Las dos caras de Mujica: encandila al mundo, pero polariza a los uruguayos

Mientras que la fama planetaria del presidente se extiende, en su país suma tantos adeptos como detractores; su falta de gestión y las promesas incumplidas, las principales críticas
Adriana Riva
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17 de mayo de 2014  

Si existiese un ranking de popularidad de presidentes a nivel mundial, José Mujica seguramente lo encabezaría. The Observer explicó, hace poco, en un artículo de ficción cuánto mejoraría Gran Bretaña si el presidente uruguayo fuese su primer ministro; The Economist eligió, en 2013, a Uruguay como el mejor país del año y elogió al "admirablemente humilde" Mujica; La Repubblica lo llamó "el Mandela sudamericano", y, esta semana, Barack Obama lo calificó como "un líder a lo largo de todo el hemisferio".

Entre celebridades, movimientos y artistas, la fascinación que despierta el "Pepe" es aún mayor. Emir Kusturica empezó a filmar un documental sobre "el último héroe de la política"; una ONG holandesa y profesores de la Universidad de Bremen lo postularon para el Premio Nobel de la Paz y hasta un sorprendido Mario Vargas Llosa reconoció que, gracias a su presidente, Uruguay es hoy "un ejemplo que los demás países latinoamericanos deberían seguir". El mundo ama a Mujica. ¿Y los uruguayos? ¿También?

Tal vez porque en el propio país las virtudes y los defectos de los políticos se conocen mejor que afuera, el ex tupamaro, de 78 años, suma en su patria tantos adeptos como detractores: mientras que la mitad de los uruguayos se jacta de tener el mejor presidente del mundo, la otra mitad se agarra la cabeza.

"Al igual que en la Argentina, en Uruguay la opinión pública respecto de la gestión presidencial está muy politizada: aprueban los que se sienten cercanos al oficialismo y desaprueban todos los demás", explica a LA NACION Adriana Raga, directora de la consultora Cifra.

En su último año de mandato, Mujica mantiene el mismo capital político con el que ganó la primera vuelta electoral, en 2009. En octubre de ese año, cosechó casi el 48% de los votos. Hoy, el nivel de aprobación a su gestión según la última encuesta de Cifra es de 52%; según la de consultora Equipos Mori, de 45%. "Mujica tiene un nivel de aprobación menor que el de su antecesor, Tabaré Vázquez, a estas alturas de la gestión, pero mayor que la de todos los otros presidentes uruguayos en el último año de su gobierno", destacó Raga.

Y es que también para los uruguayos Mujica es un hombre entrañable. Su historia es de película. Guerrillero tupamaro en los 60, se alzó en armas contra el gobierno, recibió seis balazos y fue apresado cuatro veces. En dos oportunidades, logró fugarse. En total, pasó 14 años encerrado, 11 de ellos en aislamiento. El retorno de Uruguay a la democracia lo embarcó en la política, donde hizo una carrera sin retrocesos. Pasó de diputado a senador, y de ministro a presidente. Aunque no luce ni actúa como uno.

Mujica se viste informalmente. Vive en una modesta chacra junto a su mujer, la senadora Lucía Topolansky, y Manuela, su perra de tres patas. Maneja un Volkswagen escarabajo de 1987 y dona el 90% de su sueldo a proyectos de caridad. Este atípico perfil le valió el apodo de "el presidente más pobre del mundo" (que él rechazó diciendo "pobres son los que quieren mucho", más aplausos) y lo convirtió en uno de los líderes más mediatizados.

"En un liderazgo político global acosado por casos de corrupción y tráfico de influencias, Mujica despertó la atención mundial porque emergió como estandarte de la austeridad, la honestidad y como símbolo de la reconciliación, por su pasado guerrillero y su posterior adaptación al juego democrático", señala a LA NACION Ignacio Zuasnabar, director de Equipos Mori.

Con su épica historia de vida y su austeridad espartana, Mujica embobó a un mundo que huye de los políticos como de la peste y volvió a poner a Uruguay, un país con apenas 3,3 millones de habitantes, en el mapa. Pero eso fue sólo el principio.

Llegaron entonces las tres legalizaciones progresistas -aborto, matrimonio homosexual y marihuana-; sus anuncios sobre un probable recibimiento de presos de Guantánamo y asilo a niños refugiados sirios; su ofrecimiento para mediar en el proceso de paz colombiano y en la crisis política de Venezuela, y su aplaudida prédica contra el capitalismo inhumano... y Mujica se convirtió en el nuevo héroe global. Los activistas del mundo parecen estar a un paso de canonizarlo.

En Uruguay, sin embargo, el impacto de estas leyes progresistas y explosivos anuncios no fue tan glorioso, porque "los temas que causan impacto a nivel internacional no son los que preocupan prioritariamente a los uruguayos", dice Raga.

¿Cuáles son entonces? ¿Económicos? No tanto. Los años de gobierno de Mujica fueron de vacas gordas. En 2013, su PBI creció un 4,4% y va por su undécimo año de crecimiento. El desempleo se mantuvo bajo, entre 6 y 7%, y unas 29.000 personas salieron de la pobreza. Sí hubo, sin embargo, "un incumplimiento sistemático de la meta de inflación (ronda el 10%), que generó que Uruguay mantenga unos precios en dólares muy elevados, no son sostenibles a mediano plazo", precisa a LA NACION el economista Gabriel Oddone.

Los temas que realmente preocupan a los uruguayos son los mismos que su presidente marcó como prioritarios en su programa de gobierno: educación, seguridad y medio ambiente, tres áreas donde los avances fueron pocos.

Los resultados de Uruguay en el último informe PISA fueron malos: quedó en el puesto 57° entre 67 países, su peor ubicación desde que se sumó a las pruebas, en 2003. La deserción en la educación secundaria es, además, altísima, y la tasa de repetición ronda el 40%.

En materia de seguridad pública, según el informe del PNUD, el país lidera el porcentaje de víctimas de robo sin violencia en la región, con el 64,31%, mientras que los robos con violencia, si bien pocos, aumentaron en todos los años de su gobierno.

Y si es el quijote del ambientalismo, ¿por qué impulsó el controvertido megaproyecto Aratirí, un plan de minería a cielo abierto para la extracción de hierro, o el polémico puerto industrial de aguas profundas en Rocha, una zona costera no contaminada? Estas preguntas y planteos son los que los periodistas locales querrían hacerle a Mujica y los que jamás le han hecho los medios extranjeros.

Desde afuera no se ven los problemas de gestión, las contradicciones políticas y las promesas incumplidas. "Hay una crítica profunda a la ineficiencia. La sensación dominante es que este gobierno no hizo ninguna obra concreta identificable", afirma Raga. Otros analistas también lamentaron que Mujica no haya logrado armar una agenda de transformaciones -como una reforma educativa o la reestructuración del ferrocarril- para augurar un crecimiento sostenido en el futuro.

Zuasnabar esboza una idea que grafica bien la situación: "Mujica puede ser evaluado por lo que es, o por lo que hace. Quienes ponen el foco en su persona tienden a tener una imagen positiva. Quienes ponen el foco en su gestión suelen tener una visión más crítica".

Del editor: qué significa. Tal vez Mujica deje un legado de austeridad y humildad, pero también de oportunidades perdidas en pleno auge económico.

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