La mayor ilusión de Europa se resquebraja

Giro. La elección en España profundizó las divisiones del bloque
A. Higgins
Alison Smale
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24 de diciembre de 2015  

BERLÍN.- Con el resultado de las elecciones del domingo pasado en España, Europa termina con sabor amargo un 2015 de por sí tumultuoso, marcado por el creciente aislamiento de Alemania y la profundización de las divisiones en el continente.

Los votantes españoles siguieron el camino de los portugueses y de los griegos, que este año decidieron castigar a los gobiernos conservadores que se habían aliado con Bruselas, Berlín y los acreedores internacionales en la aplicación de políticas de austeridad como solución para la crisis de la deuda europea.

A partir de 2016, a ese poderoso trío le quedarán pocos amigos a los que recurrir. Tras una sucesión de elecciones, el espacio de centro de la política europea fue quedando vacío, y ahora la pregunta es cómo harán los países del bloque europeo para seguir avanzando juntos hacia el mayor de sus sueños: una unión consolidada.

Tras conocerse los resultados electorales de España, el italiano Matteo Renzi, un primer ministro de centroizquierda que logró construir una buena relación con la canciller alemana Angela Merkel, renovó sus ataques contra las políticas de austeridad y, por elevación, también contra Merkel, y echó la culpa a esas políticas del ascenso de los populismos en toda Europa.

"Seamos sinceros -le dijo Renzi al Financial Times-. Europa tiene que servir a los 28 países, no a uno solo."

Todo eso se suma a la sensación de aislamiento que se vive en Berlín por la crisis migratoria y por el recetario económico alemán, y viene a completar el cuadro de amenaza de disolución de la unidad europea que se vivió durante el año.

El barro poselectoral de España constituye un revés más en un año de crisis encadenadas, dijo Charles Grant, director del Centro para la Reforma Europea, un grupo de investigación con sede en Londres.

"Fue un annus horribilis", dice Grant, y añade que la estabilidad política edificada sobre partidos políticos fuertes durante décadas comenzó a crujir con el advenimiento de fuerzas políticas que desafiaron ese antiguo orden, como el movimiento de centroizquierda Podemos, que salió tercero en España.

"Es el fin del bipartidismo español -dijo François Lafond, director ejecutivo de EuropaNova, un grupo de investigación con sede en París-. Lo mismo está ocurriendo en Francia, Italia y otros países. Ahora tenemos un sistema político fragmentario en toda Europa."

El resultado de las elecciones en España refleja el creciente desbarajuste de la propia Unión Europea y plantea tal vez el desafío más serio para Alemania, que hace décadas se alzó como la mayor potencia de Europa, al presentar sus políticas como si fueran un objetivo europeo, y no solamente alemán.

"En el tema de los refugiados estamos bastante aislados -dice Sylke Tempel, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores-. Pero no es sólo el tema de la austeridad o de los refugiados. Va mucho más allá."

Los partidos populistas en ascenso "están tirando a la basura todo lo que se ha construido en las últimas décadas", dijo Tempel. Eso significa que la UE tiene que convencer urgentemente a la opinión pública desilusionada de que su existencia es relevante y necesaria.

El ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, un convencido de la unidad europea, admitió en una entrevista concedida a la revista Der Spiegel que "la crisis de los refugiados ha expuesto impiadosamente las divisiones en Europa" cuando "las consecuencias de la crisis financiera lejos están de haber sido superadas".

Las elites políticas europeas repiten desde hace años como un mantra que el continente siempre emerge fortalecido de cada una de sus muchas crisis. Pero hasta Steinmeier reconoció que actualmente "no es fácil" confiar en ese relato.

Mientras el movimiento populista de derecha del Partido de la Libertad de Austria emerge como primero en las encuestas, el canciller de ese país, Werner Faymann, un socialdemócrata, señaló recientemente en una entrevista que el mejor modo que tienen los partidos tradicionales de conseguir votos no es con más austeridad, sino revitalizando la anémica economía europea.

"Lo mejor es que cada desempleado consiga trabajo, y no es lo que está ocurriendo con los 24 millones de desocupados que tiene Europa actualmente -dijo Faymann-. En algunas regiones, más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo. Y tal vez incluso un número similar de personas no puedan vivir dignamente con lo que ganan."

Ese descontento popular con Europa es el que ha generado un vacío que va siendo ocupado por extremistas de derecha, como la nacionalista francesa Marine Le Pen. Y en países donde el recuerdo del fascismo está todavía muy presente, como España, Grecia y Portugal, esa insubordinación viene de la izquierda radicalizada.

La afiliación a los partidos políticos tradicionales sigue en caída libre en toda Europa. Un estudio conducido por un investigador de la universidad holandesa de Leiden reveló que desde la década de 1990 los partidos tradicionales de Francia, Italia y Gran Bretaña han perdido alrededor de dos tercios de sus afiliados.

Lafond, del grupo de investigaciones EuropaNova, dijo que el desencanto de la opinión pública con los partidos tradicionales es reflejo de la indignación y la impotencia de saber que el poder real que marca la agenda ya no responde a los líderes políticos nacionales, sino al mercado, a las instituciones de la Unión Europea y a las corporaciones.

"El mundo es cada vez más complejo, pero los líderes políticos tienen cada vez menos cabida en la transformación de la realidad", dice Lafond, y agrega que estos votantes de izquierda respondieron a la promesa populista de pelear contra las que, a su entender, son las fuerzas antidemocráticas de los tecnócratas de Bruselas y de los financistas globales.

Recuperar un fuerte crecimiento y hacer frente a la crisis de refugiados sólo son los retos más visibles de Europa para 2016. Los líderes en Bruselas y en Berlín se enfrentan a una tarea aún más desalentadora si quieren salvar lo que se ha construido, dijo Tempel.

"No conseguimos darle a la UE un relato positivo como algo que queremos y no como algo que necesitamos -dijo-. La necesitamos, pero debemos quererla." La velocidad pero también la paciencia son esenciales, agregó. "El tiempo de engañarnos a nosotros mismos ha terminado."

Traducción de Jaime Arrambide

Un tiempo que la UE no olvidará

Terrorismo

El año empezó y terminó con ataques jihadistas en París que le dieron escalofríos a toda la región. En enero el blanco fue la revista satírica Charlie Hebdo y en noviembre pasado hubo ataques coordinados contra un teatro, dos bares y un estadio

El drama migratorio

La imagen desgarradora de Aylan fue el ícono de una crisis que no hace más que empezar y que todavía no tiene respuesta: más de un millón de refugiados entraron en lo que va del año al bloque. La mayoría de ellos huyen de las guerras en Siria e Irak

Hartazgo de la austeridad

El triunfo del partido de izquierda radical Syriza en Grecia marcó el tono político del año: ciudadanos hartos de la austeridad dictada desde Bruselas y una Alemania cada vez más aislada. Los partidos populistas no hicieron más que crecer

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