
La reina de la novela rosa
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1946
Hace cincuenta y ocho años –cuando tenía apenas 19 y el caudillo Francisco Franco era amo y señor en España– publicó su primera novela de amor. Fue en un octubre como éste, la editó Bruguera y salió a la venta por unas pocas pesetas con el título de "Apuesta atrevida". Y lo fue en todo sentido. Porque la vida de la asturiana María del Socorro Tellado López –alias Corín Tellado– ya no volvería a ser la misma.
Empezó porque necesitaba el dinero. Su padre había muerto y la familia necesitaba ingresos en aquella España difícil. Ella estuvo a punto de empezar a trabajar como vendedora en un negocio de ropa, hasta que quienes conocían su capacidad para inventar historias la animaron a publicar.
Sus novelas cortas se vendían como pan caliente, y en ellas aplicaba una receta con varios ingredientes: luchas por el poder, odios, pasiones, venganzas, traiciones, celos, envidias. Y por encima, una lluvia de pasión y –por qué no– un buen deseo inalcanzable. Mejor todavía si era prohibido. Lo cierto es que, con todo eso, sus heroínas se anticiparon a muchas de la España franquista: abandonaban a sus maridos, se embarazaban fuera del matrimonio, abortaban, fumaban, manejaban su propio auto... claro que la censura le dejó huellas.
"Si necesitaba poner un cura católico, lo cambiaba por un pastor protestante. Y jamás un general como protagonista", dijo. Lo otro: "En vez de mostrar, insinuar". Y la clave del asunto: cuando la cosa se ponía muy picante, no se desarrollaba en España, sino en América latina.
Pasaron los años y el negocio fue de maravilla. Más de 3000 títulos la convirtieron en una de las autoras populares más leídas en lengua española, la reina indiscutible de la novela rosa y el folletín, con más de 400 millones de ejemplares vendidos y traducciones a siete lenguas. Corín Tellado fue uno de los nombres populares en la España de la transición, una máquina de vender historias de amor.
2004
El éxito alcanzado la ha obligado hasta el día de hoy a no abandonar su rutina cotidiana: levantarse, escribir, dormir la siesta, corregir lo escrito durante la mañana. Y vuelta a empezar.
"Tardo ocho días en escribir una novela. Nunca sé muy bien qué va a ocurrir. Por ejemplo, tomo un papel y escribo «Rubén se fue con Belén». Vamos a ver lo que hacen. Y lo hacen. Sea lo que fuere. Es fácil para mí y no puedo evitar que lo sea", explica.
En los últimos años, el mundo de las letras pareció descubrirla. El cubano Guillermo Cabrera Infante –reconocido con el Premio Cervantes– estudió su obra y la definió como "un puente entre la novela rosa galante y la pornografía". Y el peruano Mario Vargas Llosa viajó hasta Gijón –donde reside Corín– para entrevistarla. Escribe sobre ella como "la escribidora de Gijón", un retrato en femenino del entrañable escritor de novelas de radio que protagoniza su célebre "La Tía Julia y el escribidor".
A Corín le han llegado las condecoraciones y las medallas. Una de ellas de manos del príncipe Felipe de Borbón –"un chaval muy majo", dice ella– mientras se queja de la "ironía" y el "desprecio" de sus críticos. "Nadie puede negar que mi obra tiene aceptación", afirma.
En la década del noventa los contratos se multiplicaron e incluyeron cine y televisión. Corín se volvió millonaria y, casi como en sus novelas, la salud le jugó una mala pasada: tres veces por semana debe conectarse a una máquina de diálisis. La vida también le planteó una paradoja: ella, que escribe del amor, se separó muy pronto de su marido y pasó sus mejores años sola. Millonaria y todo, a los 77 años, hoy sigue escribiendo. Todos los santos días. Historias del amor que no tuvo.
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