
La integración, un desafío aún pendiente en Francia
Los descendientes de árabes y africanos todavía son marginados
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Ignacio Coló
Enviado especial
PARIS.- En Clichy-sous-Bois, en los suburbios de París, los monoblocks ocupan el lugar del Louvre y del Musée d'Orsay, el rap suena más que los tradicionales acordeones y el cuscús magrebí se sirve más en las mesas que los quesos y la baguette.
A sólo 15 kilómetros de las puertas de París, Clichy-sous-Bois es la verdadera frontera francesa, donde conviven franceses, inmigrantes e hijos de inmigrantes y uno de los bastiones donde Francia pelea la madre de todas las batallas del siglo XXI: el desafío de la integración.
En poco más de 30 años, la inmigración cambió de forma rotunda la cara de la población francesa. De forma silenciosa, pobladores de las antiguas colonias africanas llegaron a Francia a partir de los años 1960, atraídos por un crecimiento económico que requería más y más mano de obra.
Los inmigrantes podían trabajar en Francia y a cambio debían incorporar los principios y costumbres para integrarse a la nación. Esto funcionó de forma muy natural en las primeras décadas, pero algo comenzó a desacoplarse con la segunda y tercera generación de inmigrantes -ya muchos franceses en los papeles, pero no tanto en la mentalidad- y con los nuevos extranjeros que llegaron a Francia en un contexto laboral mucho más precario.
Hasta que en 2005 todo explotó. En Clichy-sous-Bois, justamente, donde viven 29.000 personas y casi la mitad son extranjeros de países de Africa negra o del Magreb. En las últimas décadas, este lugar de acogida de la mano de obra inmigrante se convirtió en un gueto a gran escala, con decenas de miles de jóvenes franceses -hijos de extranjeros- sin expectativas, sin trabajo, sin ilusiones.
Con este desolador panorama, empezaron a prender fuego autos, que como violentos faros buscaban llamar la atención de un problema que estaba a la vista de todos pero nadie quería ver: el fracaso de la integración de las nuevas generaciones.
"Cuando yo era adolescente iba con mis amigos a París, nos divertíamos. Ahora los jóvenes se quedan en el barrio todo el día y ahí empiezan los problemas. No trabajan, no hacen deporte, se aburren", contó a La Nacion Malima, de 36 años, un francés hijo de inmigrantes provenientes de Malí que desembarcaron en Francia en 1976.
El fuego se extendió por todos los suburbios de las ciudades francesas y dejó al país bajo un humo que impedía ver la libertad, la igualdad y la fraternidad.
"El fuego de los incidentes de 2005 no está totalmente apagado. Puede suceder de nuevo, y si se repite va a ser todavía peor", advirtió a La Nacion un funcionario de la alcaldía de Clichy-sous-Bois.
El gobierno francés tomó medidas para apagar el incendio. Lo primero que hizo fue instalar una gigantesca comisaría en el corazón de este suburbio. También puso en marcha un programa de renovación urbana para cambiar los lúgubres monoblocks por edificios bajos y modernos. Pero las raíces del problema de la integración son muy profundas, y como todo cambio cultural de fondo es un proceso largo y a veces doloroso.
Los enemigos de la integración -tanto en Clichy-sous-Bois como en el resto de Francia- son el abismo cultural, el desempleo y la pobreza.
"Muchos hijos de inmigrantes se sienten menos que los otros franceses: inmigrantes, pobres, están aislados y fueron cultivando un importante complejo de inferioridad", explicó a La Nacion Agnès Faulcon, del centro de asistencia social de Clichy-Sous-Bois.
El peligro del complejo de inferioridad es que fomenta el repliegue comunitario, un enemigo de la integración "a la francesa".
Un pequeño pero ilustrativo detalle de esta amenaza es la multiplicación de las antenas parabólicas en los techos de las casas de inmigrantes. Lejos de representar una forma de apertura, las parabólicas aíslan a los extranjeros, que sólo miran la televisión de su país de origen, reafirman sus costumbres y se alejan de Francia.
Detrás del desafío de la integración se esconde un problema que excede a la inmigración y que es antes que nada social. Francia es una nación que no se basa ni en la religión ni en la raza, sino en la igualdad. Y todos coinciden en que si no hay igualdad, lo primero que está en peligro es la república.
11.500.000
Habitantes de Francia
Son inmigrantes o hijos de inmigrantes. De ellos, 5 millones son extranjeros y 6,5 millones son hijos de inmigrantes nacidos en territorio francés
26%
De los casamientos
Son mixtos, es decir, entre un extranjero y un francés.
200.000
Inmigrantes legales
Llegan por año al país. De ellos, 50.000 son estudiantes, 100.000 son familiares de inmigrantes ya residentes, 15.000 trabajadores calificados, 35.000 refugiados o ricos que residen temporalmente en Francia.
100.000
Inmigrantes
Obtienen la nacionalidad francesa cada año. Se estima que hay entre 200.000 y 400.000 inmigrantes ilegales.
42%
De los franceses
Consideran que el islam es una amenaza para la sociedad francesa, según un reciente sondeo publicado en el diario Le Monde .
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