La revolución 2.0 de los blogueros árabes, de la euforia al desencanto

Los líderes de las protestas en Egipto y Túnez pierden influencia ante el nuevo escenario
Javier Valenzuela
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9 de marzo de 2012  

EL CAIRO.- El ascensor no funciona y hay que subir a pie por una escalera que huele a pis de gato hasta el segundo piso de este edificio de la calle de Kasr el Nil donde tiene su sede la editorial Dar Merit. Allí se presenta el libro Ultras , de Mohammed Gamal Beshir, más conocido como "Gemyhood". Las mezquitas ya llamaron a la oración de la tarde, el sol se puso sobre El Cairo y los embotellamientos siguen siendo descomunales.

Bautizado un "guerrillero del teclado", "Gemyhood" es un popular bloguero de unos 30 años que fue detenido y torturado en tiempos de Hosni Mubarak y que participó activamente, desde el ciberespacio y sobre el asfalto de la plaza de Tahrir, en la revolución del 25 de enero que en 2011 derrocó al "faraón".

Escribió el libro por las conexiones que hubo entre los ultras del fútbol egipcio y la revolución que terminó con Mubarak. Bien organizados, curtidos en enfrentamientos con la policía y de indomable rebeldía, los ultras aportaron contingentes significativos a los manifestantes de Tahrir.

Todo es política en Egipto en este comienzo del segundo año sin Mubarak, pero con un aparato militar y administrativo intacto y en el poder. También el fútbol. Ahora mismo el país sigue debatiendo apasionadamente sobre la reciente matanza en un estadio de Port Said, donde hubo más de 70 muertos.

Hasta fines de la primera década de este siglo, los "ultras" del fútbol eran el único sector organizado y combativo en la sociedad civil egipcia, con la excepción de los Hermanos Musulmanes

Pero entonces ocurrió algo trascendental. Los activistas demócratas encontraron un lugar donde agruparse: el ciberespacio. Su trabajo en Internet y sus redes sociales fueron la levadura que terminó congregando a cientos de miles de egipcios en Tahrir y, en 18 días, consiguió que los propios militares depusieran a su colega Mubarak.

En Túnez, el país pionero de la primavera árabe, había ocurrido más o menos lo mismo, porque el mundo comenzó a hablar de la "revolución de los blogueros". Ellos serían lo que los ilustrados a la revolución francesa, los bolcheviques a la rusa o los disidentes a la caída del muro de Berlín.

Hoy, un año y pico después de las caídas del tunecino Ben Alí y el egipcio Mubarak, a las que les seguirían las del libio Khadafy y el yemení Saleh, y el alzamiento contra el clan sirio de los Al-Assad, la blogósfera democrática árabe padece una fuerte resaca. Internet fue muy útil para superar el aislamiento, romper el muro del miedo y lanzar las revoluciones, pero se probó insuficiente para conseguir la caída de los dictadores, y aún más para construir verdaderas democracias. La euforia de los primeros meses de 2011, cuando el mundo entero hablaba de las "revoluciones Facebook", ha ido dando paso a un realismo desencantado aunque aún combativo.

Contraataque

El contraataque de las fuerzas reaccionarias -militares autoritarios, políticos de colmillo retorcido, millonarios corruptos, islamistas moderados, salafistas delirantes, medios de comunicación conservadores- está siendo feroz.

Y mientras la influencia de los blogueros queda limitada a los jóvenes de las clases medias urbanas con acceso a Internet, los poderes de siempre tienen muchos instrumentos para llegar a las masas populares: las mezquitas, los aparatos del Estado, los diarios, radios y televisiones oficialistas.

Su mensaje es primario: ya está bien de revoluciones que sólo han traído inseguridad y huida del turismo; hay que volver al trabajo bajo el imperio de la ley y el orden.

Ahora, los blogueros continúan entrando y saliendo de la cárcel mientras, en el mejor de los casos, alumbran sus primeros libros. Es lo que ha hecho "Gemyhood" con su obra sobre los ultras del fútbol y también su compatriota Wael Ghonim, considerado una de las personas más influyentes en 2011, según la revista Time . En versiones árabe e inglesa, Ghonim acaba de publicar Revolución 2.0 .

Nacido en El Cairo en 1980 en una familia de clase media, Ghonim es un ingeniero informático que en 2008 comenzó a trabajar para Google y dos años después fue nombrado director de marketing de esa empresa para Medio Oriente y el norte de Africa. Terminaría siendo el más conocido de los ciberactivistas egipcios.

"Ocurrió sin la menor planificación", rememora. "En 2010, cuando [Mohamed] ElBaradei volvió a Egipto y anunció que quería cambiar las cosas, pensé que debía ayudarlo con aquello que yo sabía hacer." Ghonim puso manos a la obra y creó la página de Facebook de ElBaradei, premio Nobel de la Paz y la gran esperanza de la oposición.

Probablemente, los blogueros tunecinos y egipcios triunfaron en las jornadas revolucionarias porque éstas, como ellos mismos, fueron espontáneas, caóticas y batalladoras. Sin embargo, cuando llegó la hora de la política clásica, sus carencias de liderazgo y organización se evidenciaron fatales. Individualistas, la mayoría de ellos se negó a formar parte de un partido, aún menos de un gobierno.

© El PaIs, SL

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