Ni paz ni guerra: el conflicto con Irán deja al mundo en un peligroso limbo
Incluso si los combatientes logran alcanzar esta vez un marco para un acuerdo, esta zona gris podría persistir durante semanas o meses
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Solo en los últimos cinco días, Estados Unidos e Irán intercambiaron ataques con misiles después del derribo de un helicóptero estadounidense; Israel bombardeó el Líbano, lo que provocó represalias de Irán; y los hutíes respaldados por Teherán se sumaron a la respuesta desde Yemen.
Luego, en cuestión de horas el jueves, el presidente Trump canceló otro gran ataque contra Irán y volvió a dejar abierta la posibilidad de un acuerdo de paz, que Teherán minimizó.
En los dos meses transcurridos desde que Estados Unidos e Irán declararon nominalmente un alto el fuego, la línea entre la paz y la guerra quedó prácticamente borrada en todo Medio Oriente, con ataques y contraataques junto a promesas de poner fin a hostilidades que nunca terminan de concretarse. Más que un alto el fuego, es un “fuego menor”, en palabras del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.
Incluso si los combatientes logran alcanzar esta vez un marco para un acuerdo, esta zona gris de “ni guerra ni paz” podría persistir durante semanas o meses, según analistas y diplomáticos. Ni Trump ni Irán parecen dispuestos a hacer concesiones importantes en las negociaciones para una tregua de largo plazo, con muchos detalles espinosos por resolver, entre ellos, y no menor, el futuro del programa nuclear iraní.
Un estancamiento de ese tipo condenaría a Medio Oriente a un purgatorio de violencia esporádica y ansiedad constante. Y obligaría al resto del mundo a enfrentar una nueva realidad económica contundente. Una interrupción prolongada de los envíos de petróleo y gas repercutiría en las cadenas de suministro globales, provocaría escasez de alimentos y elevaría los precios en los surtidores y en los supermercados.
“Hay una buena probabilidad de que el equilibrio actual, o algo parecido, persista”, dijo Caitlin Talmadge, profesora del Instituto Tecnológico de Massachusetts especializada en cuestiones de seguridad del Golfo Pérsico. “No todas las guerras tienen un final limpio”.
Lo que vuelve particularmente desordenada esta guerra es la multiplicidad de combatientes, todos con sus propias agendas, a menudo contradictorias. Trump, que enfrenta elecciones de medio término y vientos políticos adversos en casa, dio señales de estar ansioso por pasar la página. Irán, que sufrió bajas temibles, incluida la muerte de su líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, ve esto como una guerra de supervivencia y difícilmente acepte limitar su programa nuclear a cambio de un respiro de corto plazo. E Israel considera a Irán una amenaza existencial, con sus instalaciones nucleares enterradas bajo escombros pero no eliminadas, y sus aliados reagrupándose en el Líbano, Gaza y Yemen.
Mientras Trump se enfrenta con Irán, lleva adelante una negociación paralela con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, a quien alternativamente le ruega que suspenda ataques en el Líbano o defiende el derecho de Israel a tomar represalias. Netanyahu enfrenta sus propias elecciones, con Irán como un importante asunto pendiente.
“Si se consigue un alto el fuego pero no una paz duradera, habría que vigilar de cerca a Irán”, dijo Charles A. Kupchan, que trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Obama. “También podrían continuar las guerras por delegación vinculadas con Hamas, Hezbollah y los hutíes”, agregó, en referencia a los aliados de Irán en todo Medio Oriente.
Kupchan, ahora profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, comparó el desafío para Estados Unidos e Israel con “cortar el césped”, una expresión que alude a las ofensivas militares que Israel realizaba periódicamente en Gaza para degradar a Hamas antes de que el grupo llevara adelante su ataque del 7 de octubre de 2023.
Una situación así no carece de precedentes en Medio Oriente. Durante varios años antes de la guerra liderada por Estados Unidos en Irak, Washington impuso sanciones y aplicó zonas de exclusión aérea sobre Irak. Las guerras por delegación estallaron y las instalaciones militares estadounidenses fueron atacadas, de manera más dramática en 2000, cuando el U.S.S. Cole fue volado en un atentado suicida perpetrado por terroristas de Al Qaeda en Adén, Yemen.
Lo que diferencia este conflicto de los anteriores es el estrecho de Ormuz. Al cerrarlo, Irán empuñó una nueva forma devastadora de presión, aunque todavía no haya logrado forzar a Trump a alcanzar un acuerdo de paz.
El transporte marítimo comercial sigue en gran medida suspendido. El derribo del helicóptero Apache, del que Estados Unidos responsabilizó a Irán, es un recordatorio de los riesgos de un plan de la Marina estadounidense para ayudar a asegurar el paso de barcos por el estrecho. “Esto es más una medida temporal que una situación duradera”, dijo Martin Kelly, jefe de asesoría de EOS Risk Group, una consultora con sede en Gran Bretaña.
Los precios del petróleo se dispararon el jueves en medio de temores a un regreso a una guerra total, mientras que en Estados Unidos la tasa de inflación superó el 4%.
Las preocupaciones por las consecuencias económicas de la guerra probablemente dominen una reunión de líderes del Grupo de los 7 la próxima semana en Francia. Los líderes europeos propusieron una misión para asegurar el transporte marítimo comercial, pero esta depende de que Trump e Irán acuerden un arreglo de paz más duradero. Irán enfrenta sus propias presiones, con sus exportaciones petroleras en gran medida paralizadas por el bloqueo de represalia de la Marina estadounidense en el estrecho.
“Esta situación de ‘ni guerra ni paz’ no es sostenible”, dijo Vali R. Nasr, experto en Irán de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins. “La economía iraní no puede sostener esto al máximo durante más de cuatro o cinco meses. La economía global no puede sostenerlo durante cuatro o cinco meses más”.
Por esas razones, Nasr dijo que esperaba que cada parte intentara obligar a la otra a recalcular. “Eso es lo que en realidad estamos viendo”, afirmó, al señalar los ataques estadounidenses contra bases de drones iraníes cerca del estrecho, que, según dijo, buscaban romper el control de Teherán sobre la vía marítima.
El estancamiento está creando sus propios hechos sobre el terreno, muchos de ellos peligrosos para Estados Unidos, según analistas. Grandes cantidades de tropas estadounidenses están atadas a la región, lo que reduce su capacidad de ejercer influencia en otros lugares, en particular frente a China. Una escalada importante agotaría aún más las existencias de defensas aéreas y otras armas, que ya están disminuidas.
“Se están reduciendo arsenales y se están desplegando activos, lo que significa que se está afectando la preparación de la fuerza”, dijo Seth G. Jones, presidente del departamento de Defensa y Seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. “Eso crea un riesgo enorme en el Pacífico”.
La guerra también está drenando la capacidad de la Casa Blanca para lidiar con otras crisis. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, que libra una guerra contra Rusia que Trump había prometido detener en 24 horas, dijo recientemente: “Vemos que Estados Unidos está completamente concentrado en la cuestión de Irán”. Instó al presidente ruso, Vladimir V. Putin, en una desafiante carta abierta, a negociar directamente con él. Putin se negó.
Incluso en Medio Oriente, la influencia de Estados Unidos mostró sus límites. Los ataques con misiles y drones de Irán hicieron que sea más peligroso para los militares estadounidenses operar desde sus bases, mientras que la Marina evitó en gran medida enviar buques grandes al Golfo Pérsico, aparentemente por temor a que fueran atacados.
“Hay nuevas realidades militares”, dijo Talmadge, la profesora del M.I.T. “Durante mucho tiempo dimos por sentado que nuestras fuerzas de superficie y nuestras bases tendrían santuario, y no lo tienen”.
Una situación más optimista que el limbo actual, dijeron los analistas, sería un acuerdo de alto el fuego duradero, en el que Estados Unidos e Irán aceptaran reabrir el estrecho de Ormuz y dejaran la espinosa cuestión del programa nuclear iraní para una negociación posterior. Eso podría acallar los ataques con misiles de Irán contra países del Golfo. Pero no está claro que disuada a Israel de atacar a Hezbollah, aliado de Irán en el Líbano, ya que Hezbollah rechazó un alto el fuego e Israel sostiene que necesita defenderse.

“Cuanto más se prolongue esta guerra, más grietas es probable que aparezcan entre Israel y Estados Unidos”, dijo Jones.
Hasta cierto punto, Trump está atrapado en una caja que él mismo construyó. Parece reacio a aceptar un acuerdo con Irán que los críticos más duros del Partido Republicano puedan presentar como una repetición del pacto nuclear de 2015 del presidente Barack Obama con Teherán. “Ningún acuerdo es mejor que un mal acuerdo” es el estribillo de ese sector.
Pero una reanudación de la guerra de alta intensidad profundizaría el caos económico, además de poner en riesgo a las tropas estadounidenses, cinco meses antes de unas elecciones de medio término en las que los republicanos ya enfrentan una cuesta arriba.
“Que esta guerra escale hacia una conflagración mayor justo antes de las elecciones no va a ser políticamente útil para los republicanos”, dijo Talmadge. “Pero el statu quo también es malo”.
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