Las lecciones israelíes sobre cómo vivir bajo riesgo permanente

Tras varios ataques similares al de Niza, el país desarrolló nuevas estrategias de defensa
James Glanz
Isabel Kershner
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20 de julio de 2016  

JERUSALÉN.– Para muchos israelíes, las aterradoras imágenes de un camión que arrasa a la multitud durante casi 20 cuadras en Niza tocó una fibra que les resulta macabramente familiar. “¡Nosotros tuvimos tractores! –dice Ami Zini, un comerciante de 49 años del barrio alemán de Jerusalén–. Los usaban para tumbar los ómnibus con gente.”

Se refiere al ataque perpetrado en 2014 por un residente palestino, que mató a un peatón israelí. Aunque mucho más letal, lo de Niza se parece más al raid asesino de una árabe-israelí que en 2011 barrió con su camión una calle de Tel Aviv por más de 15 cuadras, que dejó un muerto y 17 heridos.

Antes de eso, en 2008, ya había habido una ola de ataques con maquinaria de construcción y vehículos pesados usados como armas. Y desde octubre, según la Agencia de Seguridad Interior de Israel, la Shabat, por lo menos 32 palestinos embistieron con sus vehículos a personas que esperaban en paradas de ómnibus, intersecciones y retenes militares.

Tras el ataque de Niza, el tercer asesinato en masa que se produce en Francia en los últimos 18 meses, el primer ministro Manuel Valls dijo que “Francia tendrá que convivir con el terrorismo”. Y eso es lo que vienen haciendo los israelíes desde hace décadas, desde los secuestros aéreos de los años 70, pasando por los hombres-bomba de la Segunda Intifada que se inició en 2000, hasta los ataques con arma blanca y armas de fuego por parte de “lobos solitarios” de los últimos diez meses.

En Israel, los ciudadanos comunes, las fuerzas de seguridad y los expertos sienten que ya lo han visto todo, y dicen haberse adaptado a un estado de amenaza cambiante y, al mismo tiempo, permanente.

“Hubo épocas en las que si el semáforo se ponía en rojo y nos tocaba parar al lado de un ómnibus, seguíamos de largo –dice Zini, en referencia a los años en que el transporte público era blanco frecuente de las bombas–. El terrorismo nosotros lo vivimos, pero no le tenemos miedo. Es parte de nuestra rutina diaria.”

Esa rutina implica mostrar el contenido de bolsas y carteras y pasar por detectores de metal en estaciones de trenes, de ómnibus, centros comerciales o salas de cine. En el apogeo de los hombres-bomba, los clientes de bares y restaurantes aceptaban pagar un pequeño recargo para contar con un guardia de seguridad en la puerta.

En los últimos meses, en medio de la ola de atentados que sacude a Jerusalén y que algunos palestinos celebraron en las redes sociales, se desplegaron cientos de guardias civiles armados para proteger la red de transporte público de la ciudad. Los guardias se apostan en paradas de ómnibus y barreras de tren, o se suben a los colectivos en medio del camino, y tienen la misma autoridad que la policía para hacer controles y realizar arrestos.

Israel también invirtió muchos recursos en medidas de inteligencia, al actualizar sus tácticas al ritmo de sus enemigos.

Varios estudios psicológicos hechos en Israel revelan que la gente se habitúa rápido a las amenazas, con ajustes en su vida diaria y humor negro para lidiar con un peligro azaroso.

“Si no vuelo por los aires, nos vemos en el Dizengoff Center en unos 45 minutos”, le dijo un colectivero de Tel Aviv a un amigo por teléfono, según una conversación registrada por los psicólogos israelíes que investigaron los efectos de la Segunda Intifada.

Algunos políticos israelíes criticaron una supuesta negligencia europea en temas de seguridad. Tras los ataques de marzo en Bruselas, por ejemplo, el ministro Israel Katz dijo que Bélgica no sería capaz de combatir el terrorismo “mientras siga comiendo chocolate y gozando de la vida, y aparentando ser grandes demócratas liberales”.

Yaakov Perry, ex jefe de la Shabat y actual miembro del Parlamento, señaló que hace falta más vigilancia de inteligencia “en los barrios donde conviven musulmanes, refugiados y seguidores de Daesh”, el acrónimo árabe de Estado Islámico (EI).

Perry también dejó entrever que la policía francesa era complaciente, en referencia a la información que consigna que el atacante de Niza dijo en los controles que en el camión transportaba helados. “Si el conductor dice que lleva helados, hay que abrir el camión y ver si son helados”, remató Perry.

En Israel, para todo evento de gran envergadura, como el Día de la Independencia, que congrega a miles de personas en la costanera de Tel Aviv, las autoridades hacen inteligencia durante varias semanas y levantan un área cerrada de 360 grados, con varias capas de seguridad concéntricas alrededor del perímetro.

Traducción de Jaime Arambide

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