La "justicia divina" de La Familia
El poderoso cartel de Michoacán es una de las organizaciones criminales más violentas de México
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"La Familia no mata por dinero, no mata mujeres, no mata inocentes, muere quien debe morir, sépalo toda la gente; esto es Justicia Divina." La Familia Michoacana no es un cartel cualquiera. Ni siquiera es sólo uno de los carteles más violentos de México. Es algo más. Es el narcoestado en su máxima expresión. Una organización criminal que habla a través de narcomensajes, regala biblias y decapita a sus enemigos en nombre de una particular visión de la justicia y bajo un objetivo definido: sustituir al Estado en su territorio.
Sus capos se proclaman protectores del pueblo, no toman drogas ni alcohol, son lectores devotos de la Biblia y defienden los valores de la familia tradicional. Se jactan de actuar como unos Robin Hood del siglo XXI, pero lo único que reparten a diestra y siniestra son las cabezas de sus víctimas, decapitadas por no someterse a su doctrina.
Aunque los orígenes de La Familia se remontan a los años 80, cuando se dedicaba al tráfico de marihuana, el grupo irrumpe en la escena del crimen organizado en 2006 con una ejecución múltiple que hiela la sangre de la opinión pública. Un comando armado entró en un antro de la ciudad de Uruapan y arrojó cinco cabezas humanas sobre la pista de baile. Y un narcomensaje : "Sépanlo, esto es justicia divina".
La Familia se aprovechó de la rivalidad entre los carteles del Golfo y de Sinaloa, y de la mano de Los Zetas, ex brazo armado del cartel del Golfo, fue creciendo en Michoacán hasta imponer su modus operandi y hacerse fuerte en más de la mitad de ese estado, enclavado en la costa del Pacífico, una zona estratégica para el tráfico de drogas. Según la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos, La Familia practica todas las artes del crimen organizado: tráfico de drogas, secuestro, extorsión?
Además de la distribución de cocaína y de marihuana, el grupo se ha especializado en la venta de anfetaminas en el mercado estadounidense. Para ello, ha ido reclutando dealers entre la amplia comunidad michoacana de Estados Unidos.
Cursos de ética
La otra justicia, la mundana, ha logrado asestarle algunos golpes de gracia a la banda. Uno de sus líderes, Rafael Cedeño, alias "El Cede", cayó en abril mientras asistía al bautismo de su nieta. "El Cede" adoctrinaba a sus miembros con cursos de ética y superación personal. Es decir, nada de drogas, nada de alcohol y mucha vida familiar. Para superarse, los nuevos sicarios también recibían en sus ratos libres adiestramiento para manejar un AK-47 o un machete.
Quien no ha caído todavía preso es el principal "predicador" de la banda, Nazario Moreno, alias "El Chayo", más conocido con el sobrenombre de "El Más Loco", un apodo que le va como anillo al dedo. Si "El Cede" captaba a sus hombres a través de una asociación religiosa, "El Chayo", que dirige la organización junto a Jesús Méndez, alias "El Chango", exige a sus lugartenientes que lean su libro de cabecera: Salvaje de corazón , del autor evangélico estadounidense John Eldredge, que predica la "hombría" en el amor.
En el "manifiesto" que La Familia divulgó en 2006 quedó ya reflejado el discurso paranoico de la organización. El grupo se proponía como misión la erradicación del secuestro y la extorsión que perpetraban en Michoacán delincuentes de otros estados. "Nuestra única razón es que amamos a nuestro estado y ya no estamos dispuestos a que la dignidad del pueblo sea atropellada", aseguraban, mientras sacaban a balazo limpio de Michoacán a los gatilleros de los carteles de Sinaloa y del Golfo. Para "convencer" a sus paisanos, La Familia llamaba en su "manifiesto" a una reflexión final: "¿Tú qué harías como michoacano? ¿Te unirías a La Familia si ves que estamos combatiendo estos delitos? ¿O dejarías que sigan creciendo? Danos tu opinión". Desde 2006, las "opiniones" negativas a esta original encuesta de vida cotidiana se cuentan por cabezas decapitadas en los estados de Michoacán y del vecino Guerrero, donde La Familia ya "predica" desde hace algún tiempo.
Entusiasta del narcomarketing , La Familia también le ha mandado varios mensajes al presidente Felipe Calderón, michoacano de nacimiento. El primero fue el 15 de septiembre del año pasado, cuando estallaron varias granadas de fragmentación en la plaza principal de Morelia, capital del estado, en plena celebración del Día de la Independencia. Ocho personas murieron en el primer atentado narcoterrorista en México, que hizo recordar a la Colombia de Pablo Escobar. Aunque no está claro quién arrojó las granadas, se sabe que fue un ajuste de cuentas entre La Familia y Los Zetas.
Harto de enviar mensajitos a los periódicos locales, el jefe militar de la banda, Servando Gómez, alias "La Tuta", dio un paso al frente hace tres meses y, en una llamada telefónica a un canal de televisión, le propuso a Calderón un "pacto nacional". Previamente, "La Tuta" había ordenado la ejecución de una docena de policías en respuesta a las detenciones de miembros de La Familia.
Probablemente, el cartel volverá a responder ahora violentamente ante el golpe recibido en Estados Unidos. "La Tuta" y "El Más Loco" preparan ya su habitual y macabra firma: "Atentamente. La Familia".
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