en realidad, se trataba de una mujer.
Que este pequeño detalle pudiera habérsele escapado no sólo a su público, colegas y amigos más cercanos a lo largo de una carrera de 50 años, sino también a sus esposas e hijos adoptivos, es la gran incógnita que convierte al libro de Middlebrook en una lectura apasionante.
Betty Cox, su primera mujer, a quien Tipton conoció en 1946, cuando ella tenía 18 años, aseguró que ella y Billy mantenían relaciones sexuales normales. "Yo venía de una familia donde nadie hablaba de sexo. Y en esos tiempos las mujeres no andaban desnudas por la casa. Una apagaba las luces para hacer el amor".
Un padre normal
Scott Miller, uno de sus hijos adoptivos, afirmó que nunca sintió que hubiera alguna diferencia entre lo que hacía su padre y lo que hacían otros padres. "Se ocupó de nosotros, nos cuidaba Mentalmente era un padre..."
Middlebrook evita cuidadosamente presentar a Tipton meramente como un caso de lesbianismo y elige, en cambio, narrar su historia desde la compleja realidad de la época, donde los tabúes y prejuicios, más que las preferencias sexuales, empujaron a Tipton a asumir la condición de varón.
Había nacido el 29 de diciembre de 1914, con el nombre de Dorothy Lucille Tipton, en Oklahoma City, y creció en Kansas, Missouri. Su talento musical se reveló a una edad temprana y estudió órgano, piano y saxofón. Las fotos de la época la muestran como una joven de considerable belleza.
Kansas City era entonces un importante centro de jazz, donde convergían músicos como Count Basie, Coleman Hawkins y Lester Young, y Dorothy sintió una inmediata afinidad con esta música. Pero cuando salió a buscar trabajo en alguna de las orquestas de jazz de la ciudad, descubrió que su condición de mujer era un obstáculo virtualmente insuperable.
Fue a partir de esta frustración que concibió la idea de hacerse pasar por hombre. Para obtener trabajo, consiguió documentos de identidad falsos, comenzó a vestirse con traje y corbata, se cortó el pelo, se vendaba los pechos y forzaba cierta ronquera en la voz. La estratagema dio resultado y logró un empleo en la orquesta del bajista Wayne Benson y en grupos ocasionales con los que salía de giras. Fue durante estas giras, a comienzos de los años 40, que Billy Tipton asumió plenamente su nueva identidad.
Por lo visto, se trataba de un imitador excepcional, que logró copiar las actitudes físicas y psicológicas de un hombre a la perfección. Para hacerse pasar por un hombre utilizaba una prótesis para su actividad sexual, aunque parece haber sido particularmente cuidadoso con las mujeres que elegía. Por ejemplo, su última esposa, Kitty Kelly, una bailarina de strip-tease que se presentaba como "la Venus irlandesa", aborrecía el sexo por haber sido violada durante su infancia, y ella y Billy nunca compartieron la misma habitación.
En general, el sexo no parece haber sido una prioridad en las relaciones de Tipton con sus mujeres, aunque Maryann, su segunda esposa, una ex bailarina de cabaret, asegura que nada en la intimidad sexual con Billy indicaba de que pudiese tratarse de otra cosa que un hombre, si bien admite que nunca lo vio totalmente desnudo. "Las vendas que Billy atribuía a un accidente de la infancia contribuían a facilitar la decepción", dice Maryann.
En los últimos años de su vida, aunque sufría de úlcera, artritis y enfisema, Tipton se negaba vigorosamente a hacerse ver por un médico.
Una de las conclusiones que se desprenden de esta historia es que sólo fue posible porque detrás de la fachada permisiva de los años del jazz, la ignorancia y los tabúes sexuales de buena parte de la sociedad norteamericana posibilitaron la existencia de Billy Tipton. Eran los años en que las películas de Hollywood se negaban a mostrar parejas compartiendo la misma cama y promovían la ficción de la maternidad sin embarazo.
"Antes de la revolución sexual -escribe Middlebrook-, muchas mujeres sabían tan poco acerca del sexo que cuando las luces se apagaban no sabían qué esperar".
El autor es un periodista y dramaturgo argentino que dirige el programa de máster en periodismo de la Universidad Internacional de la Florida.




