Las "megabandas", las nuevas dueñas del crimen organizado

Crecieron entre la impunidad y la negligencia, y siembran terror en el país
Crecieron entre la impunidad y la negligencia, y siembran terror en el país
Antonio María Delgado
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26 de julio de 2015  

CARACAS.- Solían ser pequeñas y ya infundían terror. Pero ahora las pandillas de los barrios en Venezuela dieron paso a la aparición de las llamadas "megabandas", peligrosas organizaciones criminales conformadas por 50 integrantes o más que han estado operando con impunidad y ejerciendo control sobre vastos sectores de la población.

El fenómeno, en un país que ya era uno de los más peligrosos del mundo, se está convirtiendo en un dolor de cabeza para el régimen de Nicolás Maduro, que en las últimas semanas se vio obligado a salir a combatir a las incipientes organizaciones, emprendiendo redadas bajo el curioso nombre de Operación Liberación del Pueblo (OLP).

Pero estas megabandas son hijas ilegítimas del régimen, concebidas bajo los efectos de iniciativas gubernamentales insensatas, la corrupción de funcionarios que les suministran armas de guerra y la impunidad que otorga una inexistente política para combatir el crimen, según expertos consultados.

Esa combinación de factores creó el ambiente perfecto para la incubación de este tipo de agrupaciones, dijo Luis Cedeño, director ejecutivo del Observatorio de Delito Organizado en Caracas.

Según el observatorio, actualmente operan por lo menos 12 de estas megabandas en Venezuela, que están involucradas en un amplio abanico de acciones que van desde la extorsión y el secuestro hasta el robo de vehículos y el narcotráfico. "Estas bandas, como la de «El Picure» y la de «El Juvenal», tomaron mucha fuerza en número de integrantes, en materia de logística y en capacidad de fuego", dijo Cedeño.

"Tienen acceso a armas de guerra, Ak-47s, AR15s, granadas fragmentarias, y tienen una cobertura geográfica importante, porque coordinan con pequeñas bandas locales, a las que le ofrecen logística y protección", explicó.

Las megabandas usan ese armamento para no solo emprender sus actividades delictivas, sino también enfrentar a las fuerzas del orden de igual a igual, atacando con granadas y rifles de asalto estaciones de policía en incidentes recientes.

El Picure -organización que lleva el nombre de su fundador, José Tovar Colina, alias "El Picure"- ha estado en los titulares de prensa últimamente tras una serie de enfrentamientos con los organismos de seguridad en las zonas donde opera, principalmente en los estados de Aragua y Guárico.

El Picure comenzó a extender sus tentáculos a Caracas, pero su poder en la capital es muy inferior al que ejerce El Coqui, otra de las bandas que acaparan la atención de los medios por estos días.

Lideraba por Carlos Luis Revete, alias "El Coqui", esta agrupación logró establecer una amplia alianza con otras pandillas para conformar una confederación que controla las actividades delictivas en el sur de la capital.

La mayoría de las megabandas operan en los estados centrales del país y en el corredor nororiental que va desde Caracas hacia Puerto La Cruz. Una de ellas opera en el estado de Zulia y otra en la zona minera del estado de Bolívar.

Que el régimen ahora haya salido a combatirlas no es una casualidad. "El costo político de no reprimir se volvió demasiado alto para el gobierno", dijo Cedeño.

Hay cierto tufillo electoral en las redadas. Los vecinos afectados viven en las zonas populares de alta densidad que tradicionalmente han respaldado al chavismo y el tema había comenzado a verse reflejado en las encuestas de cara a las cruciales elecciones parlamentarias de diciembre.

Pero las relaciones entre el régimen y los pandilleros no siempre fueron hostiles. Entre las principales razones atribuidas al surgimiento de las megabandas están las denominadas "zonas de paz", o territorios libres de presencia policial, constituidos para beneficiar a las pandillas con la esperanza de que dejaran de matarse en enfrentamientos territoriales y que eventualmente depusieran sus armas para incorporarse a la sociedad.

La iniciativa tuvo resultados parciales. Los pandilleros lograron ver las ventajas de hacer las paces, pero terminaron forjando alianzas para seguir delinquiendo.

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