La otra cara del éxito chino: los chicos sin padres

La muerte de cinco niños abandonados sacudió al país; sus padres habían migrado a otra provincia por trabajo
Natalia Tobón Tobón
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2 de diciembre de 2012  

PEKÍN.- La muerte de cinco primos que se habían refugiado en un contenedor de basura y que se ahogaron por el monóxido de carbono al encender un fuego para sacarse el frío, hace dos semanas, puso el dedo en la llaga en la sociedad china, que cada vez más se pregunta cómo se está construyendo el futuro de la gran potencia de Asia.

Los cinco primos Tao fueron encontrados en la ciudad de Bijie, en la provincia sureña de Guizhou, once días después de haber sido declarados desaparecidos.

La noticia se extendió por Internet y creó un enorme descontento nacional frente al cuidado de los chicos y a la poca seguridad social y la contención que ofrece el gobierno a la población infantil. "Hemos fallado en nuestro trabajo, no estuvimos lo suficientemente atentos", declaró Tang Guangxing, vocero de Bijie.

Ocho policías fueron suspendidos por haber abandonado la búsqueda, y dos maestros fueron despedidos por no haberles dado un mejor seguimiento a sus estudiantes. Pero decenas de miles de cibernautas y hasta la prensa oficial se preguntaron también dónde estaban los padres.

La respuesta ilustra otra consecuencia de la masiva industrialización de China, y el desequilibrio económico y laboral que existe entre el campo y la ciudad: los padres de los chicos Tao estaban trabajando en otra provincia.

Como los Tao, entre 22 y 24 millones de chicos chinos son dejados por sus padres, según datos oficiales y de Unicef. Pertenecen a familias campesinas y terminan bajo el cuidado de sus abuelos o de otros familiares o conocidos, pues los padres se ven forzados a migrar hacia las grandes ciudades en busca de trabajo.

La práctica en sí no es extraña en este país. Tradicionalmente los núcleos familiares incluyen a los abuelos, que tienden a cuidar de los pequeños. Pero cuando la responsabilidad recae totalmente sobre ancianos, familiares o amigos sin una fuerte relación con los chicos, su vida se torna difícil. Muchos sufren de abusos y abandono, y crecen sin modelos.

"Muchos chicos escapan de sus casas por situaciones de abuso", dijo LA NACION el activista Koen Sevenants, director de Morning Tears, organización que ofrece asistencia a hijos de presos en China, que ante la ausencia de los padres viven una situación similar a la de los hijos de migrantes. "Frente a un abuso físico, así sea muy extremo, nadie va a hacer nada. En China se puede golpear a los chicos y los familiares están en su derecho de hacerlo", agregó.

China no tiene un sistema de asistencia social para la población infantil. El gobierno apenas recién comenzó a entrenar a trabajadores sociales y, sólo hace poco, empezó a regularizar el sistema de recepción de chicos perdidos, reconexión familiar y orfanatos. Se está también intentando controlar la asistencia a la escuela y hacer un seguimiento a los estudiantes ya registrados. Pero la labor es muy difícil, especialmente porque estas instituciones educativas, generalmente, tienen grandes deficiencias que no logran suplir la ausencia de un rol familiar fuerte.

La cuestión es que legalmente estos chicos no son huérfanos y, por lo tanto, el gobierno no puede ubicarlos en orfanatos, donde tendrían alimentación, educación y salud garantizadas. Además, contarían con asistencia social.

"Pekín no es una buena ciudad para un chico. Prefiero dejar a mi hijo en casa, con mi madre, y así poder trabajar fuerte para enviarle dinero", admite Xiao Xu, una mujer de la provincia de Anhui que trabaja como empleada doméstica en la capital. "Mi esposo y yo trabajamos de lunes a sábado, desde las cinco de la mañana hasta las siete de la tarde. ¿Cuándo podría cuidar a mi hijo?", agrega.

Cuando se le consultó si no temía que su hijo reconociera a su abuela como la verdadera madre, al ser la única responsable de su crianza, se quedó un momento vacilante antes de responder: "No. Las dos veces que lo veo al año, en Año Nuevo chino y en el mes de octubre, me reconoce como su madre y siempre quiere estar conmigo, no con su abuela".

Xiao Xu quisiera traer a su hijo, pero se enfrenta a un problema adicional: nadie de la familia tiene hukou -permiso de residencia- para Pekín. La estricta política china frente a estos registros impide que los migrantes trabajen legalmente, reciban asistencia social o puedan inscribir a sus hijos en la escuela. Por la misma razón, encontrar chicos que escapan de sus lugares de residencia es muy difícil, pues al ser campesinos muchos de ellos no tienen hukou , e incluso muchos ni siquiera han sido registrados como ciudadanos chinos para evadir la política del hijo único.

Y si logran acompañar a los padres, deben ser registrados en escuelas ilegales y vivir una vida también solitaria, pero en una gran ciudad.

"Los chicos migrantes tienen acceso limitado a la educación, no hay redes de apoyo en la nueva ciudad, y sus padres trabajan largas horas al día", escribió Jonathan Hursh, de la ONG Compasión para chicos migrantes. Y afirmó: "Los chicos son quienes pagan el precio más alto y corren el riesgo de caerse entre las grietas del sistema chino".

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