Uribe: "Las FARC son el mayor cartel de drogas del mundo"
Lo afirmó Alvaro Uribe en el Gran Rex, un día después de que se encontrara allí un explosivo
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Cada vez que tiene la oportunidad, a Alvaro Uribe le gusta hablar de sus "tres huevitos": la estrategia de "seguridad democrática", la cohesión social y el estímulo a la inversión. Un legado político que ayer volvió a reivindicar, en Buenos Aires, con un categórico rechazo a una hipotética negociación con la guerrilla de las FARC, "el mayor cartel de drogas del mundo", en palabras del ex presidente colombiano (2002-2010).
Rodeado de un amplio dispositivo de seguridad y con varias decenas de personas manifestándose en su contra en la calle, Uribe participó en un seminario sobre liderazgo en el teatro Gran Rex, donde anteayer la policía desactivó un artefacto explosivo de escasa potencia. Y durante más de una hora el ex presidente se dedicó a hablar de su propio liderazgo para lograr la "transformación de una nación", título inequívoco de una conferencia en la que no ahorró elogios a su gestión de ocho años al frente de Colombia. El ex mandatario no habló, sin embargo, del explosivo.
Lejos del Uribe arrebatado que incendia las redes sociales en su país, ayer apareció un Uribe sosegado, persuasivo y didáctico. Un Uribe que dejó a un lado sus frecuentes ataques en Twitter contra su antiguo delfín y actual mandatario, Juan Manuel Santos, y se dedicó a explicar a su entregada audiencia las razones por las que cualquier intento de diálogo con las FARC está, a su juicio, abocado al fracaso. Para el ex mandatario, la guerrilla de izquierda nunca estuvo interesada en alcanzar la paz, ni siquiera durante las negociaciones de San Vicente del Caguán (1998-2002): "Los propios mandos de las FARC decían en privado que sólo querían fortalecerse para llevar a cabo su objetivo: la toma violenta del poder". Una guerrilla que, según Uribe, en el año 2000 ya estaba totalmente involucrada con el narcotráfico y que al día de hoy se ha erigido en "el mayor cartel de drogas del mundo".
Convertido en un jefe de la oposición de facto en Colombia, Uribe ha convulsionado el clima político de su país al arremeter contra Santos, al que acusa de haber descuidado su legado de "seguridad democrática" y de estar tramando una negociación con las FARC con la bendición de la Venezuela de Hugo Chávez. "El camino no es la negociación, el camino es la desarticulación [de la guerrilla]", dijo Uribe, para quien el Estado debe demostrar toda su "autoridad con los cabecillas" del grupo armado y ofrecer la reinserción social a los subordinados.
Esa política de "seguridad democrática", que según los detractores de Uribe provocó desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, fue determinante, a juicio del ex presidente, para "estabilizar" el país, al otorgar protección a más de 10.000 dirigentes políticos, sindicales y empresariales. La estrategia logró reducir los altos índices de inseguridad en Colombia, pero al mismo tiempo fue duramente criticada por las organizaciones de izquierda y de derechos humanos por la "impunidad" con la que actuaban las fuerzas de seguridad.
Uno de los casos más sonados fue el conocido como "falsos positivos", la eliminación física de civiles presentados ante la sociedad como guerrilleros caídos en combate.
"Mi gobierno desmanteló el paramilitarismo", clamó Uribe para rechazar las denuncias que lo relacionan con los grupos armados de extrema derecha: "Durante mi gobierno se desmovilizaron 35.000 paramilitares y 18.000 guerrilleros, y se envió a 14 jefes paramilitares a cárceles de Estados Unidos".
No mencionó el ex presidente que su comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo, está involucrado en un caso de falsas desmovilizaciones de miembros de las FARC. Tampoco quiso reconocer responsabilidad alguna en el escándalo del espionaje telefónico realizado por los servicios secretos (el antiguo DAS) contra periodistas y dirigentes políticos de la oposición. "Hubo criminales infiltrados en los cuerpos de seguridad", zanjó.
Una voz contra las expropiaciones
"¿Qué es mejor, que el Estado sea dueño del 100% de una empresa en decadencia o del 85% de una empresa próspera?", se preguntó Alvaro Uribe durante la conferencia que dio ayer en el teatro Gran Rex. El ex presidente colombiano se refería al "exitoso" proceso de apertura de la empresa colombiana Ecopetrol. Sin mencionar a la Argentina, Uribe se pronunció en contra de las expropiaciones y dijo que la seguridad jurídica de un país queda en entredicho cuando "los gobiernos se vuelven hostiles contra los inversores". Y dejó un deseo para el país: "La Argentina tiene que volver a situarse entre las primeras potencias del mundo".
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