
Labastida ganaba en las primarias del PRI
Una encuesta a boca de urna le otorgaba el 61 por ciento de los votos, contra el 29 de Madrazo; denuncian irregularidades
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MEXICO D.F.- El ex ministro mexicano Francisco Labastida, considerado el delfín de Ernesto Zedillo, duplicó ayer en votos a Roberto Madrazo en las primarias para elegir al candidato a la presidencia de México por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), según una encuesta en boca de urna realizada por el grupo editorial del diario Reforma.
Labastida obtuvo el 61 por ciento de los votos, frente al 29 por ciento de Madrazo. El sondeo fue realizado en 300 mesas electorales diseminadas en 32 Estados, y pareció no afectar a Madrazo, que se autoadjudicó anoche una holgada victoria.
Manuel Bartlett y Humberto Roque, los otros dos precandidatos presidenciales, obtuvieron el 6 y el 4 por ciento, respectivamente.
Al cierre de esta edición no se conocían los resultados oficiales, pero TV Azteca difundió además, apenas terminaron los comicios, una tendencia obtenida en boca de urna según la cual Jesús Silva Herzog, el hombre de Labastida que aspiraba a ser candidato a alcalde del Distrito Federal, se imponía, con un 51 por ciento de los votos, a Roberto Campa Cifrián, que obtenía el 40 por ciento, y a Silvestre Fernández Barajas, con 9 por ciento. El margen de error era de un 4 por ciento.
Un mexicano pudo haber adaptado el brevísimo, y célebre, cuento del escritor hondureño Augusto Monterroso: "Cuando despertó, el PRInosaurio (el dinosaurio, en la versión original) todavía estaba allí". Es lo que sucedió ayer: los mexicanos despertaron, por primera vez en 70 años de unicato del PRI, a la elección del próximo candidato a presidente, pero también advirtieron que los fantasmas de las mañas a las cuales les debe el poder todavía estaban allí.
Hasta último momento hubo denuncias, descalificaciones y suspicacias sobre maniobras no santas de los principales precandidatos. Poco después de votar por sí mismo en la ciudad de México, el favorito, Labastida, admitió que "habrá impugnaciones que tiendan a deslegitimar el triunfo, pero este sistema es mucho mejor que el anterior".
¿Puro maquillaje?
Lo es, seguro, pero muchos se preguntaban ayer si no era, en realidad, puro maquillaje, de cara a las elecciones presidenciales del 2 de julio del 2000, en las cuales, quien haya ganado las primarias enfrentará a dos pesos pesados de la política mexicana: Vicente Fox, por el Partido Acción Nacional (PAN), y Cuauhtémoc Cárdenas, por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
"El dedazo está totalmente enterrado", dijo el presidente del PRI, José Antonio González Fernández. El dedazo (la designación a dedo del sucesor presidencial), sí, pero Labastida y Roberto Madrazo, el segundo en las encuestas previas, no vacilaron en intercambiar acusaciones por presuntas irregularidades. Es decir, el PRInosaurio seguía con vida. En la sede nacional del PRI, poblada desde temprano, nadie reparó en ello.
En Morelia, Michoacán, la gente de Madrazo denunció al representante de Labastida ante el comité local del PRI por haber recogido 500 credenciales electorales (indispensables para votar) poco antes de que se abrieran las mesas. En Cancún, la gente de Labastida acusó a Madrazo de haber violado la veda proselitista que rige desde el cierre de las campañas, el miércoles, ya que se habría reunido con un grupo de simpatizantes.
En la ciudad de México, los ojos de las autoridades de las mesas y de los representantes de cada uno de los cuatro precandidatos no perdían detalle del proceso. "Hasta ahora, todo limpio", señaló a La Nación , al filo del mediodía, la presidenta de una de las mesas, en la calle Amberes, del barrio de restaurantes y hoteles llamado Zona Rosa.
Sobre la mesa quedaban 100 de las 150 boletas numeradas en las cuales figuraban las fotos de los cuatro precandidatos a presidente y de los tres precandidatos a alcalde del Distrito Federal. A su alrededor, atentos, estaban los representantes de Labastida, Madrazo, Manuel Bartlett y Humberto Roque, los pre, a secas. "Fíjate si somos importantes los mexicanos que vienen de la Argentina a ver si hacemos trampa", bromeó Adela Lóizaga, una actriz de teatro que recién había votado.
En otras mesas de la ciudad pasaba lo mismo: nada. Si hubo trampa, no iba a ser visible allí, por supuesto. Cada votante presentaba su credencial, recibía las boletas en las cuales debía tachar el rostro y el nombre de sus preferidos, depositaba sus votos en dos urnas y salía con el dedo manchado de tinta indeleble. "Posibilidad de fraude, al menos aquí, en las casillas, no veo", consideró Eduardo Vázquez, de 48 años, votante confeso de Madrazo.
Podía votar cualquiera, no sólo los afiliados del PRI. Y así fue como Philippe Martínez, representante de una embresa de Hong Kong, votó a Roque, aunque en las generales siempre se haya inclinado por el PRD.




