
La otra cara de la opulenta Hong Kong
Los prohibitivos alquileres obligan a muchos a vivir en sampanes o en "hogares jaula"
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HONG KONG, 24.- Es cierto, Hong Kong impacta por sus superlativos: la economía más libre del mundo, el puerto con más contenedores, el lugar con más Rolls Royce, con más celulares y beepers per cápita, etcétera, etcétera. Pero la otra cara de la opulencia está en la falta de espacio.
Tiene más de seis millones de habitantes y una densidad poblacional de alrededor de 5780 personas por kilómetro cuadrado. Y, en consecuencia, un grave problema social: el acceso a una vivienda.
El flamante gobierno de la Región Administrativa Especial (SAR) de Hong Kong, que controlará la "perla de Oriente" a partir de la medianoche del 1º de julio próximo, cuando dejará de ser colonia británica y formará parte de la República Popular de China, prometió en varias oportunidades resolver este tema.
Los precios de la propiedades en esta ciudad son exorbitantes. Y se calcula que subirán más todavía con el "handover", porque, aunque siga habiendo restricciones de inmigración para entrar, los chinos con plata, que no son pocos, podrán hacerlo, y, además se estima que junto a un supuesto crecimiento económico habrá otro de población.
En la actualidad, alquilar un departamento de 60 metros cuadrados, y no en un lugar céntrico ni bonito, cuesta 3000 dólares. Uno de 200 y en una zona exclusiva, 8000. Se entiende entonces por qué la mejor inversión es comprar propiedades.
El punto es que que para los pobres, que tampoco son muchos pero existen, esta situación precaria en cuanto al acceso a la vivienda ha generado dos fenómenos extraños, que podrían definirse como socioculturales, y que dejan a los occidentales boquiabiertos. Estos son por un lado los "cage-men", hombres jaula o personas que viven virtualmente enjauladas, y los famosos sampanes, gente que vive en viejas embarcaciones de madera.
Se estima que hay cerca de 3000 "cage-men", que son personas mayores y de pocos recursos, en su mayoría inmigrantes ilegales, que o ganan muy poco o directamente son desocupados y reciben del gobierno una suerte de jubilación muy baja.
¿Cómo hacen para vivir en uno de los lugares más caros del mundo? Alquilan de a treinta un departamento de 40 metros cuadrados, voltean sus paredes, y adentro instalan cuchetas de dos o tres niveles.
Para guardar sus paupérrimas pertenencias, cada cucheta es cercada con una reja, que tiene una puertita con candado. De ahí el nombre: "cage-home", es decir "hogar jaula". Por ese departamento, una familia normal de cuatro personas pagaría un alquiler de 1500 dólares por mes. Ellos pagan lo mismo, pero compartido.
En el barrio de Mong-Kok, en la península de Kowloon, hay varios lugares de este tipo. Y visitarlos es una experiencia sobrecogedora: la impresión es la de estar en un campo de concentración.
Hace un calor sofocante, aunque en algunas jaulas haya alguien con un pequeño ventilador prendido, el ambiente es más que denso y el olor es a aceite rancio y a transpiración.
Lu Chin, tirado en su colchón de la segunda hilera de jaulas, fuma un cigarrillo y recuerda una película de los tiempos del opio. Su mirada se pierde en la nada y no lo inmuta que haya un periodista en su "hogar".
Es más, parecería que se enteró de que Hong Kong dentro de seis días será restituida a la China comunista sólo porque en los últimos días vio desfilar por ahí a camarógrafos, fotógrafos y reporteros de otra raza.
Obviamente, no habla inglés. Y por medio de un intérprete uno se entera de que tiene 82 años, es viudo y tiene dos hijos que no ve desde hace años y viven en el interior de China. Además, no se queja por el lugar en el que vive.
¿Qué piensa del "handover"? "Está bien", contesta. ¿Cree que su vida puede llegar a cambiar? "No, todo va a seguir igual."
La "boat people"
En Aberdeen, un distrito del sur de la exclusiva isla de Hong Kong, al lado del mar, se da algo parecido, pero de ningún modo tan atroz. En su origen era una villa de pescadores, pero al llegar la civilización allí se construyeron impresionantes edificios de departamentos y una zona marina donde se ven yates ultramodernos.
Tomando un ferry, en pocos minutos se puede alcanzar uno de los restaurantes flotantes más grandes del mundo: el Jumbo Floating Restaurant, otro superlativo de Hong Kong, que mide 79 metros de largo, 24 de ancho y 27 de alto. Con la típica arquitectura china, es una de las mecas de los miles de turistas.
Pero tomando un sampán, también típica embarcación china, y alejándose de ese lugar, se descubre otra realidad, que aquí llaman "boat-people" o directamente sampán. Pescadores que, luego de que el gobierno construyó un refugio contra los tifones, una especie de empalizada para que los barcos estén en aguas quietas, se fueron asentando ahí.
Cada sampán tiene a su alrededor botecitos en los que la gente sale a pescar. Recorrerlos también es impresionante. Se ve un tumulto de barcos enganchados unos a otros y el olor es a agua estancada y suciedad. En cada embarcación saltan a la vista plantas, ropa colgada, jaulas con pichones, perros y muebles viejos de todo tipo.
Se ven también muchos barcos de pesca -se estima que allí hay unos mil- y, sobre algunas cubiertas, niños con el típico sombrero de bambú que van colgando en hileras cientos de pulpos recién sacados del mar.
Mercados flotantes
La comida no parece faltar no sólo porque la gente vive de la pesca, sino también porque hay "barcos mercado" que recorren el vecindario con fruta, verduras y demás comestibles para vender.
Una escenografía verdaderamente pintoresca, hasta que uno toma conciencia de que son casas flotantes y de que en cada sampán viven al menos veinte personas.
Se trata de gente pobre, pero la leyenda cuenta que hay algunos que no lo son tanto y tienen un departamento que alquilan.
Allí tampoco parecen estar muy al tanto del inminente "handover". Su vida no pasa por ahí. Pero quizás, si son observadores, se darán cuenta de que el 1¡ de julio los tres o cuatro barcos guardacostas que surcan las aguas de la zona deberán cambiar algunas cosas.
Primero, la bandera de la colonia británica que llevan en el mástil, por la de la flor roja de la nueva Región Administrativa Especial de Hong Kong. Segundo, la inscripción que dice: "Royal Hong Kong Police". El "Royal" se habrá acabado.
Una gigantesca organización al servicio de 8000 periodistas
Excelencia: para atender a la prensa mundial que informará sobre la ceremonia de traspaso se puso en marcha un operativo de llamativa perfección.
HONG KONG, 24 (De una enviada especial).- Aunque se puede decir que los organizadores del traspaso de soberanía tuvieron años para prepararlo, hay que admitir que la organización que han puesto en marcha es increíble. Por lo menos, a los ojos de un sudamericano.
Se calcula que hay 8000 periodistas y todo lo que tenga que ver con acreditación, pases, información, mapas etc., está sincronizado a la perfección. No hay errores de ningún tipo y los trámites correspondientes toman apenas minutos.
La cordialidad es moneda corriente. Y el centro de prensa montado en el séptimo piso del ultramoderno Convention and Exhibition Center -pegado al gigantesco edificio donde se llevará cabo la ceremonia del "handover"- es directamente algo que está más allá del Primer Mundo.
Eso sin contar la vista que se tiene desde allí: todo vidriado, da sobre el puerto de Victoria; al ingresar no parece que haya tantos periodistas, porque casi no hay ruido y el ambiente es de calma.
Hay detectores de metales (como los de los aeropuertos) y gentiles guardias de seguridad que revisan los bolsillos.
Aunque el complejo es inmenso, es imposible perderse porque todo está perfectamente señalizado y además hay centenares de personas que están al servicio de los hombres de prensa llegados de todo el mundo para orientarlos.
Lo más impactante es la enorme sala para los periodistas.
Allí, aunque está prohibido fumar (un drama para los viciosos), hay teléfonos, escritorios, enchufes, al menos tres pantallas gigantes con las últimas noticias sobre el "handover", decenas de máquinas de fax, fotocopiadoras e incluso computadoras para ingresar en la Internet.
No hace falta decir que además hay restaurante, bar, correo, puestos para revelar fotos al segundo y enviarlas vía satélite, y baños ultralimpios.
Todo en cantidades monstruosas, como para que nadie pueda quejarse.
Llegada anticipada de las tropas chinas
Acuerdo reciente: 509 militares del ejército oriental entrarán en Hong Kong 3 horas antes del "handover" para garantizar la seguridad.
HONG KONG, 24 (De una enviada especial).- Más de 500 miembros del People Liberation Army (PLA), el ejército de la República Popular de China, llegarán a Hong Kong mientras ésta sea todavía colonia británica.
En efecto, según adelantaron hoy fuentes gubernamentales, las dos partes del aquí llamado Liason Group chino-británico acordaron ayer que un pequeño contingente del ejército chino llegue aquí el 30 de junio, a las 21, tres horas antes de que se realice el traspaso de soberanía oficial.
El motivo fue "asegurar que el PLA esté en condiciones de asumir la defensa" de la futura Región Administrativa Especial "a partir de la hora cero del 1º de julio", dijo un vocero.
Son 509 militares, que se apostarán en distintos lugares del territorio. Un grupo de 79 lo hará en las llamadas Prince of Wales Barracks, que quedan justo frente al puerto de Victoria, desde donde, a la medianoche, participarán de una ceremonia para marcar el traspaso de dicho cuartel.
De acuerdo con la Declaración Conjunta chino-británica de 1984, si bien Hong Kong mantendrá su sistema capitalista y su libre economía de mercado por lo menos 50 años, la defensa y las relaciones exteriores estarán a cargo de de China.
Según pudo saberse, este acuerdo fue precedido por intensas negociaciones: los chinos querían que entraran 1000 uniformados antes de la medianoche crucial. La demanda se debió a sus preocupaciones de seguridad por la visita oficial que efectuarán varios líderes de Estado, entre ellos su presidente, Jiang Zemin, para el "handover".
Después del 1¡ de julio se instalarán en Hong Kong cerca de 5000 miembros del PLA, la mitad del número de tropas británicas estacionadas aquí en los últimos años, y 5000 más a lo largo de la frontera, en Shenzhen.
El contingente deberá hablar tanto inglés como cantonés (el dialecto chino que se habla aquí), atenerse a las leyes locales y permanecer concentrado en 14 distintos cuarteles militares.
Tendrá un papel puramente defensivo, a menos que el jefe del Ejecutivo le pida a Pekín su asistencia para casos de desastres naturales o para mantener el orden público, o si el Congreso Nacional del Pueblo (el congreso chino) decide que aquél necesita ayuda aunque no se dé cuenta.
El oficial del PLA que más gana recibe el equivalente a 30 dólares por mes. Por algo es que nadie espera verlos de compras en shopping centers por aquí. Como tampoco nadie oculta su temor a la llegada de la corrupción.




