La intolerancia de Putin expulsa a los rusos más calificados

Destacados profesionales de todas las áreas se van del país por las presiones constantes que reciben del Kremlin
Pilar Bonet
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29 de julio de 2015  

MOSCÚ.- Políticos, activistas de organizaciones no gubernamentales, economistas, periodistas y otros profesionales calificados de Rusia emigran para buscar en el extranjero las oportunidades que no ven en su país, cuyas autoridades se muestran cada vez más intolerantes con los sectores críticos.

Europa es el destino favorito de estos emigrantes de elite con motivaciones individuales diversas: unos se van porque son perseguidos o se arriesgan a ser procesados; otros, porque encuentran trabajos más atractivos o porque se sienten en peligro y temen por sus familiares. En este conjunto heterogéneo, hay también empresarios de éxito que tuvieron que vender sus negocios en Rusia. Svetlana Ganushkina, de la ONG Colaboración Ciudadana, especializada en emigración, afirma que el número de rusos que pidieron asilo en Europa se duplicó entre 2012 y 2013, y pasó de 21.000 a 41.000.

En teoría no hay persecución política, pues la fiscalía o el comité de investigación de Rusia alegan sospechas delictivas contra los indeseables, como Ilia Ponomariov, el único diputado de la Duma Estatal de Rusia (la Cámara baja) que votó contra la anexión de Crimea en 2014.

Ponomariov, un político de izquierda y uno de los líderes de las protestas contra las irregularidades en los comicios parlamentarios de 2011 y presidenciales de 2012, ha sido privado de la inmunidad para poder ser procesado por supuesta participación en un despilfarro en el centro tecnológico de Skolkovo (el proyecto estrella de la época en que Dimitri Medvedev sustituyó a Putin al frente del Estado). Ponomariov, especialista en alta tecnología, reside hoy en California.

Maria Gaidar, la hija de Yegor Gaidar, el artífice de la reforma económica liberal rusa, ha aceptado este mes el cargo de vicegobernadora de Odessa, que le propuso Mikhail Saakashvili, actual gobernador de aquella provincia ucrania y ex presidente de Georgia. Gaidar, que estudió administración pública en Harvard, fue vicegobernadora de la región rusa de Kirov, asesora del ayuntamiento de Moscú y estuvo involucrada en múltiples proyectos de oposición. Ahora, ha sido acusada incluso de traición a la patria por políticos establecidos de Rusia y Ella Pamfilova, jefa de la comisión del reparto de becas presidenciales, ha anulado la que Gaidar había recibido como jefa de la ONG Demanda Social.

Los periodistas son otro de los contingentes que emigran. En Letonia está la redacción de Meduza, una web fundada por Galina Timchenko en octubre de 2014. Timchenko fue cesada como directora del servicio informativo ruso lenta.ru tras publicar una entrevista con un nacionalista radical ucranio. La comunidad de periodistas rusohablantes es muy numerosa en Kiev, pero estos emigrantes de la pluma tampoco son un grupo homogéneo. Algunos, como Yevgueni Kisiliov, fueron estrellas en canales de televisión rusos (NTV, del oligarca Vladimir Gusinski) que recibieron atractivas ofertas en Ucrania al quedarse sin trabajo en su país en los primeros años del mandato de Putin.

Pero hay periodistas emigrantes de nueva hornada, como Aidar Muzhdabaiev, que se ha trasladado a Kiev para participar en la codirección de ATR, el canal tártaro que las autoridades rusas han sofocado este año en Crimea, al no renovarle la licencia. El canal es ahora gestionado desde Kiev, ya que los periodistas de ATR en Crimea "no tienen acceso a ningún órgano oficial", dice Muzhdabaiev por teléfono. "Todavía no sé si voy a tener problemas para volver a Rusia", afirma este profesional que hasta hace poco era vicedirector de Moskovski Komsomolets, el diario de mayor tirada de Moscú.

Este mes, el escritor ruso Dimitri Bykov daba una conferencia en una sala rebosante en Londres. "Éramos el mismo público que en Moscú", afirma Roman Borisovich, que asistió al acto y que en 2012 abandonó Rusia, donde era vicepresidente de la mayor compañía de seguros del Estado. Se fue para evitar problemas a su jefe, dice, al que presionaban los servicios de Seguridad para que lo despidiese por haber apoyado públicamente la campaña anticorrupción del político Alexei Navalni. En Londres, donde reside, Borísovich hace campaña para que el Parlamento británico legisle para que sean públicas las transacciones inmobiliarias de los oligarcas rusos en Gran Bretaña. "La amplia diáspora rusa existente en Londres se ha reforzado en los últimos tiempos con emigrantes políticos", dice por teléfono.

En 2012, Alexei Navalni publicó la lista de 16 personas que declararon apoyar con dinero de su propio bolsillo el fondo anticorrupción que él había creado. En la "lista de los valientes", además de Borisovich, estaba Sergei Guriev, el rector de la Escuela de Economía de Rusia, y su esposa la economista Yekaterina Zhuravskaya, ambos residentes hoy en Francia.

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