
Las "favelas" de La Habana, espejo de uno de los retos del régimen
La mitad de las casas de la isla está deteriorada, según un informe del gobierno
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LA HABANA.- Con el pelo recogido, el paso incierto y la vista desahuciada, Mary, la "Rubia", avanza por las calles de El Fanguito esquivando obstáculos y con dos gaseosas en la bolsa, un par de pesos que se ganó por el recado y una sonrisa que no desaparece de su rostro ni siquiera cuando describe la casucha de tablas y cartones donde sobrevive, en esta "favela" habanera que levanta sus miserias a orillas del río Almendares, en pleno centro de la capital cubana.
Mary no recuerda bien el año en que llegó a El Fanguito, pero de una cosa está segura: "Fue antes de este gobierno", es decir, medio siglo atrás. Ahora tiene 75 años y colecciona enfermedades, pero hubo un tiempo en que era Mary, la "Rubia", joven y bonita. "Tenía tremendo cuerpo, y un pelo por aquí", asegura, coqueta, señalando las caderas.
Eran los tiempos en que dormía en el asiento trasero de un auto abandonado. Los dados del destino nunca rodaron a su favor. Con una pensión de 200 pesos por mes (8 dólares), Mary, en lista de espera para operarse de cataratas, llega a fin de mes gracias a la ayuda de los vecinos. "Lo que me hace falta es que me den algunos materiales para que no me moje cuando me operen; por la frialdad", se lamenta.
Como Mary, muchos pobladores de El Fanguito tienen techo para cobijarse siempre y cuando no llueva, porque las casitas de tablones asimétricos y cartones podridos no aguantan un aguacero. Erigido en una vaguada, el asentamiento parece diseñado para inundarse al mínimo cambio.
La vivienda es uno de los principales problemas con que se enfrenta el régimen cubano desde hace décadas. En muchas casas conviven varias generaciones de una misma familia. El gobierno ha reconocido recientemente insuficiencias en la política de construcción. Además, la mitad de las viviendas de la isla se encuentra en mal estado, según un informe oficial.
Barrio marginal
Considerado un barrio marginal, El Fanguito alberga hoy a unos mil vecinos, aunque el aterrizaje ilegal de nuevos pobladores desequilibra el rigor del censo. Desde 2002, el Comité Internacional para el Desarrollo de los Pueblos, ONG con sede en Italia, trabaja en colaboración con las autoridades locales para mejorar las condiciones de salud ambiental en la zona y mitigar así las frecuentes inundaciones, la proliferación de fosas desbordadas o el vertido de aguas residuales a un río que almacena todo tipo de desechos y productos tóxicos.
Hace unas semanas, la polvorienta plaza del barrio se vistió de fiesta. La Escuela de Cine de San Antonio de los Baños proyectó el documental "El Fanguito", de Jorge Luis Pérez, de 1990. En primera fila, una pila de niños boquiabiertos. Atrás, los adultos, que comentaban cada fotograma, al reconocer a los suyos, por lo que rebobinaban su memoria del subdesarrollo.
Todos coinciden en que el barrio ha mejorado gracias a algunas obras en particular, pero sobre todo por el esfuerzo personal de cada uno, como Ismael, alias "Dundo", que nació en El Fanguito hace 43 años y se hizo su propia casa de mampostería al tiempo que tenía hijos. Pero hay otros para los que El Fanguito sigue igual, como una mujer a la que llaman "China", que malvive en un tabuco lleno de chismes inservibles.
Es la zona donde los vecinos conviven con chanchos, gallos, patos, chivos y otros animalitos de dudosa higiene, donde el olor nauseabundo de las fosas sépticas se hace insoportable. Es la zona donde se apiñan casuchas como la del barbero Ernesto, oriundo del oriente de Cuba, como casi todos en El Fanguito, y uno de los que no se quieren marchar: "El Fanguito y Cuba para mí es la misma cosa; quiero que me den materiales para la casa, pero no quiero irme."
O como la de la taquillera de cine María, que daría cualquier cosa por mudarse a otro lugar: "El personal que había antes era muy violento; después vino la salida del 80 (la crisis de Mariel) y muchos elementos antisociales del barrio se fueron para siempre. Pero todavía hay casas de juego ilegales y droga; la vida aquí no es fácil".
Entre tanto desasosiego, hay voces optimistas que no ven nada malo en vivir en una favela. "Estamos en el centro de la ciudad, a un paso del Vedado y otro de Miramar", dice riéndose Ramón.
Y Horacio, su vecino, lo mira con cara de resignación. En el llavero, guarda una de esas historias que nadie creería por temor a sufrir un ataque de realidad caribeña. Mientras cuenta la historia de la llave que lo empujó a El Fanguito, juguetea con una puerca de buen tamaño que pasará por los fogones el próximo 23 de diciembre, cuando Horacio cumpla 58 años. Porque en El Fanguito, a pesar de todo, también hay un tiempo para la celebración.
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