Las malas lecturas que las superpotencias, o sus líderes, hacen de las regiones a las que atacan
Los analistas dicen que Estados Unidos y Rusia proyectaron sobre Irán y Ucrania su propia visión centralizada del mundo. Como resultado, países pequeños terminan entrampando a los países grandes en largas y costosas guerras
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NUEVA YORK.– Tanto el presidente Donald Trump como su contraparte rusa, Vladimir V. Putin, se resisten a aceptar que países ostensiblemente menos poderosos les hayan hecho frente hasta llevarlos a un punto muerto, y ambos mandatarios dependen de las negociaciones para lograr la capitulación que no consiguieron en el campo de batalla.

Irán y Ucrania han rechazado enérgicamente esta idea de que “el derecho nace de la fuerza”, y en los últimos días los altos funcionarios de esos países han adoptado un tono abiertamente más desafiante.
En una carta abierta dirigida Putin este mes, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, criticó al líder ruso por aferrarse al poder a medida que envejece. “No te esperabas de Ucrania una resistencia de esta magnitud, ni previste que las cosas llegarían tan lejos”, escribió Zelensky.
Después de los ataque con misiles de Irán contra Israel de la semana pasada, en represalia por los ataques contra Hezbollah en el Líbano, el presidente del Parlamento y principal negociador de iraní Mohammad Bagher Ghalibaf, amenazó con más ataques. “Hasta que no haya un compromiso sincero para restablecer la confianza, la respuesta de Irán no cambiará”, posteó en X.
Lo que revela esa contumacia de Irán y Ucrania es que ambas guerras están estancadas y que cunde una desconfianza que obstaculiza cualquier avance.

En el caso de Ucrania, las conversaciones de paz se estancaron justo antes del inicio de la guerra en Irán, ya que a cambio de ceder territorio Zelensky exigió garantías de seguridad más sólidas de las que Rusia estaba dispuesta a aceptar. Desde entonces, la diplomacia entre ambos países se ha limitado básicamente al intercambio de prisioneros, y Estados Unidos, que en su momento intentó desempeñar el rol de mediador, pasó a centrar toda su atención en Irán.
Ahora los gobiernos de Washington y Teherán aseguran que el acuerdo de paz estaría cerca. Sin embargo, parece que inicialmente consistirá en un “marco de negociación” que pospondrá los temas más espinosos, como el programa nuclear iraní y el levantamiento de las sanciones económicas que pesan sobre el país. Se espera que ese acuerdo permita por lo menos la reapertura temporal del estrecho de Ormuz a la navegación.
“Ambos conflictos han arrojado un resultado similar: una país débil que deja entrampado en una confrontación costosa a u país más fuerte”, escribió esta semana Fiona Hill, exdirectora de asuntos rusos y europeos en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos durante el primer gobierno de Trump, en un informe para la Brookings Institution. “A Trump le pasó lo mismo que a Putin: no tenía un plan para el día después”.

La raíz del problema es que ambos presidentes desencadenaron guerras teniendo un conocimiento muy estrecho del bando contrario, afirma Hill en una posterior entrevista. “Ambos proyectaron sobre Irán y Ucrania su propia visión centralizadas el rol que ocupan ellos, así que pensaron que si lograban descabezar el sistema, este se derrumbaría”, explica Hill.
Putin, por ejemplo, no anticipó la feroz resistencia ucraniana, y Trump ignoró las advertencias de que Irán podría cerrar el estrecho de Ormuz y pareció subestimar la capacidad iraní para tomar represalias y dañar a los aliados de Estados Unidos en la región. Tampoco el pueblo iraní se alzó contra sus líderes autoritarios, como Israel y Estados Unidos los exhortaron a hacer.
Si bien las campañas de bombardeos de Estados Unidos y Rusia han tenido efectos devastadores en sus respectivos adversarios, los analistas señalan que el poderío aéreo por sí solo no ha resultado decisivo.
“Aunque la agresiva invasión rusa difiere del objetivo de Washington de contener la amenaza expansionista de Irán, tanto a Rusia como a Estados Unidos les cuesta alinear sus objetivos finales con los medios que tienen para alcanzarlos”, escribió en Foreign Affairs James F. Jeffrey, investigador del Washington Institute y exenviado norteamericano para Oriente Medio.
En parte, Ucrania logró detener el avance de las tropas rusas mediante la producción de drones de última generación, transformando así la guerra contemporánea, mientras que Estados Unidos no ha mostrado ningún interés en desplegar tropas dentro de Irán.

La intransigencia ha prolongado ambas guerras. Las exigencias de Estados Unidos y Rusia a la otra parte son numerosas, pero la lista de lo que sus adversarios obtienen a cambio es corta. Especialmente Putin no ha cedido en sus exigencias de máxima, que incluyen la toma de territorios que su ejército no pudo capturar por la fuerza.
Trump, por su parte, revisa una y otra vez los términos ya acordados con los mediadores, generando frustración en los iraníes.
Estados Unidos perjudicó el proceso “con mensajes contradictorios, frecuentes cambios de postura y de exigencias, así como con repetidas violaciones del alto el fuego”, declaró la semana pasada Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, tras la reanudación de los combates.
Los analistas señalan que cada revisión de los términos del eventual acuerdo erosiona un poco más la confianza de Irán en que Trump finalmente lo respetará.
Sin embargo, Trump ha declarado reiteradamente que la solución está a la vuelta de la esquina, como lo hizo el jueves tras cancelar otra ofensiva.

Ninguno de los cambiantes objetivos que predijo al inicio del conflicto —que, según él, se alcanzarían en pocas semanas— se ha materializado.
Lo mismo que le pasa a Putin. El Kremlin invadió Ucrania esperando tomar rápidamente Kiev, instaurar un régimen dócil y ser recibido con los brazos abiertos por el pueblo ucraniano: eso fue hace más de cuatro años.
A pesar de un número estimado de más de 350.000 soldados muertos, Moscú no logró ocupar completamente tres de las cuatro provincias ucranianas que ahora reclama.
La semana pasada, cuando le preguntaron sobre la última iniciativa de paz de Zelensky, Putin declaró que las “operaciones militares” —sigue evitando la palabra guerra— “terminarán cuando alcancemos nuestros objetivos”.
En realidad, tanto Washington como Moscú “cayeron derrotados en la consecución de sus objetivos”, apunta Hill.
Irán está más inclinado que Ucrania a llegar a un acuerdo porque está en una situación económica más precaria y casi no recibe apoyo externo, apunta Vali R. Nasr, profesor de relaciones internacionales en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.
Nasr señala que al mismo tiempo Estados Unidos e Israel fracasaron en sus objetivos estratégicos en dos guerras consecutivas, en junio y febrero. “Por lo tanto, los iraníes quieren que Estados Unidos básicamente se siente a la mesa de negociaciones sabiendo que Irán no está derrotado y que la conquista militar del país no es viable”, apunta Nasr.
Según Nasr, Irán quiere usar el marco en discusión para comprobar si Trump realmente implementará el eventual acuerdo.
“Quieren ver si realmente levantará el bloqueo, quieren ver si puede mantener el alto el fuego en el Líbano y si les entregará parte del dinero que tiene retenido”, dice Nasr. “De ser así, estarían dispuestos a negociar algo más importante”.
En cuando a Ucrania, Rusia quiere que como mínimo se retire del estratégico sector de la provincia de Donetsk del que no ha podido expulsarla y donde en las últimas semanas incluso ha perdido terreno.
En ambas guerras, Trump ha dañado la credibilidad de Estados Unidos, dice Hill. No cumplió su promesa de negociar un acuerdo de paz en Ucrania, debilitando a la OTAN en el proceso, no logró sus principales objetivos en Irán, y tampoco protegió a los aliados del Golfo de las represalias iraníes”.
Traducción de Jaime Arrambide
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