La increíble historia de "Rigo", el hijo del ex líder de las FARC
Tiene 29 años y mide menos de un metro; lo reveló una desertora de la guerrilla en un libro
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MIAMI.– Por los caminos enlodados de la jungla colombiana, serpenteando entre las piernas de los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), va un enano contento haciendo bromas que él mismo celebra con estruendosas carcajadas.
Le dicen "Rigo". No mide más de un metro y es hijo del fallecido comandante y fundador de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, alias "Tirofijo". Su padre era el guerrillero más viejo del mundo; "Rigo" quizá sea el más pequeño.
Lleva uniforme camuflado, un morralito a la espalda y una pistola en el cinto. Los guerrilleros lo cuidan como si fuera un comandante porque es el hijo de su jefe supremo.
No se atreven a alzarlo cuando en el camino se topan con un árbol caído, obstáculo que ellos superan con saltos cortos, pero que "Rigo" debe remontar con gran esfuerzo. Al terminar la jornada, el diminuto guerrillero llega al campamento cubierto de barro, pero siempre sonriente.
Estas y otras escenas de la vida de "Rigo" quizá nunca se hubieran conocido si no fuera por una guerrillera desertora de las FARC que las describe en un libro publicado el mes pasado. Confesiones de una guerrillera relata las experiencias, casi todas amargas y muchas trágicas, de una rebelde de 36 años que fue reclutada a la fuerza por las FARC a los 18 años.
Su autora, Zenaida Rueda Calderón, que fue operadora de radio de la guerrilla, se fugó en enero pasado junto con un ingeniero colombiano que estaba secuestrado bajo su custodia.
Con una contundente sencillez, pero con la mordacidad que le confiere el drama de haber perdido su juventud en la selva viendo morir acribillados a sus compañeros, muchos de ellos campesinos de 13 y 15 años, también reclutados a la fuerza por las FARC, Rueda ofrece una rara oportunidad de conocer íntimamente el proceso de desplome militar y moral de esa organización bajo el asedio efectivo del ejército colombiano.
Y en medio de la tragedia, la ex guerrillera revela episodios que invitan a Hollywood a filmar una película antiépica de uno de los grupos guerrilleros más antiguos del mundo.
Rueda cuenta que nunca había visto un enano en su vida. En una de sus múltiples incursiones militares, en 2003 conoció a "Rigo" y le causó mucha gracia. "Rigo" tenía por entonces 23 años. "Era muy inteligente; caminaba todo torcido. Las piernas eran chuecas y el trasero, grandísimo. Yo le decía que tenía puro culo de tonta y él se enojaba", escribió Rueda.
Según ella, "Rigo" tenía una misión muy importante para las FARC: traducir del inglés al español las comunicaciones de los pilotos de las aeronaves de espionaje y bombardeo que sobrevolaban campamentos y zonas de desplazamiento de las FARC.
Algunos de estos aviones son operados por contratistas estadounidenses del Plan Colombia o por pilotos colombianos. "Rigo" había aprendido inglés en la selva con una joven guerrillera holandesa, que daba clases intensivas de inglés a 20 guerrilleros.
"Ellos formaban por la mañana, desayunaban y luego se iban a estudiar todo el día en medio del monte", contó Rueda, conocida en las FARC con el alias de "Miriam".
Un dolor de cabeza
La presencia de "Rigo" era un dolor de cabeza para los comandantes, relata Rueda, pues en caso de cualquier ataque aéreo, la prioridad era protegerlo. "Primero debíamos perder la cabeza antes que perderlo a él."
Llegó a ser tal la preocupación por "Rigo" que Rueda le propuso al comandante Yair que tuvieran listo un barril de metal para esconderlo durante los ataques, y luego saldrían a recuperarlo. Como estaba pasado de kilos, Yair le ordenaba trotar, pero "Rigo" lo hacía sólo unos minutos y luego se escondía entre los arbustos.
Los guerrilleros le llevaban las radios, la comida y las municiones. "Rigo sólo llevaba el morralito’’, agrega la autora. Le gustaba mucho bailar salsa y soñaba con mujeres rubias de ojos claros. Como era el hijo del "gran jefe", algunas guerrilleras lo buscaban para acostarse con él.
También se divertía haciéndoles bromas a los guerrilleros. En la noche del 31 de diciembre de 2003, se cubrió el cuerpo con una cobija; en la cabeza se puso el cráneo de un burro y se le apareció así a una guerrillera.
Rueda describe que "Tirofijo" solía desplazarse con tres perros salchicha a los que "cuidaba mejor que si fueran guerrilleros’’. Sus guardias los alimentaban con galletitas y en las noches, cuando acampaban, estaban obligados a construirles unos precarios refugios al lado de la vivienda donde se quedaba "Tirofijo".
En los refugios, los perros dormían en pequeñas hamacas con un mosquitero para que no los picaran los insectos, no sin antes haber sido bañados por custodios del comandante.
A pocos kilómetros de ese lugar, decenas de secuestrados por las FARC pasaban la noche hambrientos, con cadenas atadas al cuello en cuevas enlodadas y cercadas de alambre.


