La nación del startup recurre a la tecnología y tests masivos para combatir al coronavirus
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Israel comenzó su batalla contra el nuevo coronavirus cuando denegó la entrada a los visitantes de China, Hong Kong, Macao, Tailandia y Singapur, mucho antes de que el "enemigo invisible" ingresara en el país.
Pese a sus esfuerzos, el virus llegó el 21 de febrero cuando una mujer dio positivo tras regresar del crucero Diamond Princess en Japón. Al día siguiente, el gobierno instruyó una cuarentena de 14 días para todos aquellos que hubiesen visitado aquel país o Corea del Sur y suspendió los vuelos a esos dos destinos.
Ese fue el comienzo de un espectro de medidas –que van desde la vigilancia y el confinamiento hasta el testeo masivo– adoptadas por el gobierno israelí para derrotar al coronavirus, o al menos, "aplanar la curva" de contagio.
Para el 2 de marzo, el día de las elecciones parlamentarias, había 12 casos positivos en el país y 4076 personas confinadas, que votaron en cabinas aisladas especialmente construidas y atendidas por médicos con equipo de protección.
Una semana después, los casos aumentaron a 50 y el primer ministro Benjamín Netanyahu declaró una cuarentena domiciliaria obligatoria para todos los viajeros, independientemente del país de procedencia, extendiendo una lista que ya incluía a las siete naciones mencionadas anteriormente y a Italia, España, Francia, Austria, Alemania y Suiza.
No obstante, el virus ya había logrado filtrarse en el país, por lo que las restricciones fronterizas podrían ayudar pero no evitar la propagación interna. Con ese objetivo, el gobierno anunció unos días después el cierre inmediato de escuelas, institutos y universidades, luego de establecimientos de ocio y por último prohibió las reuniones de más de 10 personas, que ya estaban limitadas a una capacidad máxima de 100.

El 25 de marzo, con 2369 casos en el país, el gobierno endureció aún más las medidas de prevención, un paquete que incluyó el cierre de sinagogas y prohibió a los ciudadanos alejarse más de 100 metros de sus casas, a menos que fueran a comprar comida o medicinas o tengan que ir al médico.
Asimismo, los transportes redujeron su frecuencia otro 25%, mientras que los taxis comenzaron a circular únicamente con un pasajero, según informó el diario Yedioth Ahronoth.
Tecnología para el monitoreo
Pero el gran aliado de Israel, la nación de los startups, en la lucha contra la epidemia ha sido la tecnología. El 17 de marzo, el gobierno de Netanyahu autorizó a Shin Bet, la agencia de seguridad interna de Israel, a usar datos de geolocalización de los teléfonos celulares para rastrear los movimientos de las personas que dan positivo por el virus e identificar a otros que deberían ser puestos en cuarentena.
"Sin encontrarlos rápidamente y ponerlos en cuarentena, seguramente habrían infectado sin saberlo a muchas más personas", dijo entonces Shin Bet en un comunicado.
Sin embargo, la medida, que fue autorizada sin pasar por la corte, suscitó serias preocupaciones sobre las violaciones de la privacidad y las libertades civiles, según informó el periódico The Times of Israel.
Por su parte, el Ministerio de Transporte y Seguridad Vial de Israel instituyó un sistema de notificación que permite a los pasajeros que utilizan el transporte público preguntar si han compartido un viaje con una persona enferma con Covid-19. Los historiales de viaje se almacenarán mediante el uso de los pases electrónicos que se utilizan en el país, conocidos como Rav-Kav.
Israel, uno de los polos mundiales del emprendimiento y la innovación, también recurrió a su bastión de startups para combatir el virus. De hecho, la Autoridad de Innovación está ofreciendo 13,6 millones de dólares en subvenciones a nuevas empresas que buscan soluciones para lidiar con la crisis que provocó la pandemia, informó el medio Israel21c.
Por mencionar algunos ejemplos, el doctor Noam Gavriely inventó un barbijo especial llamado ViriMASK para los profesionales de la salud y la empresa Soapy creó un aparato para un lavado de manos adecuado.

Además, varios laboratorios israelíes están trabajando para desarrollar una vacuna.
"Tests, tests y más tests"
Al igual que Corea del Sur o Alemania, Israel adoptó una estrategia de testeo extensiva. Aunque durante la mayor parte de febrero el país condujo entre 750 y 1000 pruebas por día, para mediados de marzo aumentó la capacidad a 3000 y hoy realiza aproximadamente 6000 análisis diarios. El gobierno planea llegar a los 10.000 para el final de esta semana y la próxima a 30.000.
A modo de referencia, Corea del Sur, que conduce tests desde el 3 de enero, está llevando a cabo aproximadamente 15.000 análisis diarios, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de aquel país. De cualquier manera, la población de la nación asiática es seis veces mayor a la de Israel.
Para aumentar los testeos, el Magen David Adom, el servicio nacional de emergencias médicas, desastres, ambulancias y banco de sangre, abrió centros de "drive through"(el mecanismo que utilizan las cadenas de comida rápida) en Tel Aviv, Haifa, Jerusalén y Beersheba, a donde se puede ir en auto para hacer el análisis.

Por su lado, el servicio de inteligencia del Mossad ayudó la semana a traer 500.000 kits de prueba de coronavirus a Israel en dos operaciones distintas desde una ubicación extranjera no revelada, informó la Oficina del Primer Ministro.
Focos
El director general del Ministerio de Finanzas de Israel, Shai Babad, dijo el domingo pasado que el gobierno está considerando imponer una cuarentena total en las ciudades "haredim" (ultraortodoxas) como Bnei Brak, donde las tasas de infección de coronavirus son especialmente altas, informó The Times of Israel.
En una audiencia del comité del Parlamento, Babad señaló que el cumplimiento de las órdenes de distanciamiento social en el sector ultraortodoxo ha sido difícil. "Tenemos bastantes problemas con la sociedad ultraortodoxa, en lugares como Bnei Brak", dijo. "Parte de la discusión es acerca de cómo podemos tener éxito en imponer un cierre y una cuarentena total en esos lugares", añadió.
Tras la publicación de datos durante el fin de semana, que muestran altos índices de infección por coronavirus en estas ciudades, el líder rabínico de mayor rango del sector ultraortodoxo, el rabino Chaim Kanievsky, dio la orden a la comunidad de dejar de rezar con el mínimo de al menos diez hombres, como es costumbre.
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